En Vega de Cien dilucidamos que será el Subes.
Estamos atentos para coger la pista que va hacia Casielles por la Foz de los Andamios, que es por ahí donde nos dijeron que era la subida hacia ese “picu”.
Aparcamos el coche al lado del puente que cruza el río Cándano y... sorpresa, hay dos caminos. ¿Cuál será? el de la diestra o el de la zurda.
El sendero de la derecha:
Sendero de la izquierda:
Unos lugareños nos comentan que si nunca habíamos subido a ese monte, el mejor camino era el de la izquierda.
Pues por el de la izquierda nos metemos.
Por este sendero empinado, que no nos da descanso, El Yorgosu que así se llama, ganamos altura rapidamente, a nuestra izquierda vemos El Derrabao.
Voy con mi amigo Roberto que es un gran psicólogo del monte. Lee el terreno con gran intuición encontrando el sendero cuando desaparece entre las cotollas y los helechos.
Por el valle del Yorgosu en un bosque de hayas:
Llegamos al monte Lorellal, que tras él nos situamos en el collado Torbeñu.
La peña Ñorín en primer término:
Nos reponemos un momento de la subida y continuamos nuestro camino hasta lo alto del collado entre “las cotollas y terreno blando”.
Sen de los Mulos a la izquierda y el Subes a la derecha:
Collau Torbeñu, Peña Ñorín, La Plana y El Cantu cabroneru:
Por la cuesta de Ceñal ascendemos el último tramo del Pico Subes. La gente de estos lugares lo conocen como Peña Turbeño o Peña Pedrosu. El nombre Subes parece ser que es extraño por las gentes de aquí.
El Peña Subes y al fondo, Sen de los Mulos:
La cumbre. Una cruz y una placa conmemoran el recuerdo del montañero del grupo Las Xanas de Trubia que falleció en accidente en este lugar.
La gran mole del Niajo:
Casielles, La Roble (El Carriá) y los montes de Amieva: Aboguero y Canellín:
Collau Zorru, Recuencu, Pileñes y Peña Ten:
Por supuesto El Tiatordos:
Volvemos a bajar al Collau Torbeñu donde comemos algo para reponer fuerzas.
Nuestro objetivo ahora es encontrar el pueblo abandonado de Tolivia. Para ello descendemos por el valle de Torbeñu y Les Cruces.
El Niajo siempre omnipresente:
Bajando hacia Tolivia.
Cuando llegamos a Tolivia, quedamos sobrecogidos por el enorme poder de destrucción que tiene la naturaleza. El pueblo a sido devorado por la salvaje espesura. Roberto y yo, estamos impresionados.
Este hórreo de dos aguas únicos en Ponga es la construcción que mejor se conserva:
La iglesia de Tolivia con su campanario está totalmente desolada:
La iglesia por un lateral:
Impresionados seguimos nuestro camino, por el sendero pedregoso nos dirigimos hasta la horcada de una alargada peña.
Al atravesar la horcada, bien visible de la peña, vemos la carretera del Pontón. Parece increíble que aquí arriba existiera un pueblo habitado con tanta actividad ganadera y pastoril. Si lo cuentas en la ciudad estoy seguro que te llaman borracho y drogadicto.
Vamos perdiendo altura rápidamente, el sendero está marcado con pintura roja por lo que es imposible perderse.
El profundo beyo del río Mojizo.
Abajo la carretera y El Sella:
Cruzamos el río Mojizo por un puente de hierro.
El Sella y La Plana, que algunos lo llaman El Frailón y les Monxines.
Por fin llegamos al puente Vaguardo. Este puente fue destruido hace años por una gran riada, y para cruzar El Sella había que hacerlo por otro puente mas abajo muy peligroso.
El puente peligroso del que hablo me parece que se llama puente de Los Santos. Estuve encima de él, y su estructura son dos rieles del ferrocarril muy oxidados, debajo una caída sobre El Sella de unos cien metros... mete miedo.
En la carretera del Pontón acabamos esta formidable aventura montañera que nos dejó un buen sabor de boca. Solo nos quedan unos cuantos kilómetros hasta el puente de Casielles.



