Casiano Prado el descrubidor

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Nesi
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Casiano Prado el descrubidor

Mensaje por Nesi » Mar Ago 10, 2004 5:32 am

Articulo publicado en el día de hoy en el diario "La Nueva España".


Casiano de Prado, el descubridor


José Ignacio GRACIA NORIEGA

Debemos considerar a Casiano de Prado como el descubridor de los Picos de Europa, aunque Fontán de Negrín se lo niegue, en ejercicio de un «chauvinismo» tan desagradable como «gabacho»: «Los primeros exploradores de los Picos, Schulz en 1878 y Casiano de Prado en 1883, tan sólo dieron en sus escritos informes poco exactos de la región. Es al conde de Saint-Saud y a Paul Labrouche a quienes debemos un estudio profundo y serio de esta cadena: agotaron el tema de un sólo golpe». Reconozcamos los méritos de Saint-Saud y de Labrouche, que son muchos, pero no desdeñemos a Schulz y a Prado. José Antonio Odriozola, saliendo al paso de esta injusticia, después de señalar que Fontán de Negrín confundió en las fechas casi medio siglo, añade: «Los informes del geólogo español podrían ser breves, pero nunca inexactos». Añado, por mi cuenta, que algunos textos de Prado, como el titulado «Valdeón, Caín y la Canal de Trea», son amenos y contienen muchas noticias y opiniones curiosas, referidas no sólo a los Picos: por ejemplo, observa que el vino de la ribera del Duero se parece a los vinos de Francia (Casiano de Prado era un afrancesado) y hasta los aventajaría, si su elaboración fuera más esmerada.

Naturalmente, otros se acercaron a los Picos antes que Prado. Los generales romanos sabían llegar a ellos. Pero a nadie se le ocurría adentrarse en aquel mar de piedra, llamado al otro lado de la cordillera la Peña, e incluso Mala Tierra, porque nada se le había perdido allí. Se sabía que había aldeas y pastores. Los vecinos de Caín iban a Arenas de Cabrales por la garganta del Cares a vender sus quesos, y algún cazador pudo internarse por aquellos vericuetos. Luego, al descubrirse minerales en las montañas, los Picos atrajeron a ingenieros de minas y geólogos, como Casiano de Prado. Pero los excursionistas todavía quedaban lejos. Antes de emprender la ascensión del Naranjo de Bulnes, el «Cainejo» no comprendía el empeño de don Pedro por escalarlo, y alegaba, con razón, que si nadie había subido a su cumbre era porque nada había.

Casiano de Prado es el primero que hace una distinción entre el viajero y el explorador y el turista, refiriéndose a los Picos: acaso sea la primera vez que se define, y con mucha precisión, la palabra «turista» en español. El turista es el que viaja a lugares exóticos o de difícil acceso sin un propósito definido. Anteriormente se había viajado por comercio, por conquista, por motivos religiosos (las peregrinaciones a los grandes santuarios de la cristiandad, que nada tienen que ver con el turismo). Pero el turismo es un invento del siglo XVIII, que viaja por viajar (ciertos ingleses daban el pretexto de ir a curar el «spleen») y que según Nietszche, que los odiaba, no viajan para ver, sino para que los vean. Los primeros turistas, según Prado, fueron dos ingleses (naturalmente), Pocock y Windham, que en el verano de 1741 se internaron en el corazón de los Alpes sólo para contemplar de cerca el imponente espectáculo de las montañas, y llegaron al borde del Mar de Hielo, cerca de Chamonix, causando el asombro de los lugareños, que se maravillaban de que hubiera gente tan alocada que sólo por curiosidad se hubiera tomado tanto trabajo. Por ese motivo, Prado distingue entre los turistas y los geólogos, siendo ambos viajeros de cierto riesgo, «y por lo que toca a los que en sus viajes llevan martillo, diré que todavía en el año 1817 era prudente ocultarlo, y aún así, por poco no pasó una noche en cárcel dura un geólogo novel, que vive para contarlo, como medida de buen gobierno que el alcalde de un pueblo pequeño había creído buenamente exigía de su celo tan notable caso». ¿Era Casiano de Prado aquel geólogo novel, en 1817 de apenas 20 años? Probablemente.

Casiano de Prado nació en Santiago de Compostela en 1797 y en la Universidad de su ciudad natal hizo los estudios de Geología. Seguidamente marchó a Madrid, donde se licenció como ingeniero de minas. En aquel tiempo, los estudios de ingeniería y los de geología eran complementarios. Casiano de Prado, aficionado a las excursiones y a la vida al aire libre, recorrió buena parte de España, organizando por su cuenta expediciones geológicas. Fue, por tanto, lo que él llama, un «viajero de martillo», siempre expuesto a encontrarse con un alcalde suspicaz o con el propio José María el «Tempranillo». Como ingeniero, llegó a dirigir las minas de Almadén. También escribió artículos sobre geología y explotaciones mineras, que fueron traducidos a diversas lenguas, proporcionándole tal prestigio que llegó a pertenecer a academias científicas de Inglaterra y Francia, y a participar en congresos celebrados en Londres y París.

En 1845 Casiano de Prado sube a Peña Coroda y desde su cumbre contempla por primera vez la imponente formación montañosa de los Picos de Europa. Intenta adentrarse en ellos en 1851, pero la tentativa fracasa a causa del mal tiempo. Al fin, lo consigue el 28 de julio de 1853, en compañía de los geólogos franceses Verneuil y Lorière, y el 12 de agosto de 1856 corona la torre del Llambrión, en compañía de su ayudante, el ingeniero Joaquín Buguerín. Desde esta altura pudo determinar las alturas de las principales cimas del macizo central.

En consecuencia, la subida a Torre Salinas es la primera escalada a una cumbre de los Picos de Europa de que se tiene noticia cierta. El motivo de esta escalada no fue deportivo, sino científico, ya que Prado y sus acompañantes se proponían determinar las alturas máximas del macizo. Para ello disponían de tres barómetros, uno de los cuales era histórico, pues lo había empleado el geólogo M. Raulin para hacer mediciones en la isla de Candia y en otros lugares de la Europa oriental. No obstante, fue éste el único que pudieron utilizar, ya que los otros dos se desgraciaron durante la escalada.

Prado se reunió con Verneuil y Lorière en Riaño, y desde allí entraron a caballo, armados de barómetros, brújulas y martillos, en el valle alto de la Reina, o Tierras de la Reina (ya que lo fueron de doña Constanza, reina germánica, viuda de Fernando IV el Emplazado), siguiendo el curso del río Esla, aunque en dirección contraria al río. Al internarse en estas imponentes montañas, de piedras verdosas, tenían la impresión de estar descubriendo un nuevo mundo, ya que «mientras en otras naciones difícilmente se podrá señalar una sola comarca que no haya sido visitada o explorada con diferentes objetos, hay todavía muchas en nuestra Península donde ningún hombre consagrado a las ciencias o ningún curioso ha penetrado todavía, y de este número es aquella en que se hallan los picos llamados de Europa, los más altos de nuestro territorio después de Sierra Nevada y los Pirineos de Aragón, nombre que se les dio por ser los primeros que los navegantes descubren, viniendo por la parte del Norte a tomar tierra en Asturias, Santander o Vizcaya».

Los viajeros hicieron noche en Portilla de la Reina, y allí contrataron un guía, que resultó ser una calamidad. Preguntándole por los nombres de las alturas que iban sobrepasando, el guía sólo acertaba a decir que se encontraban en las Peñas de Liordes. Llegaron por fin a una zona de nieves, en la que midieron 2.500 metros sobre el nivel del mar. Al descenso, Prado anota que «el bajar rara vez es tan penoso como el subir», y después de hacer noche en Portilla, al día siguiente resolvieron ir a Caín, atravesando el puerto de Pan de Trabe; al cabo de andar una legua en cuesta, alcanzaron Santa Marina, el primer pueblo de Valdeón, y siguiendo el curso del río Cares, que nace en sus inmediaciones, llegaron a Caín, «que puede compararse a un redil», y que tenía por entonces veinte vecinos dedicados a la ganadería. Se decía de ellos que no mueren, sino que se despeñan. Visitan el pozo de los Lobos y comen borona, porque en Valdeón ya se cultiva el maíz, «lo mismo que en toda la vertiente septentrional de la cordillera Cantábrica»

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Cantero
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Mensaje por Cantero » Mar Ago 10, 2004 9:43 am

Me ha encantado el artículo.
Este personaje me fascina, ya que vivio una época en la que los espiritus inquietos como los de él tenian todavía terrenos bastos por explorar.

En la Novela "El Jarama" de Rafael Sánchez Ferlosio (Premio Nadal 1955), se incluye una descripción del Río Jarama sacada de su libro "Descripción física y geológica de la provincia de Madrid"(1864), una verdadera delicia de relato. (recomiendo las dos).

Por cierto, cuando tenia 20 años subí con un par de amigos a la torre Casiano de Prado, fijaros el descontrol que teniamos, ¡queriamos subir al Llambrión! desde Collado Jermoso, pero en vez de ir a Tiro Callejo (no conociamos casi nada de Picos), nos fuimos metiendo a la derecha siguiendo unas marcas amarillas y acabamos en su cumbre, luego en casa mire en el mapa a donde diablos nos habiamos subido. Como eramos novatos en Picos nos acojonamos un poco, ya que tiene un paso en panza bastante aéreo, pero nada al final subimos, la bajada solo tiene de complicado ese mismo paso, no se en el libro de adrados dice que no es complicada, por lo que ahora pienso que nos impresiono más la altura que la dificultad real de la ruta (Cuando bajamos teniamos la sensación de haber subido al k2) o que nos enriscamos por otro camino a la cumbre, ahora me han entrado las ganas de repetir la ascensión para ver si despues de todos estos años he progresado algo.

Os pongo un enlace a un documento en PDF para el que quiera saber un poco más sobre la vida de este Gallego ilustre (aunque tuviera que salir pitando de Galicia por problemillas)
http://www.mma.es/publicacion/ambienta/ ... rzo_04.pdf
Le ponemos rostro al personaje
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