Por laderas escondidas

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Ramón Sordo Sotres
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Por laderas escondidas

Mensaje por Ramón Sordo Sotres » Mar May 13, 2008 2:53 pm

Hace años, para participar en un premio literario de montaña escribí este artículo, que fue publicado en el periódico de Oviedo [Uviéu] La Nueva España el día 30 de julio de 1993, página 24:

POR LADERAS ESCONDIDAS

Es vieja creencia entre muchos montañeros que la máxima expresión del triunfo en su deporte radica en la coronación de una cima, cuanto más alta y destacada mejor. Sin embargo, esta estimación olvida lo que es la montaña en su conjunto.

En efecto, colma tanto el espíritu montañero alcanzar lo más alto de un pico importante como traspasar una jorcada, recorrer un hermoso valle o asender por una recóndita canal. Empericotados en los orgullosos vértices de los más enriscados cordales o en las plácidas cumbres de los montes costeros disfrutamos de amplias panorámicas y parece, una vez llegados a ellos, que la imposibilidad de continuar ganando metros representa la culminación del esfuerzo y el logro del objetivo. Pero también es verdad que por acostumbrar a ser fáciles de descubrir la vía de aproximación y la del remonte final, el placer de la aventura suele hallarse ausente en la coronación de muchísimas cimas.

La máxima belleza paisajística del norte de España descansa en la suma de escarpados parajes que desde los bordes de las mesetas y desde las vertiginosas cumbres del macizo central de los Picos d'Europa vierten al Ríu de Cares. Dureyu, el escabroso beyu de Bulnes; Montellué, la planada suspendida sobre el río aún lejano; Cuesta Duxa, la imponente y bella panda inclinada a través de cuya parte baja discurre el antiguo camino entre Caín y Bulnes; la enorme Canal del Agua, que muere en la Parada Noriega, sita a escasa distancia del Jou los Cabrones y que siempre me llamó la atención por tratarse de un topónimo cuyo final, Noriega, coincide con mi cuarto apellido; la apabullante soledad de Joyu Grande y de Dobresengros; el Sedu Mabro, la vereda bellamente labrada por los antiguos vecinos de Caín; la todavía más absoluta ausencia de gente no pastora en Padrún; el hermoso hayedo llamado el Monte l'Asotín, que atravesé por primera vez a los 14 años...

Estos sitios e infinidad de otros rincones forman un complicado entramado de canales, pasos, bosquetes, precipicios y otros muchos accidentes geográficos cuyo recorrido nos produce la áspera sensación de un aislamiento feliz a corta distancia del barullo indescriptible que invade hoy día la senda moderna del Cares.

Pero entre toda la belleza que encierran estos lugares, destacaré, por constituir la forma más perfecta de los Picos d'Europa, sólo comparable a las tajadas llambrias de el Picu Urriellu, la Canal de Sabugu, una pendiente herbosa de inclinación y anchura uniformes que nace en la orilla misma del Ríu de Cares y que se eleva, formando una gigantesca y rectísima línea y superando 1.095 metros de altitud en un kilómetro seiscientos veinte metros de longitud, hasta topar con el canto de la meseta de Amuesa.

Supe de estos lugares gracias a los que mejor los conocen, a pastores de Bulnes, Caín y Cordiñanes con los que muchas veces camino cuando se afanan en buscar sus ganados. De este modo es como, por ejemplo, me enseñaron los pasos de el Jorcáu Turoneru de Arriba y el de Lo Barrenáu la Tranvia, que son los claves para recorrer la vieja senda que unía Caín con Bulnes.

Pero por otras veredas anduve por primera vez en solitario, aliado con la aventura. Así fue como, tras más de una hora de exploraciones y habiendo partido de las Vegas de Sotres a eso de las 5,30 de la madrugada, di con el Canalón de Dobresengros, el pasillo por donde se acercan a Caín los caminantes que vienen de Joyu Grandi.

El peligro, ante el que debemos estar vigilantes, es que urbanicen estos privilegiados parajes, que espeten en ellos un teleférico o unas señalizaciones que transformen lo natural, lo puro, lo antiguo, en una horterada.

PIstas no creo que las abran por aquí, debido a lo enhiesto del terreno, pero sí son posibles, y hemos de luchar contra ellos, unos teleféricos repletos de enzapatados o unas pintadas que priven a los que lo deseen de descubrir por sí solos los caminos.

Y es que, como escribió Marguerite Yourcenar, "no hay nada frágil que la armonía de los lugares bellos".

Beyu: Zona de pastos vecina de un río.
Canal: Concavidad empinada mucho más alta que ancha. Su estrechura es casi uniforme.
Empericotados: Subidos a un lugar.
Jorcada: Paso enmarcado a los lados por paredes naturales y que separa dos vertientes.
Llambrias: Rocas inclinadas y con pocos agarres.
Planada: Paraje liso y pendiente.

Ramón Sordo Sotres

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