El Chozu de Vicente

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A Díezriol
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El Chozu de Vicente

Mensaje por A Díezriol » Sab Sep 02, 2006 3:14 pm

El "CHOZU" DE VICENTE
Siempre he sido supersticioso. El día que emprendimos la marcha al Pico de Curavacas, me acordé de las leyendas de su pozo, que brama en las noches de tormenta. Recordé los libros leídos que escribió Díaz Caneja sobre las leyendas de las cumbres palentinas, y en aquel momento el monte tenía para mí una especie de maleficio.
Llegamos a Hoya Cotinua fatigadísimos. Acampamos en el Pozo del Ves. Buscamos un prado bastante horizontal y en un santiamén, plantamos las tiendas que habían de albergarnos durante dos noches. Una niebla espesísima nos impedía ver más allá de las narices del compañero. Antes de acampar, se acercó a nosotros un pastor con un mastín del tamaño de un oso y la cabeza como un ternero. El pastor lanzó el ¡ Yuju!— grito peculiar de nuestra montaña. Anochecía ya, cuando otro camarada y yo le dijimos que queríamos ver al Sr. Vicente
—En un par de zancadas _nos respondió— les llevo yo al «Chozu» que está allá, tras las calizas.
Llamó al perro, y nos pusimos en marcha. El par de zancadas, resultó ser de media hora de camino, y encima tuvimos que apresurar el paso para seguirle.
Llegamos con la lengua fuera a una roca de unos seis metros de altura. El pastor se paró y mirándonos, dijo:
—Aquí es.
Pero por más que miramos no vimos, chozo por ninguna parte.
De pronto, en el silencio surgió el ladrido de unos perros y una voz que llamaba a los mastines, pues corrían hacia nosotros.
El pastor lanzó el ¡Yuju!, al que contestó un hombre que no vimos, por la espesa niebla.
Nos acercamos más a la roca y vimos a un hombre que nos saludó con un "buenas noches nos dé Dios"; y dirigiéndose al pastor, dijo:
—¿Qué te trae por este "pago"?
—Aquí vengo con estos señores a ver a Vicente.
—Pasen Vdes. y esperen, que está atropando el ganado.
Callaron y nosotros empezamos a curiosear todo cuanto podíamos ver.
El "Chozu", era una roca enorme, en forma de nicho. La mano del hombre había arreglada aquella obra de la naturaleza para servir de habitación.
Parecía una cueva de esas que los papás hacen en los Belenes para allí colocar al pastorcito de arcilla.
Una hoguera que apenas iluminaba los rostros servía para
que en una sartén churriasen un par de torreznos, que esparcían su tufillo peculiar.
Al lado de la sartén, un pucherillo de barro con alubias. Al fondo, un gran camastro hecho con tablas, y por colchón unos haces de heno. Colgados de una cuerda un par de camisas y unos calcetines gordos de lana negra. En diferentes salientes de la roca, a modo de estantería, unas cazuelas de barro, un zurrón de lana de merina y un cuerno grande que usan los pastores para beber leche.
Todos callábamos, cada cual sumido en sus reflexiones. Mi compañero y yo nos mirábamos de vez en cuando, como diciéndonos si era posible que todo lo que veíamos existiese.
El único ruido perceptible era
el sonar de los cencerros y el agua de una pequeña cascada que cantaba al lado de las rocas.
Sin darnos cuenta apareció Vicente.
Imagen
Era un tipo de verdad raro. Se tocaba con un sombrero que es muy posible que tuviese cincuenta años por lo mugriento. Vestía una especie de buzo, que se ceñía con un cinto anchísimo, y calzaba unas coricias que nosotros llamamos chátaras. La cara y las manos más secas que el abadejo, y la piel tenía un color rojizo.
Nos saludó y se sentó al calor de la hoguera. Y empezamos una charla (que no pasó de monosílabos y palabras cortas por parte del Sr. Vicente) preguntándole una serie de cosas, que al saberlas nos asombraron.
El "Chozu" —nos dijo— lo arregló su abuelo, siguió en él su padre apacentando los rebaños, y Vicente llegó a él a los nueve años, cuando su padre creyó que era oportuno abandonar el valle. Y desde los nueve años, Vicente ha visto caer las primeras nieves sobre las rocas sombrías del Curavacas, ha visto desfilar las merinas hasta la meseta, ha visto zozobrar la barca que en un asno llevaron hasta el pozo para navegar por él. Ha visto cómo sus aguas negras se tragaron un excursionista.
Vicente al contarnos todo esto, mira fijamente las brasas que ya apenas dan llama. Su rostro tiene un resplandor rojizo como el de los duendes de los barrancos y las cortadas. Vicente es la montaña.
Nunca dejará este puerto. El, está tranquilo al lado del pozo, aunque sabe que brama, que se encrespa y que ruge, aunque él sabe que muchos no lo creen. Pero Vicente lleva 46 años en, el "Chozu" y conoce la manera de ser de la "peña", porque la "peña" le ha comunicado sus secretos. El pozo le respeta y a él, a Vicente no le brama.
Vicente nos mira como extraños que turbamos la paz y el silencio de las cumbres. Vicente es como una roca y le molesta que hollemos con nuestra claveteada bota la montaña que a él solo le pertenece. Porque las rocas sólo quieren ser pisadas por la pezuña del ágil rebeco, o por las garras del águila, que apenas las posa para remontar el vuelo.
Vicente calla, porque —cosa rara en él— hoy se expansionó demasiado. Retira la sartén del fuego, y vuelca el puchero sobre una pequeña fuente. Saca un pan negro y duro que parte con un cuchillo; y empieza a cenar sus alubias, sirviéndose de una cuchara de palo.
Nosotros nos levantamos; nos despedimos con un "que descansen" y marchamos subiendo el repecho hasta nuestro campamento.
Durante el camino ninguno de los dos hablamos. Pienso tan sólo en Vicente. Un ejemplar raro en los tiempos que vivimos.
Vicente en su "Chozu", soltero, solitario y amigo del Cura-vacas, es como una réplica en nuestro siglo. Es una réplica eterna, porque Vicente no muere. No puede morir porque entonces dejaría de existir lo naturalmente bello, primitivo y salvaje.
Aquella noche, yo no dormí.

9 DE FEBRERO DE 1954
Mario Herreros Arconada. (Unidad de Montañeros)

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antonio:
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Mensaje por antonio: » Dom Sep 03, 2006 7:42 am

Todos necesitamos un chozu para vivir y para sobrevivir... pero no creo que sea tan importante la dotación tecnológica del chozu, como el calor humano que se siente dentro o el aire "salvaje" que se respira afuera. En ese sentido me gusta el relato.

Y además, me gusta la forma en que ha llegado hasta aquí, gracias a "la fuerza de este otro chozu virtual". Gracias a eso me congratulo día a día con las "nuevas tecnologías", pues ya veo que pueden abrir sus puertas para que entre el calor de "lo viejo".

Un saludo caluroso, Alejandro
Los Picos de Europa son una desviación anarquista del sistema hegeliano: en ellos lo inverosímil se hace realidad y la realidad se hace inverosímil.

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A Díezriol
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Mensaje por A Díezriol » Dom Sep 03, 2006 8:26 am

Gracias Antonio.
Me gustaría que mi presencia fuera constante, pero se me están complicando mucho las cosas.

El relato pertenece a mi amigo recuperado. En aquellos años publicó dos. Y este es histórico y ocurrió un año antes. Curiosamente revela, el compañero soy yo, que su sensibilidad era mayor que la mía. Yo estaba demasiado preocupado por nuestra primera ascensión a Curavacas, un terrreno que desconocíamos y con una niebla intensísima.
Quizás estuviera también más preocupado por la vuelta hacia nuestro lugar de acampada, trescientos metros más arriba. Y desde luego que fue casi un milagro que no durmieramos aquella noche al raso o al abrigo de una peña. En eso, mi instinto montañés de generaciones nos lo evitó, aunque las complicaciones orográficas no son ni una leve parte de lo que es Picos.

Al dia siguiente de todos los que lo intentaron, unos pocos alcanzamos la cumbre, a pesar de la niebla y el desconocimiento del terreno, que las parcas palabras del Tío Vicente, no aclararon nada.

Un personaje singular, que el relato adorna sin duda, por ejemplo, he conocido más tarde a un hijo suyo.

Pero para mí lo importante es poder poner ese relato de un amigo perdido durante 50 años. Y este foro me le ha devuelto. Con una trayectoria increible. Aprendiz en aquellas fechas, tornero después, que saltó a Cataluña en el 58, un mes más tarde de mi boda y venida a Cervera. Que cuando le he recuperado, jubilados ambos, pero él con dos carreras, Catedrático emérito de la Universidad Autonoma de Barcelona, eso sí catalán ya por la familia, mujer e hijos.

Saludos a todos los que visitan este rincón, mejor dicho a todos los que leen el foro en general.

Pedro Yubero
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Mensaje por Pedro Yubero » Mar Sep 05, 2006 9:56 am

Este relato me ha fascinado.

En realidad Alejandro, y no solo el relato, es el que me tiene fascinado desde que le leo aquí en el foro.

Me siento muy afortunado de poder ser testigo de momentos de tu vida.

Menos mal que entraste al foro!
A vosotros lugares encantados, yo os pido.. ..ser fiel conmigo mismo,permanecer erguido aunque esté muerto,decir la verdad aunque me duela,nunca dejar de proclamar lo cierto.Fundirme con las rocas,la niebla,la nieve,los árboles y también el viento. A.D.R.

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trasgugrao
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Mensaje por trasgugrao » Mar Sep 05, 2006 11:04 am

A mi tambien me ha gustado mucho Alejandro.

No dudes en "colgar" relatos como este cuando los tengas en tus manos y te venga bien hacerlo.

Y animo, tus apariciones, aunque sean ultimamente con cuentagotas, sabes que son muy bien recibidas... :wink:

Saludos..
TRASGUGRAO: loc. m. Ast. DÍCESE DEL ENTE O INDIVIDUO MOSCÓN QUE DEFIENDE LAS FRONTERAS DEL TERRITORIO ASTUR ALLENDE LOS MARES....

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Eneas.
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Mensaje por Eneas. » Mar Sep 05, 2006 6:50 pm

Mucho antes de lograr subir al Curavacas por primera vez (junio de 2005), mi idea era subir por la cara norte después de recorrer el Valle de Pineda y hacer noche a la altura del, como dice el mapa de la Montaña Palentina del IGN, Chozo del Tio Vicente, a los pies del Pozo Curavacas. Después de leer este evocador relato ha vuelto a mi memoria esta idea que espero poder cumplir pronto.

En esta primera vez que digo, subimos desde el Collado del Ves, pasando por Hoya Contina (Continua dice el mapa como ya hemos hablado alguna vez) recorriendo todo el cresterio hasta la cima del Curavacas ¿Cómo llegasteís a Hoya Contina?

En el relato se habla de los dos pero se dice que montasteís las tiendas dando a entender que eraís un grupo, como así dices tú después. Me imagino que el resto de la gente se quedó en el campamento mientras vosotros bajábais a buscar información. Entonces sería normal encontrar a un pastor por allí a esas horas. Supongo que la época del año en la que está ambientado el relato sería el verano. Y que Vicente estaría en su chozo sólo durante el buen tiempo (de esos cuarenta y seis años).

Algunas palabras curiosas: atropando (referido a animales), churriasen (bonita onomatopeya), coricias y chátaras (que me imagino serían alpargatas).

Ni que decir tiene que me ha gustado mucho este relato. Para los que quieran leer el otro relato de este amigo reencontrado (increible historia la de este reencuentro) pueden visitar esta página:

http://miarroba.com/foros/ver.php?foroi ... id=5610379

Saludos, Alejandro, y a ver si se van solucionando esas complicaciones que tienes y te vemos más a menudo por aquí (yo desde luego no me pierdo ninguna de tus intervenciones, aunque no replique).

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A Díezriol
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Mensaje por A Díezriol » Sab Sep 09, 2006 4:33 pm

Pues sí, no quiero dar la taba, pero cuando “curraba” no hacía más que suspirar por los fines de semana. De jubilado me daba igual, incluso un fin de semana no me producía satisfacción andar por el monte; cazadores, “monchis”... Pero las vueltas que da la vida, ahora dispongo de un tiempo limitado los sábados por la tarde y domingos por la mañana.

Así que creo que me será imposible de momento leer todo lo que se pone. Y como tengo eso de avisar en los “posts” que concurro…

Gracias a los cuatro, Antonio, Pedro, Trasgugrao y Eneas por vuestras palabras de aliento. Sois sin conoceros personalmente, como de la familia, de la que te echa un cable cuando lo necesitas.

Me gustaría seguir día a día vuestras intervenciones, me gustaría saber mucho de las fuentes y el trabajo de Antonio y poder aportar algo, de las importantes ascensiones de Pedro y Eneas, ambos ya, llenos de buenas ambiciones. Eneas el “novato” de hace un año, que lleva un ritmo imparable. Del humor regocijante de Trasgugrao…

Termino completando ese Chozu, a ver si me “refugio” algo. De resultas del relato, el tío Vicente:
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Se convirtió en una figura para nosotros. Él era el PROPIETARIO de todo el entorno, es decir del “puertu” de Curavacas, entre el Hospital y el Ves. Me figuro que su padre o abuelo lo había comprado hacia mediados del XIX, cuando la desamortización de Madoz. El caso es que con sus vacas y supongo con la de otros de Liébana, subía (toda su vida) en la segunda quincena de Junio al puertu cuando quedaba libre de nieve para esas fechas hasta la altura del Pozo, ahora seguro que antes. (Mí última visita ha debido ser a principios del XXI, con la imprescindible ayuda de otro enamorado de las flores en la segunda quincena y la nieve escaseaba incluso en la Hoya Superior), hasta Octubre o antes.

El “chozu” ya desmantelado es más o menos esto.
Una roca morrénica puntiaguda, se aprecia algo del hueco.
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Los hijo/hijos vendieron esa propiedad a la Sociedad Lebaniega de Pastos, la que ostenta la mayoría de los terrenos del Valle de Pineda.

Recordando aquellos tiempos, Eneas, detallista siempre. Son los de un 1er Campamento de Montaña en Agudín, junto a una fuente fría y abundante que hay en ese lugar, totalmente virgen en aquel tiempo, cuando la carretera de Cardaño de Arriba era todavía semiproyecto. Un campamento de lo más original, jefe, administrador y médico, monitor y ocho “curritos” levantiscos, liderados por Mario y yo mismo. 12 indocumentados sin mapas ni nada.

La primera intentona a Espigüete fue un fracaso, ya lo he comentado en la monofotografía de Espigüete. El “jefe” no nos dejó llevar ni siquiera una cuerda. La “bobada” a la vuelta de hacer creer al médico que habíamos tenido un accidente, éste, vallisoletano, se mosqueó un rato largo. Al día siguiente, El “jefe”, prohibió cualquier subida a una montaña por pequeña que fuera y se dedicó a torturarnos, una vez más, con el Contrato Social de Rousseau, menos mal, que al fresco, debajo del puente de Agudín, sobre unas rocas pulidas por el agua. Por la mañana, el monitor nos metió en la cueva de Agudín y por la tarde nos hizo subir unas "rocucas" de nada, para compensarnos.

Aquella misma noche los cabecillas, llenaron sus mochilas secundados por el resto de “curritos” y echaron a andar hacia Velilla o Guardo (supongo) conjuntamente con el médico. El Jefe corrió tras nosotros y suplicó hasta la extenuación que volviéramos. Y volvimos, con dos condiciones.1ª.- Que subiríamos a Espigüete y Curavacas. 2ª, Que el monitor, compañero mío en Gredos, santanderino (que a nuestro juicio era el que “malmetía”), se fuera también a su casa. Bueno el médico nos abandonó.

Y así fue. Al día siguiente subimos a Espigüete por la cresta y Grao ¿Rado? Valera, santanderino (aquí hay una equivocación en el libro o en estos recuerdos, santanderino seguro), abandonó el campamento aquella noche.

El puente de Cardaño de Arriba. La foto no es mía.
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Y al siguiente emprendimos la marcha a Curavacas con un error. Nos asomamos al valle de Fuentes Carrionas por el Alto de Calderón y viendo a Curavacas donde estaba, bajamos por toda la cresta hasta el Cdº de Ves. El jefe” vuelve a dudar de nuestra capacidad y Mario y yo hacemos exploraciones, mientras el resto descansa, hasta dar con el maravilloso lugar de las lagunas del Ves donde acampamos. Esto da la razón a Eneas.
El jefe y los ocho curritos acampamos allí, luego subió la niebla y nos dejó a oscuras además de hacerse de noche.

Seguro que nuestro trajinar atrajo al pastor. No sabía nada de nuestras preguntas, pero el pastor sí creía en el Tio Vicente que vivía en la Peña. Y allá fuimos Mario y yo. Además de Vicente, había otro en el chozu y a los dos les pareció difícil la subida sin conocer “la Peña”

Lo otro también está contado. A la mañana siguiente, el “jefe”no nos daba permiso para ir, niebla, peligros, poca confianza… nuevamente Mario y yo, ascendimos al Cdº de Hoya Contina y comprobamos que en el sur de la montaña había sol. El “jefe a regañadientes, (él se quedó en el campamento con algún otro), nos dio dos horas de plazo para subir a Curavacas. Corriendo, siempre que el terreno lo permitía, los “curritos” subimos por el Cdo de Hoya Contina y la cresta de O a E., donde la niebla rompía a veces, No recuerdo bien cuantos, pero el recorrido fue brutal y parte se fue quedando por el camino. Además después de coronar una cumbre, se rasgó la niebla y enfrente había otra más alta y a la desesperada la alcanzamos algunos. (23-07-1953)

Tampoco recuerdo si cumplimos el plazo, Pero sí (de forma neblinosa) que con dos cuerdas (creo que las que había), los tres rebeldes (que haríamos la primera invernal de Curavacas dos años más tarde, del 3º, “Pajarillo” haré una reseña cualquier día) a hurtadillas nos dirigimos a una Aguja sin nombre que hay en la norte de Hoya Contina y la escalamos. Más que nada para obligar a mis compañeros que no habían hecho en su vida un rappel de 30 m, experimentar ese placer de vencer la gravedad sin mucho riesgo. Esa noche dormimos satisfechos.

A la mañana siguiente acatamos la orden de volver, un poco a regañadientes (queríamos hacer Peña Prieta, pero no había entrado en el convenio) y volvimos de nuevo al campamento de Agudín.
Campamento, la foto no es mía.
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La verdad es que 10 días de julio, (16-26) se pasan deprisa y nosotros ya no pedimos más, porque nuestro tiempo se había acabado.

Saludos.

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