En las Ordenanzas para el aprovechamiento de los pastos de Cangas de Onís, de 1 de agosto de 1945, se cita a la cueva de Felipe (así se escribe, como es obvio, pero los lugareños dicen Jelipe porque transforman en "j" la "f", razón por la que dicen también Bujerrera y no Buferrera) como uno de los puntos de marcan la línea de pastos o puertos bajos, de la que no pueden pasar los ganados hasta el 25 de abril de cada año.
Siempre creí que la cueva tomaría su nombre de algún antiquísimo pastor así llamado. Pero no es así. Los últimos ocupantes de la oquedad fueron comuñeros de D. Valeriano, recaudador de contribuciones, que vivió en Ribadesella antre los siglos XIX y XX. Sus ascendientes recibieron de uno de los reyes llamados Felipe (no se sabel cuál) el privilegio de la propiedad o aprovechamiento de esa zona, que tenía mucho valor para el mantenimiento del ganado caprino. La cueva empezó a ser llamada "del rey Felipe" y terminó con "Felipe".
De los pastores que se recuerdan, el más antiguo fue Manuel Rodríguez, llamado "el Cabrerín de Jelipe", de Celango, que en 1912 apareció despeñado en Las Angarillas, lugar cercano al río Dobra. Se sospecha que lo mataron para robarle los quesos y el ganado. En 1914 ocuparon la cueva los hermanos Cándido y Antonio Fernández Sánchez, de Carbes, hasta 1930; en este año fueron sustituidos por Víctor Llanes González, de Sames, que murió en la guerra civil. Y el último fue Avelinón, Avelino Blanco Narciandi, de Següenco, famosísimo pastor que por el verano vivía en la cueva del Jayáu, cerca de Ordiales, y por el invierno en esta cueva. Pocas veces bajaba a Següenco. Su curiosísima historia la tengo narrada en Pastores y Majadas del Cornión.
Al conocer todos estos datos históricos, tuve gran interés en conocer esta cueva, que sabía estaba metida en uno de los lugares intrincados de la terrible garganta del Dobra. Todos los pastores a quien pregunté primeramente sabían de su existencia, pero, cuando les pedía que me llevaran o que me indicaran el paso, todos reconocían que nunca habían ido. Por fin localicé a Enri, de Vis, que durante un tiempo llevó sus cabras por estos lugares (él fue quien me enseño el asombroso camino que cruza toda la garganta por esta vertiente y me dio todos los nombres de las dos laderas). Antes de que tuviera ocasión de pedirle que me acompañara, el Parque Nacional, cuyos guardas tampoco conocían este sitio, encomendó a dos (Paco y Pincho) que averiguaran su situación. Así lo hicieron con un veteranísimo pastor de Següenco. Y el 30 de noviembre de 2002 nos llevaron a Guillermo y a mí. Desde entonces he vuelto cinco veces (una de ellas con Enri).
Ayer, Guillermo, su hija Lucía, Chus* y yo volvimos. Os ofrezco ahora el siguiente reportaje:

Muy de mañana emprendimos la marcha por El Pasero. Vista de Ñajuentes. Al fondo, Següenco:

Pasamos por Viscalluenga:

Nos desviamos a Cubermeyo. Dos fotos de esta majada:

Bajamos a Joudiós en dirección a Los Llanos del Conquín:

Vista de Les Vallines desde Los Llanos:

Por aquí hay que bajar:

Pues no lo pensemos:

Por detrás viene Chus*, que se había retrasado haciendo fotos:

Enfrente y arriba a la derecha, la desaparecida majada de Bescoba:

Vamos hacia el Sedo Lobo:

Ya estamos en él:

Otra del Sedo:

Termina el Sedo:

¡Atención¡ ¡Peligro!:

Ya se ve el río Dobra. Se trata de La Hoya de Jelipe. Allí cerca están Las Angarillas; y los árboles del fondo de la garganta, al lado izquierdo, son los primeros del Monte La Rubia:

Comienza la acongojante pared de La Estaquera:

Estamos en La Estaquera. La vista de mis pies prueban la verticalidad:

Vista del conjunto de La Estaquera:

La misma foto, con la ruta:

Hay que bajar por La Llerona:

Y seguir bajando hasta ese morro, al que hay que rodear por la izquierda. Debajo está la cueva:

Llegamos a la Cueva Jelipe:

Nos adentramos:

Chus* con el arrudo que servía de escalera para entrar en la oquedad en la que se curaban los quesos:

Desde dentro:

Vista de Sojelipe:

El Pozo del Argao Lloraña y la garganta hacia Panales. Por enfrente iba el viejo camino que unía Panales con Pandarguanzo:

Después de tanto bajar, ahora tenemos que subir todo el Canalón de Jelipe:

¡Adelante! ¡Con decisión!:

Hay que vencer algún zócalo:

Y algún pedrero:

Vista del Canalón desde arriba. Abajo vemos el morro que esconde la cueva:

Ahora nos enfrentamos con la inclinada pendiente del Burdio Las Entradas:

Otra del Burdio:

De repente una pared nos cierra el paso. ¿por dónde salimos? No hay más salida que ésta:

Todavía hay que continuar subiendo, agarrados a las hierbas para no caer:

Por fin emergemos, más que salimos, de un agujero, luchando con la vegetación y las zarzas:

Queda el último Sedo:

Que tiene algún pasín:

La Sierra de Amieva nos ha venido contemplando y pensando ¡Qué cabras más raras!:

Salimos por la Canal de Las Entradas (contradicción):

Aunque tenemos que girar para la izquierda, nos desviamos en sentido contrario para contemplar la gran Canal de Orbiandi, colgada sobre el Monta La Rubia y sobre el lugar conocido como Puente El Infierno. Esta canal tuvo dos majadas: Orbiando de Arriba y Orbiandi de Abajo. Vemos la de Abajo:

Al regreso pasamos por Busnuevo:

Saludamos desde arriba a la Canal de Joudiós, por donde dimos comienzo a la aventura:

Y volvimos por otro camino para entrar en una cuevina que está cerca del sendero, pero que pasa desapercibida:

¿Más cuevas? ¿Qué tiene ésta de interesante? Pues nada menos que en su fondo existe un manantial que embalsa agua potable, lo que es de mucho interés para el caminante por el verano:

Finalmente, la casa familiar de Avelino, último pastor de la Cueva Jelipe, en Següenco:
Me salió el reportaje demasiado largo

¡Perdón!
Quedamos a la espera del de Chus*, que lo pondrá dentro de unos días. Servirá para compensar este rollo.
Dentro de poco anunciaremos la subida de Amuesa por Dureyo y Castiello.
Saludos.