A las 9:30 salimos de la central de Urdón, cauce arriba, atravesando Entrepuentes.
Al rato ya empiezan a asomarse las primeras cimas de Andara.

Pasamos por La Bargona.
Tras dejar atrás la parte más dura del camino en zig-zag, este se va haciendo más tendido según nos aproximamos a Tresviso. Al fondo ya se adivinan algunas casas, pero todavía queda un último tramo.
Entramos en la cota de nieve y esta empieza a hacerse cada vez más presente hasta Tresviso.
Llegamos “literalmente” a las puertas del pueblo:
-“¿Se puede?”.
El pueblo tiene una imagen muy cuidada, fruto de recientes remodelaciones. Da la impresión de buscar la armonía entre el cuidado del entorno rural y el turismo de montaña; y parece que se consigue con resultados apreciables.

Nos refugiamos en el bar del pueblo para comer. Nos juntamos allí un grupo de visitantes que, como nosotros, siguen la misma ruta y otros que parecen venir desde Sotres.
Después de la reconfortante pitanza volvemos por nuestros pasos. Hacemos un alto en el merendero a las afueras de Tresviso. Javier contempla desde allí algunas cumbres de la cordillera que se extiende hacia el Este.
Un último recuerdo de Tresviso antes de marchar.
Suponemos que esto será la mina de zinc abandonada que menciona Adrados en su obra “Picos de Europa” y que fue el origen de este camino, por donde sacaban el mineral hacia La Hermida.
¿Pero de verdad subimos por esta culebra de piedra?
Al pasar por el Balcón de Pilatos vemos el profundo tajo que el Urdón talló en la roca durante siglos.
Por encima, dos emblemas de Andara: el Samelar y el Macondíu (de izquierda a derecha). Si me equivoco que me lo indiquen para corregirlo.
Bajamos ya al cauce del Río Urdón, que trazó esta profunda garganta. Nos conduce a la central eléctrica de donde partimos.
Cruzamos sobre él en el puente de la central y nos despedimos hasta nueva ocasión.
