En varias partes de esta página y de este foro se puede apreciar la menor atención que suscita el Macizo Oriental. A pesar de ello, hay algunos rincones que, de vez en cuando, se hacen hueco (más bien fugaz) en la memoria, como ocurre con el collada bicéfalo de Untuje.
Una forma muy poco conocida y menos frecuentada de llegar a Untuje es por la Cuesta Parbolí y el sedo de Cortines. Hace poco lo recordaba Dumbi en una de sus intrépidas aventuras. http://www.foropicos.net/foro/viewtopic ... s+oriental
A pesar de su proximidad a lugares “civilizados”, ese paso de montañeros es, no obstante, un acontecimiento extraño. Y, como en tantos otros lugares de Picos, quizá sea una extrañeza premonitoria, sintomática, de lo que en breve ocurrirá con el paso del pastor.
Al revés de cómo hiciera Dumbi, hoy somos otro extraño grupo de montañeros los que mostramos nuestra preferencia por estas rutas pastoriles que amenazan con perderse en la salvaje naturaleza de Picos, como amenazan con perderse en la memoria.
Bajo una espléndida luz matinal, la primer parte de nuestra ruta transcurre plácidamente por las amables brañas de Las Vegas de Brez.
Recién engalanadas para el invierno que se avecina, las cumbres orientales despuntan airosas en la primera collada del camino.
Y mientras que el invierno va vistiendo de blanco las moles calcáreas, se desnudan las hayas para soportar su rigor.
Hacia el este, el collado de Untuje se le antoja a la mirada como un lecho de descanso para los amantes bravíos.
Y así empujados por la promesa del reposo, es más fácil acometer las duras rampas de la Cuesta Parbolí.
En el Collado Parbolí, la mirada de los montañeros se embriaga contemplando el salvaje entramado de canales, mientras se agita la imaginación bajo el embrujo de las terras incógnitas.
Canales de Argomosu, Las Grajas, Los Truéganos, Malluengo
Canal de Arredondas
Canales de Jonfría, los Novillos, Mancorbo
Bajo la umbría ladera buscamos el oculto trazo del sedo Cortines que conduce a los lechos de Untuje. Sin embargo, ante la extrema delicadeza de un terreno humedecido y complicado con trampas de nieve, buscamos una opción de paso más “segura” por las aristas del Peñón de Parbolí y el Picón de la Corredoira.
La arista de subida nos ofrece un borde ancho por donde realizar una sencilla trepada.
Pero la arista de bajada se estrecha como un recién afilado cuchillo y nos obliga a aferrarnos fuertemente a las rocas, pues más aún que deseamos seguir los pasos del pastor, deseamos alejarnos de los “pasos” de Ícaro. En este momento, las manos no están para agarrar otra cosa que no sean los escasos salientes de roca.
Unos metros más sobre el sombrío nevero y alcanzamos el reposo prometido en Untuje de Lon.
Reconfortados por el reposo, el caldo de gallina y el jamón, la canal de Untuje aguarda para pasarnos por su blanco tamiz.
La angosta canal nos deposita en el entorno las cabañas de Lon, apenas unos restos de esqueleto pétreo sobre el que nadie deposita flores el primero de noviembre.
Una vez en el entronque con la canal de Arredondas, decidimos aprovechar las luces que restan del atardecer para explorar vías alternativas de paso a las canales que se descuelgan desde la Silla Caballo o la Tabla del Pino. Encaramado a los riscos como un extraño rebeco, el montañero explora las puertas de entrada a las terras incógnitas.
Bajo el poder de su imaginación, los extraños montañeros se funden con el tortuoso paisaje.
Pero, ¿tanto como para regresar a su “civilización” convertidos en ovejas de regreso a su redil?



