Las ascensiones de los Martínez

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Nesi
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Las ascensiones de los Martínez

Mensaje por Nesi » Dom Ago 15, 2004 4:36 am

Publicado en el día de Hoy en el diario "La Nueva España".

Las ascensiones de los Martínez

José Ignacio GRACIA NORIEGA


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No le faltaba razón a don Pedro Pidal cuando sentía verdadera urgencia por escalar el gran coloso de los Picos de Europa. Al fin consiguió hacerlo el 5 de agosto de 1904. Y una vez en la cumbre, es preciso ir preparándose para el descenso. Don Pedro se despide de aquella altura tan difícilmente conquistada, dejando tras sí unas piedras desmenuzadas por los rayos y dispuestas en forma de pirámide para que quedara constancia de que allí había estado una mano humana, y una botella de vino vacía, con su tarjeta de visita en su interior. «Adiós, Picos de Europa, en cuyo corazón me hallo... Adiós, región eterna de las nieves», exclama don Pedro. El descenso les reserva a él y al Cainejo no menos dificultades que la subida. Llegan a un punto en el que no se puede dar ya un paso, ni hacia delante ni hacia atrás, y el Cainejo murmura: «¡Dios mío, Dios mío!, ¿cómo subí yo hasta aquí?». Mal asunto cuando un hombre tan experimentado como Gregorio Pérez se desorienta y desalienta. Al fin, la cuerda de pita los saca del atolladero, pero tienen que cortarla, dejando un trozo en la peña, «para que lo utilicen otros», piensa don Pedro. A todo esto, aparece la niebla, que los inmoviliza, y a las siete y media empieza a atardecer. Es entonces cuando el Cainejo grita: «¡Don Pedro, ya apareció la llambrialina!». Se había orientado, indica Pidal, por el estiércol de un vencejo de montaña que vio a la subida; y añade: «¡Qué hombre!»

A partir de allí, las cosas son más fáciles. Llegan a la fuente en la que habían desayunado por la mañana y casi la agotan. «La noche cerrada nos cogió en Camburero -escribe don Pedro Pidal-. Nos perdimos de nuevo; dimos voces a los pastores, y tan sólo contestaron las piedras que desprendían los robezos, a los que habíamos despertado. Comprendimos que estábamos aún muy altos y bajamos más y más por entre infames peñascales. Una voz honda y lejana respondió al fin a las nuestras. Los pastores nos habían oído. A las once de la noche entramos por sus cabañas. Era el 5 de agosto de 1904».

El 1 de octubre de 1906, el geólogo alemán Gustav Schulze escala el Naranjo de Bulnes por segunda vez, y por primera vez en solitario. Tanto por su profesión como por el sonido de su apellido se confunde a Schulze con el eminente geólogo Wilhelm Schulz (1800-1877), el autor de la «Descripción geológica de la provincia de Oviedo» (1858), e incluso con Adolf Schulten, arqueólogo e historiador igualmente alemán, autor de «Los cántabros y astures y su guerra con Roma». Estos tres alemanes de apellidos parecidos, Schulten, Schulz, Schulze, se ocuparon de los Picos de Europa por distintos motivos: uno por historiador, otro por geólogo y el tercero, por montañero. Schulz, autor del «Mapa topográfico de Asturias» y del «Mapa geológico de Asturias», recorrió esta provincia con todo detalle, aunque se le reprocha que no haya subido a los pueblos altos de Cabrales para cartografiar los Picos de Europa. A éstos los describe del siguiente modo: «Los asperísimos picachos de Peña Santa y los Urrieles, entre Valdeón y Cabrales, se elevan hasta más de nueve mil pies de altura a menos de seis leguas del mar, llevando hoy el nombre genérico de Picos de Europa en lugar de Mons Vindius, que tenían en los tiempos de la dominación romana».

Gustav Schulze, aunque de origen alemán, había nacido en Méjico en 1881. Viajó a los Picos de Europa para ultimar su tesis de doctorado, y aprovechó para escalar el Naranjo de Bulnes en solitario. Conoció durante esta estancia al conde de Saint-Saud, el cual le presentó a don Pedro Pidal en el curso de una cena que tuvo lugar en la Fonda de Velarde, en Bustio, en julio de 1907. El año anterior, el conde y Schulze no llegaron a coincidir en la vega de Ario por unas horas que se retrasó el conde; pero los pastores le hablaron de él y le dijeron que el joven alemán conocía a Saint-Saud de oídas. Por fin, coinciden en la Fonda de Velarde, el 17 de julio de 1907. Aquel día era fiesta en el pueblo, y Sant-Saud y Schulze estuvieron bailando con las señoritas de Velarde hasta pasadas las doce de la noche. Al día siguiente llega don Pedro Pidal a cenar, con lo que se reúnen ante los manteles de Velarde, establecimiento que ya es señalado por Hans Gadow en 1897 como «la única fonda tolerable en muchos kilómetros a la redonda», tres destacados «piquistas». El conde lo relata en su libro «Por los Picos de Europa»: «Schulze nos contó cómo había subido al Pico. En la cima del Naranjo de Bulnes encontró dos botellas, una con una tarjeta de visita y otra con vino. En la tarjeta, que era la del marqués de Villaviciosa, se leía que el vino era para el primero que consiguiera una nueva escalada. El doctor bebió unos tragos y trasvasó el resto a su cantimplora. El marqués confirmó que él mismo había subido una de las botellas y Gregorio la segunda. Para celebrar su victoria bebieron una y dejaron la otra para su sucesor. Schulze agradeció a don Pedro el vino y, sacando de su cartera la tarjeta de visita, se la devolvió a don Pedro, quien, sorprendido, apenas pudo contener la emoción».

La tercera ascensión al Naranjo, y segunda en solitario, fue la de Víctor Martínez. La cuarta persona que pisó el monte legendario, ya que la primera escalada la hicieron dos, don Pedro y el Cainejo.

Víctor Martínez era otro hombre de las profundidades de los Picos de Europa, como Gregorio Pérez, pero, a diferencia de éste, era más joven y tenía otra mentalidad. El Cainejo opinaba que nada se le había perdido en la cumbre del Naranjo de Bulnes: de no haber sido por el empeño de don Pedro Pidal, jamás hubiera subido a aquellas alturas inexploradas. En cambio, Víctor subió por propia iniciativa, sin que nadie se lo pidiera. Sin duda entendía que, escalando aquel monte, encontraría algo de mucho valor. Para escalarlo, utilizó la senda que habían seguido don Pedro y el Cainejo; a la bajada, encontró el trozo de cuerda que ellos habían cortado y dejado en la peña, y lo recuperó y lo bajó consigo, y se lo fue a llevar a don Pedro, a su residencia de Somió. Don Pedro se emocionó tanto como cuando Schulze le mostró su tarjeta de visita. Le agradeció la devolución de la cuerda con una espléndida propina, y a partir de ese momento comienza la gran relación de don Pedro con los Martínez.

Unos años más tarde, Víctor llevó a su hijo Alfonso a la cumbre del Naranjo de Bulnes, para enseñarle el camino. Alfonso no hizo ningún comentario durante la escalada; una vez arriba, dijo:

-Ya estuve aquí.

Yo le escuché esta historia de sus propios labios. Víctor Martínez se limitó a mirarle, pero no le riñó ni le pegó. Alfonso Martínez acababa de obtener su reválida como montañero. De acuerdo con esta historia, Alfonso fue el tercer escalador en solitario del Naranjo, después de Schulze y de su padre.

En cualquier caso, fue el hombre que más veces subió al Naranjo, más de doscientas veces, sin haber clavado un solo hierro y sin haber tenido el más mínimo accidente, ni él ni sus acompañantes. En cierta ocasión llegó a ser guía de una alta personalidad vaticana, y también acompañó al rey Alfonso XIII en sus cacerías y fue testigo de excepción de la rivalidad entre don Pedro Pidal y el coronel Viana, montero mayor del Rey y hombre, a lo que parece, bastante presuntuoso y que medía mal sus posibilidades como montañero, muy escasas. Alfonso consideraba al Naranjo por encima de todo, y después a otras alturas de los Picos. Los demás montes del mundo, incluidos los del Himalaya, le impresionaban menos. Al final de sus días, convertido en leyenda viva, sordo y asmático, subía hasta Camarmeña para ver con los prismáticos los montes y los rebecos. No aprobaba la masificación turística ni cómo estaban dejando el Naranjo los escaladores. Decía que con tanto hierro como le estaban clavando parecía una ferretería. Alfonso Martínez, el hombre del Naranjo, siempre supo que aquel monte que tanto tiraba de él era un monte sagrado

Invitado

Mensaje por Invitado » Dom Ago 15, 2004 8:40 am

Gracias Nesi por compartir esta historia tan bonita.

Saludos

El Yelmo
Mensajes: 579
Registrado: Dom Abr 06, 2003 10:54 pm
Ubicación: Garajonay La Gomera

Mensaje por El Yelmo » Dom Ago 15, 2004 9:15 am

Anonymous escribió:Gracias Nesi por compartir esta historia tan bonita.

Saludos
El coraje y el esfuerzo son inútiles sin la prudencia!!

garpeich
Mensajes: 61
Registrado: Mié Mar 05, 2003 10:31 am
Ubicación: Arenas de Cabrales

Mensaje por garpeich » Dom Ago 15, 2004 1:42 pm

Y para ello mirar la ropa y el calzado tecnico que utilizaba.............
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Hay que anotar que muchas de las ascensiones las hizo solo y sin cuerda,os imaginais subir por ejemplo la pidal sin cuerda,cualquiera que este fuerte escalando yo creo que lo podria hacer...pero y bajar,para mi hay esta lo peor

Ana Lucía Díaz Campillo
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Mensaje por Ana Lucía Díaz Campillo » Jue Abr 05, 2007 12:05 am

Gracias José Ignacio por tu relato! Mi nombre es Ana Lucia Díaz Campillo. Soy nieta de Ramón Campillo y Argentina Martínez (Hermana de Alfonso, hija de Victor Martínez). Vivimos en México, así que fue un gozo inmenso para mi abuela, que la tengo aqui a lado sentada, ver la caricatura y lo escrito sobre su padre, así como la foto de su hermano.
Seguimos en contacto!
Un abrazo desde esta tierra.

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Juanjo
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Ubicación: yo que se!!!!!

Mensaje por Juanjo » Jue Abr 05, 2007 12:30 am

En este foro de internet es muy frecuente el escribir cosas acerca de "los Martinez".
Saludos desde España.
¿Que va a ser de la población civil alemana? No es mi problema, ellos nos votaron
Goebbels, Abril 1945
http://www.facebook.com/home.php#/profi ... 3&ref=name

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Celtastur
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Mensaje por Celtastur » Jue Abr 05, 2007 12:57 am

:arrow: Don Pedro se despide de aquella altura tan difícilmente conquistada, dejando tras sí ... una botella de vino vacía, con su tarjeta de visita en su interior.

La historia de las botellas a estas alturas parece que queda un poco trasnochada.
Un escritor del prestigio de Gracia Noriega debería fundamentarse mejor antes de escribir algo así, para no seguir perpetuando un falso mito.
O que alguien le avise si no se enteró aún... :roll:
“Vivo igual que escalo una montaña: mi caminar es lento y premeditado, pero firme y decidido”
Ulrich Inderbinen (1900-2004)

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