Como alternativa a su acercamiento más conocido por la Collada Llomena decidimos que vamos a partir desde el apartado pueblo de Santolaya.
Son las 9 de la mañana cuando empezamos a caminar. Sólo han pasado unos pocos de metros cuando nos detenemos para charlar amigablemente con un pastor ocupado en sus quehaceres cotidianos. Tras comentarle nuestras intenciones, nos advierte que tengamos mucho cuidado con los argayos en la zona del Sedo. Hay muchísima nieve y es una zona de las más propensas para los aludes. Tras confirmarle que tendremos en cuenta su advertencia continuamos camino en dirección a la collada de Piedrahita (829m). No será la última vez que veamos en el día de hoy a este personaje, aunque en circunstancias diferentes, pero eso lo contaré más tarde.
Echando la vista atrás en las cercanías de la collada Piedrahita.
Cara norteña del Pierzu. A la derecha de este se adivina la collada Piedrahita.
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La nieve comienza sobre los 600m. Una vez en la collada de Piedrafita nos damos cuenta de la cantidad de nieve que ha caído realmente. En las laderas de La Huérfana, situadas en frente vemos multitud de rastros de aludes.
La Huérfana desde la Collada Piedrahita
Arrastres de nieve. A lo largo del día presenciamos dos aludes en las laderas del Pierzu.
Continuamos a media ladera, ligeramente en descenso, en dirección al Sedo. Toda esta zona corresponde realmente a la zona baja del Pierzu. Vamos progresando por encima de restos de aludes muy recientes y particularmente no las tengo todas conmigo. Sin prisa pero sin pausa llegamos al final de esta ladera ya a una zona más segura aunque lo que se nos presenta a la vista no es que nos tranquilice. Se trata del enorme valle que forma la sierra de Arangas con el propio Pierzu. Está totalmente cubierto de nieve y da la sensación de querer irse abajo en cualquier momento.
Desde la collada Piedrahita.
El Sedo con la Sierra de Arangas al fondo
Los aludes no perdonan.
La compañía
Pasando el Sedo
Nada más traspasar el Sedo nos calzamos las incómodas raquetas que aunque ayuden a progresar tampoco hacen milagros dadas las características de la nieve haciendo que en bastantes más ocasiones de las deseadas nos hundamos hasta los muslos. Es un autentico calvario el ascenso que realizamos directamente a la cresta, sin zig-zags; no queremos “maltratar” la capa de nieve que en algún momento llegó a retumbar bajo el peso de nuestras raquetas.
El Sedo
La zona de Mohandi desde el Sedo
Paso a paso llegamos ya a la cresta cimera y zona más segura por ende. De aquí a la cumbre nos lleva unos pocos minutos a la que llegamos 4h y media más tarde después de salvar los aproximadamente 1100m de desnivel.
El Jario, La Plana, Peña Salón,…
El buzón
El tiempo cambia
La foz de la Escalada, Peña Taranes, Campigüeños…
Cangas de Onís
Carriá
El Occidental
Mofrechu, el mar…
En la cumbre nos percatamos que el tiempo está cambiado a peor e incluso comienza a nevar ligeramente. Tras las fotos de rigor comentamos brevemente, demasiado brevemente, las posibilidades de retorno sin tener que pasar por las mismas laderas. A golpe de mapa decidimos que bajaremos por la vertiente este del Picu en dirección al valle Carmenero con la intención de bajar por el cauce del río.
Son 800 m los que debemos perder para llegar a la zona de Buspiedra, que es la majada situada en la cabecera del río Carmenero. El descenso lo realizamos siguiendo la alambrada que delimita toda esta vertiente del Pierzu, vamos atravesando zonas arboladas cubiertas totalmente por la nieve. El descenso es rápido dentro de lo que cabe ya que no pareamos de hundirnos en la nieve, que en esta vertiente se presenta mucho más segura.
Durante el descenso del Pierzu
Casi en la zona más baja pasamos por las cercanías de la majada de Ceboes, posteriormente encontramos otra cabaña y restos desperdigados de lo que en otro tiempo fue una zona más activa.
Ya a la altura del río y por la vertiente del Pierzu buscamos un paso que nos permita enfocar río abajo, aunque para nuestro pesar ese paso no lo encontramos.
Retrocedemos unos metros para intentar bajar por el mismo cauce del río, con idéntico resultado. A las primeras de cambio se nos presenta un bloque de unos 5m que nos impide el paso.
Llegados a este punto y metidos en el fondo de este barranco se nos presentan dos opciones: regresar por el mismo lugar, que descartamos de inmediato o ganar la ladera que se presenta de frente buscando la posibilidad de que en un momento dado podamos progresar paralelos al río.
Así y con las 4 de la tarde encima comenzamos el duro ascenso de los que es Cabeza Boes. En varios puntos buscamos el paso sin resultados positivos lo que hace que lleguemos hasta la cumbre de este cueto después de 300 m de desnivel. La ascensión ha sido dura, muy dura diría yo. La nieve, los desniveles acumulados y el frío que se manifiesta en forma de nieve no ayudan nada y por un momento las dudas de poder salir en el día de aquí surgen; pero bueno, de peores tormentas salieron estos marineros.
Una vez en la cumbre se nos presenta otro valle tapizado por completo de blanco y el cual debemos cruzar a media ladera en busca de la cresta que lo cierra por el extremo opuesto. Se trata del valle que nace en la Silla del Cabestredo, ya en las cercanías del Carriá.
En este punto decidimos que la vuelta a Santolaya se nos complica porque en el caso del descenso, ya posible, de todo el valle que se nos presenta, aún nos quedaría el ascenso al collado Llampra, lo que significaría ganar aproximadamente 300m seguramente ya de noche.
El Pierzu
Collado Llampra
Por ello decidimos que tomaremos camino de Argolibio y desde allí ya veríamos la solución a tomar.
Comenzamos a cruzar dicho valle hundiéndonos hasta la cadera en varios puntos, la nieve se presenta inestable en esta zona, pero continuamos ganando metros poco a poco con un ligero descenso hasta llegar a la mencionada cresta. Perdemos unos cuantos metros hasta meternos ya en pleno bosque. En este punto la nieve deja paso al barro. Sin el manto de nieve que nos tape el camino encontramos la senda que en descenso y en poco más de una hora nos va a dejar en el pueblo de Argolibio. Son las 6 de la tarde aproximadamente y nos encontramos a unos 12km del coche. La solución es bien sencilla, carretera adelante. Al llegar a Villaverde nos informan que tenemos una posibilidad de recortar terreno si cogemos la pista que saliendo de Pen lleva directamente a Santaloya.
Así lo hacemos. La oscuridad aún no es total y ya tenemos a la vista Santolaya, la pista es buena, incluso accesible para vehículos. En un momento dado la oscuridad nos obliga a encender la frontal que traemos pero el problema se nos plantea cuando la pista desaparece como por arte de magia para convertirse en apenas un perceptible camino cubierto barro. Detalle este, que ya nos nos importa a estas alturas del día.
El camino no es fácil de seguir y en menos de lo que canta un gallo nos vemos metidos entre escallos, cotollas, y espinos. Estamos apenas a unos 500m del coche e increíblemente estamos metidos en el peor de los sitios. A los pocos minutos una luz y unas voces nos dan a entender que alguien está tratando de ayudarnos. Efectivamente a los pocos minutos llega hasta muy cerca de nosotros, eso sí por el camino.
Se trata del pastor con el que habíamos conversado por la mañana que al ver la luz de la frontal dando vueltas decidió salir a echarnos una mano cuando la oscuridad ya era total. Le mostramos nuestro agradecimiento por su ayuda ya que probablemente nos evitó algún arañazo más de la cuenta.
Así llegamos a la deseada Santolaya después de 11horas y aproximadamente 2000m de desnivel acumulados con un “ligero” cansancio después de haber bregado con la nieve la mayor parte del día aunque ahora es de noche cerrada y el cielo está totalmente estrellado. Hay 4ºC y Cangas de Onís está esperándonos con un buen café.
El recorrido aproximado.


