Tras el palizón que nos pegamos el Domingo 19 tratando de subir a Peña Castil y jugando con las nubes que se desgajaban desde la vertiente sur de las montañas, el lunes 20 de Marzo nos encaminamos hacia los corredores Norte del Escamellau, el pico de esta foto:
Mientras bajabamos por el Fresnedal el dia anterior, estuvimos continuamente observando los dos corredores que surcan su vertiente norte, y la canal por la que pensabamos bajar, llamada el Vallejón. luego explicaré qué es esa flecha roja de la foto
Nos acercamos a la pared por la pista que recorrimos el dia anterior; las paredes que caen en Fresnidiello son muy chulas para escalar, y no puedo evitar acordarme de mi hermano Ceci al verlas (me acordé de él por las paredes que hay, no por lo que se ve en la siguiente foto de Fresnidiello, malpensados!!).
Entramos tarde en el corredor, porque entre la paliza del dia anterior y la digestión nocturna del cabrito y el entrecot de ternera "casina" de Cipri, nos costó bastante movilizarnos por la mañana; pero no teníamos prisa, por dos motivos fundamentales: la nieve estaba desastrosa con independencia de la hora a la que te levantaras (la ascensión se inicia sobre los 1350 mtrs y acaba a 2050) y además no quedan cantidades significativas de nieve por caer en la pared Norte del Escamellau.
Todo el corredor se encontraba sin hielo; la nieve iba de blanda a dura en función de la inclinación de la pared; a mayor pendiente, mas dura estaba. Tiene unos 700 mtrs de desnivel, dificultad III/2 (entre 40º y 55º de inclinación según el tramo) y multiples variantes de mayor o menor dificultad, pero bastante asequible para los que se inician en esto. El corredor en sí se puede hacer en 2 hrs tranquilamente, en función de la nieve, claro!
Entramos por el corredor de la izda, que tenia mas nieve que el otro, y al llegar donde se cruzan seguimos por el de la izda de nuevo, de mayor inclinación que el otro y directo a la cumbre.
Debido a que la borrasca venía del sur, en todo momento estuvimos al resguardo del viento con un dia maravilloso....
....hasta que llegamos al final. Allí el asunto empezó a cambiar. Sobre la cota 1850 mtrs, cuando el corredor se empieza a tumbar, empezaron a llegarnos bramidos y bufonadas de la cresta cimera; allí el viento era huracán, levantaba la nieve polvo caida la noche anterior y nos llegaban rachas que enfilaban el corredor hacia abajo dándonos de frente.
Seguimos avanzando hasta los 1900 mtrs de altitud, donde la famosa flecha roja de la foto, y allí, a 150 mtrs de la cima, las ráfagas de viento empezaron a transformarse en peligrosas. El viento llevaba varios dias soplando desde el sur, corría a lo largo del Valle del Duje de forma endiablada y se chocaba contra la ladera sur del Escamellau, ascendia por su pared y salía en estampida sobre su cumbre, haciendo un rebufo que bajaba por los primeros tramos de la pared norte (donde ibamos nosotros).
Y allí nos paramos, en un repecho de unos 50 º de nieve dura, agazapados, esperando a que amainara un poco las ráfagas que trataban de arrancarnos del corredor. A tan solo unos 25 minutos de la cumbre, a 150 mtrs de desnivel del final. Ana me miraba con los ojos muy abiertos diciendome con la mirada "Y ahora, ¿qué?". Y cerraba los ojos cada vez que una nube cegadora de nieve polvo y trocitos de hielo nos caía de arriba.
Estaba claro, o seguíamos subiendo hasta la cima y después cresteamos hasta la Horcada de salida y el Vallejón, o nos girábamos 180 grados y encarábamos los 550 mtrs de desnivel que llevábamos y bajábamos el corredor.
En un momento de calma decidimos seguir hacia arriba, pero no habiamos dado ni un paso cuando otra ráfaga nos recordó que somos como hojas secas allá arriba y que nuestras voluntades poco o nada importan en este lugar. Las ráfagas eran peligrosas allí, al resguardo, así que traté de imaginar cómo serían mas arriba en la cresta cimera.
Empezamos el descenso por el corredor. Lo mas bonito del corredor ya estaba hecho y sólo nos quedaba disfrutar con las impresionantes vistas que dicen que hay desde la cumbre, pero nos han pasado ya muchas de éstas y no nos importó demasiado la renuncia. Sin mayores problemas, nos giramos cara a la pendiente, encaramos los 550 mtrs de bajada que nos esperaban (para ser el primer corredor que Ana desciende, lo hizo como una experta) y despacito para abajo. La nieve estaba bien para clavar los tacones sin estropear demasiado la huella de subida que habíamos abierto.
Peña Castil:
Una ultima parada para quitarnos los crampones en la intersección de los corredores, donde sabíamos que ya no nos iban a hacer falta. Y los ultimos 250 mtrs de desnivel, una culoesquiada alucinante hasta el fondo del valle de las Moñetas.
La impresión que nos causó esta pared es magnifica, es una lastima que no esté 1000 mtrs mas alta para pillar la nieve en condiciones decentes; tiene muchas variantes y el ambiente es magnífico.
Marchamos encantados con el Escamellau. Casi seguro que lo repetiremos.
Un saludo


