Este Domingo, como otros días, estaba husmeando en las cercanías de mi casa en Tanarrio cuando ví a un par de humanos que llevaban unas cosas raras en la espalda, creo que entre ellos se llaman “montañeros” y ya había visto a más de uno pasar por el camino. Era temprano y estaba aburrido, así que decidí acompañarles un rato, no durante mucho tiempo ya que el día no presagiaba nada bueno, los nubarrones se volvían cada vez más negros y el viento me decía que habría tormenta.
Acabado el ancho camino, cruzo la riega y les espero al otro lado, tardan un poco buscando el mejor paso, ¡claro! con esas cosas que llevan a la espalda les tiene que costar más que a mí. Veo que hablan entre ellos y me miran, ¡Uhmmm!.... tiran hacia arriba... ¡oye, oye! ¿no veis la nieve?, ahí está la Canal de Lechugales, ¿no sabéis lo larga que es? ... ¡lo que hay que hacer por un poco de comida!.
¡Esta gente!... que manía con meterse por la nieve, yo voy de vicio por la yerba, además mira que van lentos, con un poco de suerte se cansan y hacen una paradita, así podremos tomarnos un “aperitivo”.
Me están diciendo algo señalándome el valle... ¡Oh,oh! acabo de mirar para abajo y estoy muy arriba, demasiado arriba... y de paradita nada, es más, siguen por esa inmensa cuesta de nieve.
Veo como se van alejando y miro al cielo, las nubes están cada vez más negras y me caen unos goterones en el hocico, los veo ya lejos... miro atrás...
… les vuelvo a mirar... ¡no, no!, a estas alturas ya no bajo solo por aquí.
Me ven y huelo su sorpresa -¿qué os creíais? ¿qué había tirado la toalla?-, y noto su preocupación ¿será por mí o será por ellos?, el viento sopla por detrás cada vez más fuerte y nos hundimos en la nieve. Ella va por delante haciendo huella... me adelanto y siento su esfuerzo... hay mucha nieve.
¡Bueno, gente! creo que ya va siendo hora de dar la vuelta... no paráis, no hay papeo, ya veo que no me voy a comer un colín...
¡Hombre! ahora toca parada.... ¡brrrrrrrr! con este viento me voy a congelar, ¿pero qué hacen ahora? se ponen unas cosas raras que les cubren su cuerpo.
Siguen mirando hacia arriba.... pero con esta niebla ¿no seguiremos, verdad?... ¡pues va a ser que siiii!
¡Vaya domingo que me estoy pasando!, ni se sabe el tiempo que llevamos en esta nieve que me congela las patas. Está bien, os seguiré, sino ¿quién os va a sacar de aquí?
LLegamos arriba y el viento los sacude -el ser bajito tiene sus ventajas-. Mientras yo me arrebujo en un hueco en la nieve, veo como se protegen de la ventisca.
Dudan, parece que miran al otro lado, pero chicos ¿por qué no bajamos por donde vinimos a mi casa?... que ahora está tan lejos.
O por lo menos me dais algun hueso. Nada... continuan la marcha hacia el otro lado.
¡Madre mía! ¡vais a acabar conmigo!que caída hay a mi derecha y que fria está aquí la nieve, me voy a colocar entre ellos... no me gusta nada este camino.
Me paro de vez en cuando, ¡a ver si pegando el trasero en la nieve lo llevo mejor!, Ella me anima dandome toques, ya... ya voy, ¡es que esto está más duro y sopla mucho el viento! ¡quien me mandaría a mí meterme en estos berenjenales!
Miro para la derecha y doy gracias que soy miope, pero huelo el precipicio... cuidadín, cuidadín. ¡Que estrés esto de la montaña! ¿cómo les gustará?.
Ya noto menos frio y la nieve está más blanda ¡Guauuuuuuu, que gusto, ya no hace viento!
Por fin se sientan, Ella abre la mochila y saca de una bolsa un....¡¿plátano?!!!... ¡¡horror!! he dado con un par de vegetarianos.... no, no me gusta el platano ¿no hay un poco de jamoncito o unos bocatas de chorizo, que sé de alguno como vosotros que los lleva?... No, hoy no es mi día, pero ¿qué es esto que Ella me da?, bueno, no huele mal, son dulces y crujientes... ¡Vale, que remedio!, dame, dame, que me lo merezco.
Bajamos durante un buen rato una larga cuesta nevada.
Esto ya me suena ¡claro! estamos bajando la Canal de las Arredondas, ¡ya estoy cerca de mi casa!. ¡No os quejareis!... que os he guiado bien, a saber por donde andaríais a estas alturas sin mi.
Cuando salimos de la nieve al camino, el cielo se ha vuelto azul y el sol me da calor. El y Ella miran atrás y hacia arriba, hacia la gran mancha blanca, muy muy larga por la que bajamos.
Me miran luego a mi... huelo que debo de haber hecho algo “importante”... pues mira por donde, que me va a gustar a mi lo de ser montañero, pero sin ninguna cosa rara en el lomo ¿eh?, sufrir... lo justito.
Llegamos al asfalto y allí está mi pueblo.... ¡ya estoy en casa!. Ella saca la bolsa de antes y me da esas cosas dulces, ¡que le vamos a hacer! no sé como decirles que para otra vez traigan algo más comestible para mí.
Tumbado en la sombra les veo recoger sus cosas y me vuelven a rascar y a acariciar... me caen bien estos “montañeros”... y les pego unos lametones.
Les miro mientras se alejan por la carretera y me vuelvo a recostar en el asfalto ¡ahora sí que estoy cansado!
Dicen que los perros no podemos pensar... pero si no fuera así... pienso que ha sido un gran día... Y ME HUELO QUE SOY UN GRAN PERRO.
Por más que lo intentamos fuimos incapaces de que se diera la vuelta, metiendose de esta manera entre “cola y focico” unos 1.800 m. de desnivel de subida y bajada.
Fue tan “pichi” todo el camín, excepto en la travesía del Collado a la Pica del Jierru, donde debía estar acordándose de toda nuestra familia. Luego volvió a animarnos la bajada con sus carreras y juegos.
Si vais a Tanarrio acordaros de llevar algo de jamón, por si os acompaña... así le dareis más vidilla que nosotros. Los perros lebaniegos son especiales ya que para nosotros esta no fue la primera vez, hace años en el pueblo de Colio se nos unió otro “montañero” que subió al Samelar para luego bajar por la Canal de San Carlos.
Aunque me he alargado un poco, espero que os guste.
