Nos esperaba mi montaña favorita. Esta vez íbamos a intentar una nueva vía muchas veces soñada: el corredor noreste. Muchas cosas había leído sobre esta ruta para llegar a la cumbre. Y todas buenas. Muy recomendable, decían todos.
El Espigüete no es una gran montaña. No es siquiera la más alta del macizo. No tiene largas aproximaciones que la hagan más difícil. Está ahí, al lado de la carretera. Uno deja el coche y ya puede empezar a subir. No tiene vías de extrema dificultad que la hagan deseable por los conquistadores de lo imposible. Pero es mi montaña y para mí no tiene igual. De vez en cuando salgo con otras, pero solo por darle celos y porque en el mundo de la montaña no existe la fidelidad a tiempo completo.
Madrugón y a las siete estamos en el Club. Todos puntuales. Cogemos algo de material por si acaso. En la calle todavía hay gente que agota los últimos cartuchos de la noche. Metemos los trastos a la furgo y salimos. Llegando a Palencia empieza a clarear el día. Esta vez no nos confundimos en la interminable circunvalación. Hay niebla alta. Cuando se disuelve ya alcanzamos a verla y también a su eterna pareja: el Curavacas. La Bella y la Bestia.
En Velilla paramos debajo de la pancarta pro estación de San Glorio-Cardaño. Compramos pan y seguimos. Me decepciona la poquísima nieve que se ve en la zona. La cara sur tampoco tiene mucha. Al llegar a Pinollano muchos coches como era de prever. Matrículas de León, Burgos, Bilbao…. Y algunas que ni se, con estas nuevas matrículas que no nos informan de nada.
Repartimos los trastos. Ahora a ver quién lleva la puta cuerda. El novato, como no podía ser de otra manera. Creo que no nos va a hacer falta nada. Pero cargamos. Y nos ponemos a andar. Hielo en el camino desde el principio. Empezamos a subir hacía el refugio con la nieve algo dura pero descompuesta. Al llegar vemos que un grupo que salió antes que nosotros de los coches toma la delantera por la misma ruta. Mejor: siem-pre se agradece tener a alguien delante abriendo huella
Viendo como está la nieve no nos ponemos abajo los crampones. Error. Luego nos toca ponérnoslos en plena pendiente. Siempre igual. No aprendemos. Debajo de la nieve polvo descompuesta hay hielo. Vamos subiendo. La cosa cada vez mas pindia.
En realidad el corredor noreste son dos pequeños corredores. Uno después de una cueva y otro un poco más arriba. Tendrán en torno al 50% o quizá en algún resalte el 55%. Con la nieve como está decidimos no utilizar la cuerda.
A lo lejos ya se van viendo los viejos conocidos de este precioso macizo: Agujas de Cardaño, Peña Prieta...
En la cueva esperamos. Por deformación profesional algunos entrán a echar un vistazo a ver si sigue. Y otros quieren comer. Mejor seguimos que ahora viene lo bueno.
A veces los escalones se desbaratán. La nieve no da mucha confianza. Se descompone en superficie. En otros sitios metes el piolo y tocas roca. Pero en ningún momento tengo sensación de inseguridad. La estoy gozando.
Al salir del primer corredor hay que hacer una pequeña travesía a la izquierda con cuidadin. Me paro y aprovecho para ver si los de abajo siguen bien. Bueno, y para hacer la foto.
La pendiente disminuye un poco y seguimos hacía el siguiente corredor por unas palas más venteadas. El aire es helador cuando traidor sopla a ráfagas. Voy con las mallas y me arrepiento de no haberme puesto el sobrepantalón. Debo de tener la cosa en mínimos.
Enfilamos hacía el siguiente corredor. Cada vez queda menos y todo va bien. Probablemente no hubiese sido lo mismo si nos hubiese tocado abrir huella y la nieve se tornase dura o helada.
Enseguida alcanzamos la base del segundo corredor. Más o menos como el otro aunque más largo. Sin problemas. Las piernas bien. No las noto cargadas como otras veces. Es una gozada. Pero parece como que todo es demasiado fácil. Todo sale demasiado bien ¿Quedará algo por ahí arriba que se nos atragante?
Salimos del segundo corredor. El viento podía haberse ido a tomar por sí mismo. Ahora ya intuimos la arista y vemos alguna zona de sol. La pendiente disminuye algo pero aún hay resaltes más duros. Aquí todo es más expuesto. He guardado la cámara al cambiarme de guantes. Una zona complicada por la que hay que salir por roca. Yo hago travesía por otra huella. Lo paso bien. Los demás siguen por las rocas. Parecía que desde la salida del corredor no quedaba nada pero aún es un rato.
Llegamos a la arista y al sol, bendito sea. Hay un hito pero la cumbre secundaria queda unos cien metros al oeste y la principal mucho mas allá.
La cresta no es cómoda de andar con crampones. Está muy venteada y abundan los tramos de roca. El viento sigue soplando helador. Me pongo la chaqueta. Desde la salida de la pedrera hasta la cumbre principal, sin embargo, es todo nieve.
En la cumbre hoy la vista es nítida. Hacía el norte caos de montañas. Hacía el sur la meseta en toda su extensión. Norte y sur ¡Qué contraste!
La bajada por la norte sin problemas. Si nos hubiese tocado subir no hubiese dicho lo mismo. Ya me acuerdo de otras veces con peor nieve. De esas de dar un paso y no avanzar porque se te hunde el escalón. Pero bajar con esta nieve es una gozada. El novato y alguno más hace culoesquí. Le digo que eso es perderle el respeto a la montaña. Como cuando Jesulín se subía encima de los toros. Pero ni caso.
Al final el Murcia contempla nuestra despedida. Ha sido un día perfecto, una montaña perfecta y una vía perfecta.
En Cardaño vamos a comer en el bar, como siempre. Pero los de La Panera lo tienen cerrado ¿Para siempre? Espero que no. En el Puente Agudín nos ha parecido que el bar de allí estaba abierto. Al menos había muchos coches. Pero, comemos y tiramos después a por el café a Camporredondo. Allí tienen un letrero y pegatinas de apoyo a San Glorio- Cardaño. Además Francia nos la mete doblada haciendo el partido de su vida y nosotros no damos una a derechas. Ni a izquierdas.
Volveré. Sabes que te quiero.
P.D. Espero que no os canse hoy tanto Espigüete. Ya siento que hayamos coincidido, Pucavi. Pero, bueno, espero que te hayas podido hacer una idea para cuando vengas a hacerlo. Saludos.

