... Y JOSE LUIS: AVENTURA INVERNAL Y SOLIDARIA EN PEÑA VIEJA

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Sisifo
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... Y JOSE LUIS: AVENTURA INVERNAL Y SOLIDARIA EN PEÑA VIEJA

Mensajepor Sisifo » Jue Dic 25, 2003 10:37 pm

Amigos foreros, este es el relato de lo que vivimos José Luis Herranz y Antonio Sísifo el domingo, 21, durante la "escapadilla navideña" que conocisteis días antes en el foro. Esperamos que en su día podamos colgaros algunas imágenes. Ahora no disponemos de ellas por no llevar cámara digital

Domingo, 21 de diciembre. 10 h. Mesón Vicente Campo de Espinama. El calor del saludo entre dos amigos del foro les hace olvidar el ambiente gélido que les aguarda afuera. La fría soledad de las calles del pueblo la transforman en placidez los finos copos de nieve. José Luis viene de Madrid, Antonio Sísifo, de Santander. Desde el último encuentro forero de Soto, han esperado su aventura montañera con ilusión e impaciencia, así que ningún tiempo es malo para ellos. El buen tiempo lo ponen sus deseos de sentirse engullidos por unos Picos majestuosamente vestidos de invierno.

Estación superior de El Cable, 10.45 h. Los dos montañeros confunden a la ventisca con las sirenas, ceden a la tentación y enfilan sus pasos por el camino hacia los Horcados Rojos. Sobre la nieve dura, sus cuerpos pueden avanzar con facilidad. Al poco, cuatro figuras que descubren caminando por delante, bajo los faldones de Peña Olvidada, rompen la complaciente soledad que disfrutaban.

A medio camino de Horcados Rojos, sobre el Jou sin Tierra. Un momento de dudas sobre qué cumbre acometer es aprovechado para sacar las primeras fotos. La escasa duración del día nos hace decidirnos por la vía invernal hacia Peña Vieja. Se trata de un pedrero que las nieves han convertido en una inclinada rampa de blanco inmaculado. La canal nos enfila en una endiablada línea recta hacia el collado de La Canalona. Nos preparamos para lo que nos espera desde allí hasta la cumbre: una leve capa de nieve reciente y blanda sobre una capa de nieve asentada y helada. Sin perder la ilusión, sentimos la llamada de la prudencia. Crampones y piolets se convierten ahora en la herramienta de seguridad imprescindible.

Vía invernal de Peña Vieja. La primera parte de la dura ascensión es un canalizo estrecho que desemboca en una pequeña cornisa. Aún ignoramos que más tarde nos servirá como improvisado helipuerto. Unas leves huellas del día anterior nos acompañan a ratos en la subida. De éstas sí conocemos su origen gracias a un grupo que nos habíamos encontrado en su regreso. Son de dos guardias civiles que en la tarde anterior volvían de un intento frustrado de contacto con dos escaladores. Estos habían pasado la noche en la pared del Espolón de los Franceses con menos ropa de la esperada por la pérdida de una mochila. Transmitido su percance al 112, los guardias de Potes habían realizado una primera aproximación para conocer su estado. La imaginación se nos escalofría al pensar en la noche siberiana que habrán debido de pasar.

Metidos en lo nuestro, los piolets y los crampones nos hacen sentirnos como mutantes de ardilla. Mediante relevos y breves descansos vamos progresando con facilidad. La rapidez de la subida nos eleva, si cabe, más el ánimo. La segunda parte de la canal es una rampa ancha, de inclinación casi continua y sin tregua alguna. En su tramo final, el grupo de cuatro se nos une de sopetón procedente de la vía normal de La Canalona (que discurre bajo la Aguja Bustamante). Se trata de tres chicos y una chica jóvenes llegados de Cataluña y Palencia. Ya juntos salimos al collado tras superar la rampa final completamente helada.

Cumbre de Peña Vieja. 14. 30 h. Decidimos dejar las mochilas al pie de la pala final de la Peña para no cargar peso inútilmente. Los jóvenes deciden imitarnos y quedan atrás desprendiéndose de sus bártulos. Abriendo huella por delante, llegamos a la cumbre sin problemas tras superar las rampas completamente heladas. El frío es intenso y la ventisca azota a fortísimas ráfagas que hacen peligroso el asome a la arista. En la cumbre, decidimos esperar al grupo de cuatro e intercambiar unas fotos del gozoso momento. La niebla que oculta el fondo de los valles se rompe en fugaces instantes de sol que apenas dan ni tiempo a ser captados. Los seis juntos iniciamos un rápido descenso donde coinciden la soltura de los más diestros con las precauciones de los menos.

Rampa base de Peña Vieja. ¡HORROR! Dos chicos del grupo de cuatro se han parado a hacer una foto en la antesala del rellano entre Peña Vieja y La Canalona. Uno de ellos pierde pie, se aferra instintivamente al otro y ambos se deslizan a espantosa velocidad sobre la rampa helada. Uno se detiene unas decenas de metros más adelante, pero el otro se pierde entre la niebla. El corazón de todos entra en tremendo sobresalto. José Luis es el primero del grupo y echa a correr como si volara sobre el hielo. El otro compañero del grupo de cuatro le sigue. Atrás, aún sobre la rampa helada, Antonio siente el shock de la chica y la tranquiliza con la seguridad de que se habrá detenido sobre el fondo plano de la hoyada. Con la respiración contenida, los segundos de tensión e incertidumbre en los que un cuerpo amenaza con estrellarse en una roca, parecen una eternidad. Tras un tumbo acrobático, por fin se detiene. Por suerte, sus cuerpos descontrolados han trazado una trayectoria salvadora por entre las rocas dispersas en el jou.

En su desenfrenado e involuntario descenso, los accidentados han perdido sus piolets. Esto nos hace pensar que la dragonera que impide su pérdida en caso de volteo no estaba colocada en la posición de seguridad. En condiciones normales, ambos podrían haberse detenido con absoluta seguridad en menos de ocho o diez metros. En un momento del frenético descenso, los crampones de ambos clavan fatalmente contra el áspero elemento, lo que les eleva por los aires para producirles posteriomente un fuerte impacto. El precio perverso lo pagarán sobre todo sus tobillos.

Una vez agrupados, se comprueba con alivio que ninguno tiene daños graves. Sin embargo, uno de los accidentados descubre un tobillo seriamente lastimado, con síntomas de rotura u otro daño importante. Él otro presenta golpes leves en esa misma parte y otras del cuerpo. En un principio pensamos que el susto es el mayor de los daños, pero, rápidamente, en nuestro interior algo nos dice que las cosas se van a complicar, y mucho.

Con firme voluntad, el primero anda por su pie hasta el collado de La Canalona. Pero esa voluntad en seguida se revela ingenua frente a lo imposible. José Luis y Sísifo, lanzándose una mirada de confraternidad, deciden no separarse del grupo hasta llevar al accidentado a lugar seguro.

Collado de La Canalona. En otra buena jugada del destino, primero aparece un guardia civil del GREIM de Potes y luego otro. Podría parecer que era un accidente maliciosamente previsto, pero ¡no! ..…; es la avanzadilla del grupo que vuelve a intentar el contacto con los escaladores del Espolón. Por desgracia, no tienen noticias de ellos. Respecto de “nuestro” accidentado principal, la situación provoca el rápido consenso: se hace necesario habilitar mediante cuerda el descenso del herido a lo largo de toda la canal. El rescate queda a cargo de las cinco personas hábiles que formamos los dos grupos, entre los cuales aparecen el material suficiente (que lleva el grupo accidentado) y la experiencia (que acumula uno de nosotros). Por su parte, el segundo guardia civil se compromete a enviar una camilla y dar aviso al helicóptero de rescate. Como resulta lógico dadas las circunstancias, da preferencia al caso del Espolón por la gravedad que va adquiriendo con el paso de las horas.

Descenso del herido por la vía invernal.- La inclinación constante de la canal hace más factible esta vía para el descenso del herido. El miembro sano del grupo de jóvenes y José Luis cargan con el peso del rescate. El primero le mantiene asegurado mientras va soltando cuerda. José Luis arrastra con cuidado al herido, separándolo de las paredes y resaltes que aparecen bajo el collado y consiguiendo amortiguar en lo posible al lesionado. No obstante, la víctima va dando muestras cada vez más agudas de dolor y de ansiedad. A pesar de que se le protege con ropa de gore-tex, el frío va haciendo mella sin piedad en él.

El otro miembro varón del grupo empieza a dar síntomas de lesión física y psicológica, por lo que decidirá adelantarse en busca de la camilla. Sísifo hace importantes tareas de apoyo psicológico para reducir la tensión de la chica y toma algún relevo en la tarea de arrastrar al herido. El tiempo transcurre a indeseable velocidad, mientras el acecho de la noche y la intensidad del frío arremeten sobre el herido. El poco tiempo que nos queda nos empieza a preocupar. Entre todos procuramos mantener la tranquilidad y la confianza. Actuando con camaradería, apenas nos cuesta conseguirlo.

17.30. Rescate del helicóptero.- Después de siete u ocho interminables largos de cuerda, nos encontramos sobre la cornisa que da acceso al último y estrecho tramo de canal. Es el más pindio de todos, pero también el más corto y factible para descolgar con rapidez a un herido. Justo entonces aparece en la lontananza el helicóptero de Sabero. La suerte nos vuelve a acompañar. Nos descubre en el lugar del descenso donde su aproximación es más factible, aunque no exenta de riesgo. Tirando de la experiencia, José Luis se da cuenta inmediatamente de la situación y ordena al equipo que se retiren de la zona para que se haga posible la “posada” del aparato. De este modo, permite que sólo la víctima quede en el lugar, lógicamente tendida en el suelo y cubierta para evitar las proyecciones, a una distancia lo más prudencial posible. Una vez hecho esto, señaliza el lugar y, con los brazos elevados al cielo, transmite la señal inequívoca al responsable de la nave de que es necesaria una evacuación aérea.

El aparato se aproxima hacia nosotros a gran velocidad debido a la falta de luz. Tras una vuelta rápida de reconocimiento para evaluar la situación y las posibilidades de aterrizaje, se acerca a la repisa. El giro violento de las aspas provoca una ventisca que amenaza con arrancar a Sísifo de la pared de la canal, cuyo descenso había comenzado momentos antes de su acercamiento. La maniobra resulta espectacular. El helicóptero acerca sus patines hasta casi posarse sobre la cornisa. Cuando se halla a unos palmos del suelo, dos guardias saltan del aparato y se hacen cargo con encomiable profesionalidad de las labores de entablillamiento y carga del herido. Seguidamente, el helicóptero marcha para dar tiempo y reducir los riesgos que entraña el estar en equilibrio y con personal de tierra trabajando bajo sus aspas. En cuatro o cinco minutos vuelve al lugar, y los guardias, con impresionante eficacia, llevan a cabo la izada del herido al interior del aparato. Con muy poco margen de luz, y debido a que en el valle, y especialmente en Potes, se encuentra bajo una espesa niebla que imposibilita toda operación de vuelo, los guardias hablan de llevárselo a Riaño.

Por debajo de la repisa, Sísifo siente de cerca el peligro de la maniobra cuando esquiva una piedra de grandes dimensiones que pasa por su lado como un proyectil. A poca distancia, protegido entre las rocas, pero con una panorámica envidiable para Fellini, José Luis dispara sin tregua su cámara. Son tales los nervios por pensar en que puede perder las fotos, que a duras penas puede programar la máquina mientras maniobra el aparato. Al final de ese momento emocionante, hay tiempo para que José Luis transmita a Guillermo, el herido, la confianza en que "algún día volveríamos a vernos en algún lugar y en otras condiciones más favorables". Al mismo tiempo, manifiesta en nombre de los dos el orgullo que ha significado colaborar en su evacuación. Con un pulgar tembloroso hacia arriba y un puño cerrado, el evacuado expresa emocionado su agradecimiento.

Resuelto el embarque, el piloto levanta el vuelo mientras José Luis, satisfecho por haberle tirado un carrete, le hace una señal de que todo está correcto. El pajarraco mecánico enfila hacia Verónica y vuelve a toda velocidad para Lloroza hasta desaparecer en los horizontes de Dios con un lesionado mucho más seguro y calmado psicológicamente.

18.30. Horcadina de Covarrobres.- El otro compañero accidentado y uno de los guardias civiles que encontramos en La Canalona nos esperan. Con actitud hosca, el responsable del Teleférico no ha querido retrasar el último viaje del día a pesar de la petición de la Guardia Civil. Ante ese hecho, Quico, el segundo accidentado no acepta la “invitación” de bajarle a él y decide esperar a los compañeros. Con la noche cayendo rápida sobre nosotros, echamos a andar hacia el hotel de Áliva, donde el guardia tiene su coche dispuesto para un equipo que desciende ya casi rendido. Pasada la excitación, empiezan a aparecer los dolores musculares cuando aún queda un buen rato por delante. Pronto, la noche se hace cerrada y la ventisca de nieve arrecia. Los tres jóvenes caminan con síntomas de fatiga y cierta tensión por el desconocimiento del terreno y no haberse enterado bien del plan de regreso. Sin embargo, nos ayuda la luz de sus frontales. Al observar los dolores crecientes en el tobillo afectado que retrasan su caminar, la chica mantiene un interés constante por el estado del accidentado que aguardaba en Covarrobres y le da ánimos constantes. El guardia se separa de nosotros para ir hacia la luz de un compañero. Siguen pendientes de los escaladores y sin noticias de ellos, lo que nos induce a pensar en malos augurios. Por fin, la llegada al hotel alivia a todo el grupo. Pero el alivio es total cuando aparece Fran, el guardia civil, y antes de abrirnos su coche nos informa de la aparición por su propio pie de los escaladores.

Apretados ahora en el terrano, la alegría del feliz desenlace es la emoción que domina ahora nuestras conversaciones. Hay un gran entusiasmo en todo el personal por la doble buena noticia.

19.30. Fuente Dé.- El beso emotivo de Inés, la chica del grupo accidentado, es el mejor agradecimiento para nuestro esfuerzo. Los otros compañeros se despiden con un apretón de manos y nos agradecen que hayamos optado por ayudarles en lugar de darles la espantada. Nosotros nos sentimos bien de verdad. Es una bonita sensación que cada uno se lleva para siempre consigo. La nieve nos sienta como una agradecida caricia cuando nos despedimos de los tres jóvenes en Fuente Dé.

20 h. Hostal Restaurante Vicente Campo.- Los dos montañeros han tenido varios motivos para soldar su amistad. Con la escucha atenta de las hospitalarias mujeres del hostal, ambos exteriorizan la satisfacción de haber vivido el contraste entre el rostro duro y feliz de la montaña, pero sobre todo de poder celebrar en buena compañía el triunfo del segundo. Por un lado, está su respetuosa “victoria” sobre las rampas cuasi heladas. Pero otro, y eso es lo más importante, está el triunfo de la solidaridad en medio del peligro.

Tras una ducha en la que el agua fría se obstina por no abandonarnos, el cocido lebaniego, la ensalada de espaguetis y el filete de ternera (más la amabilidad de las posaderas) nos reponen de las (des)venturas vividas en la Peña.

Sisifo
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Mensajepor Sisifo » Jue Dic 25, 2003 10:49 pm

Para los colegas cántabros que estuvimos en las jornadas de montaña de Torrelavega, os diré que el Fran del relato es el mismo que nos contó las expediciones al Everest y Cho Oyu. Entonces me pareció un buen tipo, muy humano. En esta ocasión nos lo pareció mucho más.
Saludos.

Pedro Yubero
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Mensajepor Pedro Yubero » Jue Dic 25, 2003 10:51 pm

De esas que no olvidareis, verdad?

Nos vendría muy bien a todos que nos comentarais, segun vuestro juicio y como testigos de todo, los posibles errores cometidos que influyeron en este accidente.

Sisifo
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Mensajepor Sisifo » Jue Dic 25, 2003 11:00 pm

Joewr, pedro, "disparas" rápido :wink:
Ya habrás visto en el relato que el experto de ese tema es José Luis. Yo tuve la suerte de acompañarle y aprender de él. Como trabaja mañana supongo que se habrá desconectado. Pero seguro que en cuanto pueda te dará más detalles.
No obstante, es evidente que un primer error fue perder la concentración por culpa de la foto. Luego vienen los detalles técnicos a que me refiero.
Gracias por tu atención e interés.

Pedro Yubero
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Mensajepor Pedro Yubero » Jue Dic 25, 2003 11:02 pm

Es que me he visto en una similar, y sé de buena tinta cómo lo pasasteis. El lesionado está mal, pero los que toman las riendas del asunto y toman las decisiones en esos momentos, a veces están peor.

enhorabuena a los 2 por el buen juicio.

pucavi
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Mensajepor pucavi » Jue Dic 25, 2003 11:10 pm

Otra vez se demuestra que los Picos de Europa son más peligrosos de lo que muchos se piensan, y otra vez se demuestra que hay que tener mucho cuidado en la montaña y estar siempre con los cinco sentidos, además de tener unos minimos conocimientos para andar por montaña en invierno y con nieve. Yo no me considero un experto, al contrario, tengo mucho que aprender y sigo aprendiendo de otros compañeros con los que voy a la montaña, pero hay algunos aspectos que hay que dominar y que son básicos: la dragonera siempre hay que llevarla bien puesta y no coger el piolet sin la dragonera, una vez que te caes por una pendiente lo primero que hay que hacer (aparte de intentar pararte) es subir los pies para que estos no tengan contacto con el terreno mientras te deslizas, ya que puede suceder que salgas volteado, como parece ser que le ha ocurrido a este montañero.....No obstante seguro que para la próxima tomarán más precauciones...lo de las fotos no es la primera vez que ocurren accidentes por pararse a tomar fotos y perder la vista del suelo.
Por lo demás enhorabuena por la colaboración afortunada en el rescate. La narración pone los pelos de punta. Los montañeros otra cosa no, pero debemos por obligación de ser solidarios entre nosotros.

Llorentini
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Mensajepor Llorentini » Vie Dic 26, 2003 9:09 am

Yo que soy un novato en esto de la Montaña, y "Virgen" en la montaña en invierno me he quedado alucinado con el relato. Es como en una película... No creo que yo hubiera podido actuar con esa frialdad y saber estar... Felicidades a todos.

Yo tube una experiencia este verano con un rescate de la Guarcia Civil con Elicoptero, pero no tuvimos que hacer nada más que esperar que llegara el Elicoptero y hacer unas fotos.... (Por cierto un OLE también a los de la Guardia Civil)

Felicidades otra vez y espero que si algun día tengo un problema en la montaña paseis cerca :wink: .

Salu2.
Antonio Llorente.
Mostoles (Madrid).
Muros de Nalon (Asturias).


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