como el del invierno
que invadió la primavera
cerrando el paso al sol radiante
que agita los deseos
y la sangre altera.
Como entes de un mundo caducifolio, la primavera producía en nuestro cuerpo brotes de alborozo, pero los persistentes meteoros invernales nos los marchitaban una y otra vez. Sin embargo, no hay por qué enfadarse con un invierno tan largo, pues bien podría haber sido una artimaña suya para provocar una explosión de luz y de color. Gracias a la nieve y el agua caídas a raudales, pocas veces como este año podremos ver los valles tan llenos de vitalidad, con un verde tan brillante y tan intenso. En paralelo, la sucesión de días oscuros mirando la lluvia tras las cortinas, no podía conducir a otra cosa que a una explosión de las ansias contenidas de retozar entre árboles y flores radiantes. Así le ha pasado a Yerai, pues nadie mejor que los niños y los jóvenes recrea el espíritu de la primavera.
Mirando tras sus cortinas celestes en los días grises del invierno, Yerai había visto un gran dragón que recorre los valles de Liébana. Sobre todo, le habían llamado mucho la atención los lomos gigantes que enseña a su paso por la cuenca baja del Río frío, en un flanco del Valle de Cereceda. Yerai había leído en un cuento oriental que el final de la primavera es el año del dragón y quería celebrarlo jugando con él; estaba ansioso por convertirse en caballero cabalgando sobre sus lomos.

Su padre llamó a dos amigos para dar gusto a los deseos de Yerai y allí fuimos, hasta ese hermosísimo rincón de Liébana enmarcado por las peñas que forman los segmentos del dragón y entre las cuales se forman llamativas hoces y desfiladeros.
Aparcamos en Bárago y nos fuimos directos hacia las Peñas; tan directos que obviamos la trazada de las pistas para enfilar fincas arriba y dar con un bucólico camino entre sombra de melojos.

El camino nos fue conduciendo hasta una primera peña que apareció de pronto, encuadrada en un marco de hojarasca como aparecen las damas tentadoras. Por su forma de aparecer y por el aspecto altivo de su lomo, estaba claro que se estaba ofreciendo para ser la primera cabalgadura de Yerai.


Le echamos un vistazo por su flanco sur, pero decidimos subirla por el lado más directo, fiándonos más de la roca, aunque fuera más vertical, que de la hierba. Algunos pasitos podrían estar en torno al III+, pero en roca firme y con buenos agarres y apoyos.



Unos minutos de aérea trepada y….
Ya estamos arriba contigo, Yerai; sintiendo la vitalidad de la primavera en un lomo innominado de tu dragón. Como no sabemos cómo se llama esta parte de su cuerpo, si es que acaso tuviera nombre, le llamaremos tu Peña Secreta. Es probable que, salvo algún pájaro que abandonó aquí una nuez, a esta peña no suba nadie.

El mapa nos dice que estamos en la Peña del Castro, sobre el collado del Castro, pero lo que vemos alrededor nos dice otra cosa, que la Peña del Castro está ahora bajo el dedo de Blas. Yerai: disfruta un rato y fíjate qué pinta tan impresionante tiene ese otro lomo al que subiremos después. Mete miedo, pero no es para tanto

Habíamos subido un cordino por si las moscas, pero decidimos bajar a pelo tirando de estrategia de equipo.
Desde el colladín, cruzamos una pista que se dirige a Peña Giniesta (para otro día) y remontamos la cuesta hasta el Collado del Castro, donde damos vista a la Peña de Diego o Jorá

Rober decide quedarse descansando a la sombra de un haya, mientras Blas y yo subimos a lo alto por la ruta de la cueva ya ilustrada en este foro: http://www.foropicos.net/viewtopic ... 17&t=27125 Arriba, las cabras nos miran expectantes y confiamos en que nos dejen sitio.

Pasamos por la cueva que sirve de referencia y trepamos los cuatro metros de murete para salir a una corta panda vigilada por un haya.

Así llegamos a lo alto de la Peña del Castro, para dejar a Yerai en el segundo lomo de su dragón.

Mientras Blas se ensimisma con el paisaje, las cabras optan por retirarse discretamente hacia el extremo oeste de la cresta.


Siempre juntos, Yerai, cabalgando a lomos de los sueños para gozar del espectáculo que traen las primaveras.


El murete, que habíamos subido por una zona más pulida y protegida, lo destrepamos ahora por el sitio de paso de las cabras, con un poco más de apoyo pero más expuesto.

El paso del murete se encuentra en lo alto de una chimenea-diedro por donde podría hacerse una subida más directa, pero más difícil. Una vez abajo, las cabras nos indican perfectamente otra zona de posible subida-bajada: una vira herbosa que cruza en diagonal el flanco sur.

Nos juntamos con Rober y cruzamos sobre el barranco del arroyo de la Sierra, por un bonito camino que atraviesa el bosque. Al cruzar el arroyo aprovechamos para refrescarnos y dejar el vino a la fresca, pensando que es un buen sitio para regresar a comer. Después nos queda una nueva subida hasta el collado de La Raya, donde lindan los terrenos de Bárago con los de Caloca.

Desde la Raya afrontamos la tercera subida del día, hasta el lomo más alto del dragón, la llamada Peña de Diego o Jorá. Rober decide acompañarnos en una sencilla y entretenida trepada que nos lleva hasta una especie de antecima y luego a la boca de un embudo que termina en el abismo.


Desde la boca del embudo hay que hacer un breve flanqueo, expuesto, pero sencillo, para salir a cresta. Luego otra breve trepadilla, otra antecima y ya estamos en el punto más elevado.
Desde el punto más alto se puede bajar a una cómoda repisa verde. La repisa es un mirador espléndido para ensimismarse con el cuerpo soberbio del dragón. Aquí se entiende perfectamente el deseo de Yerai y se capta su sabia intención.


Siempre juntos, Yerai,
¡cabalguemos!
sobre este sabio dragón
que surca la tierra,
para sembrarla con los brotes
de cariño
que traes del cielo
y prenden en primavera.
Posdata:
Al hablar de nuestra ruta con un paisano de Bárago, nos dijo que la primera peña que habíamos subido era la Peña Cadovo. Pero después de algunas comprobaciones creo que nos entendió mal. Debió de ser porque al principio pensó que veníamos de Cucayo y la Peña Cadovo está en el camino de las Ánimas, que une Cucayo con Bárago. La Peña Cadovo parece ser la misma que la Peña de las Ánimas y por ahí no pasamos. Por lo tanto, no sabemos cómo se llama la primera peña, si es que se llama de algún modo.
Para volver del Collado de La Raya a Bárago bajamos hasta el río Entreovejas, para enlazar con el camino de Las Retuertas y salir por el breve desfiladero que forma este arroyo antes de tributar al Río Frío.
Aquí tenéis una visión panorámica de la ruta:


Y, aunque yo no sea joven, con lo que me queda del espíritu de la primavera os mando
SALUD!...os




























