Hace pocos días que César Menéndez hacía suya una declaración de amor. “Estoy enamorado de la nieve”, decía su mensaje. Y bien que nos hubiera gustado tener a César con nosotros para renovar el flechazo que un día sintiera por las Nieves de Riofrío, pero no pudo ser, porque el amor por las Nieves es necesariamente poligámico y ese día estaba con otras. Así que sin César -y sin Carlos-, las Nieves de Riofrío recibieron en esta ocasión a un trío de amantes formado por Jose, Alfonso y el que suscribe. Pero que no teman nuestros amigos, que todavía quedan en Riofrío muchas Nieves que fundir.
No hace mucho, también, que Dumbi nos relataba, con ese estilo tan rico detalles y de sensaciones, su recorrido por las Cumbres de Riofrío. http://www.foropicos.net/foro/viewtopic.php?t=8301
Ese día, las cumbres de Riofrío vestían con las galas ocres y tardías del otoño. Para recibir nuestra visita, las cumbres se habían vestido con las galas blancas y prematuras del invierno.
En un bonito gesto, aquel día Dumbi me dedicó su relato. Hoy puedo devolvérselo, y, como tu dijiste entonces: va por ti, Dumbi
Siguiendo los mismos pasos del amigo, nuestro recorrido comenzó en Cucayo, a través de la pista que atraviesa los invernales de Ranes y remonta entre los bosques que envuelven el cauce del Riofrío, suavemente, como si le diese pereza abandonar la escolta de las hayas y salir al descubierto.
Tras hora y media de camino y llegados al Prao del Toro,, todos quedamos al descubierto. Nosotros frente a la mole de Peña Prieta, enseñándole la cara de satisfacción Y la mole de Peña Prieta frente a nosotros, enseñándonos la cara más sombría con que espanta a los intrusos de los Puertos de Riofrío.
Y mientras que Peña Prieta espera ansiosa los rayos que alegren su oscuro semblante, la mole hermana de Curavacas templa su grupa helada bajo los haces lumínicos del amanecer.
En este pequeño universo de cíclopes, los Picos de Europa exhiben orgullosos sus cresteríos afilados.
En cuanto a nosotros, y una vez en las proximidades de La Raya donde simpatizan en silencio los Valles de Riofrío y de Pineda, nos vamos encaramando sobre la leve pendiente semihelada, para iniciar el largo recorrido por el cordal de cumbres que culmina en el Pico Lezna.
Con el ánimo agradecido por la hospitalidad de nuestras anfitrionas, vamos avanzando sobre la blanca alfombra que nos tienden Peña Quebrada y sus cumbres hermanas, disfrutando a cada parada de la panorámica que ofrecen los Faros de Europa.
En las proximidades del Collado del Rincón, la travesía por las inclinadas laderas de los Picos de Llaos aconseja recurrir a la seguridad de los crampones. Y ya con los pinchos bajo las suelas, servirse de ellos para una rápida subida y bajada del Pico Lezna, como aconseja también la proximidad de atardecer.
En la cumbre, apenas unos minutos para hacerse la foto bajo un viento gélido
Y, acto seguido iniciar el largo descenso por debajo del cordal que acabamos de recorrer, aprovechando pequeñas pausas para descubrir corredores de piratas.
Y así, atajando por donde podemos a través de Los Llaos, alcanzamos el bosque de Valdelaceba, para seguir el cauce de su riega y entroncar con la pista de subida en el Escobal de Tejeda.
Y después de diez horas de caminata y de apenas darnos cuenta del paso raudo del atardecer, avanzar con la escasa luz que en esos momentos sale del cerebro hasta llegar de nuevo a Cucayo.
Salud...os
