Va por tí, antonio:
CUMBRES DE RIOFRIO
Mi segundo día de vacaciones y segundo día de marcha, esta vez acompañado por Justo, a quien recojo en su kiosco de Torrelavega tras el reparto diario de prensa por la ciudad. Nuestro objetivo se encuentra de nuevo en la zona occidental de la Región, por lo que hemos de atravesar el Desfiladero de la Hermida en su totalidad hasta la entrada en Potes.
Aquí nos desviamos a la izquierda para seguir la carretera que remonta el curso del Río Quiviesa hasta su entronque con el Río Frío en la localidad de Vega de Liébana. Un nuevo desvío a la izquierda siguiendo el cauce de este último hasta que el asfalto finaliza en el elevado pueblo de Cucayo (950 metros), donde aparcamos el coche y nos preparamos para la marcha a pie cuando son las 9.45 de la mañana.
El pueblo de Cucayo.
Atravesamos la dormida aldea para tomar una pista de buen firme que sube a la derecha por terreno despejado hacia un depósito de agua y una nave ganadera. Poco después la pista se bifurca y tomamos a la derecha, quedando el otro ramal para nuestro regreso si al final podemos realizar el duro recorrido previsto.
Tras atravesar una portilla nos decidimos también por la derecha en una nueva bifurcación, aunque no me siento muy seguro de la decisión tomada pues la más marcada es la que baja hacia el otro lado. Ganamos altura con fuerza sudando la gota gorda en una mañana calurosa con viento sur que por aquí no sopla demasiado, pero que a buen seguro barrerá las cumbres que vemos allá arriba y a las que pretendemos encaramarnos.
Por el bosque.
Un bonito y agradable robledal es la antesala de unas Praderías (1.240 metros) en las que la pista finaliza su trazado. Nuestro gozo en un pozo, los temores se confirman y hemos tomado el camino equivocado, viendo la pista correcta mucho más abajo junto a unas cabañas. Bajando por pindios prados perdemos los 130 metros de altitud ganados indebidamente para conectar con el camino correcto en el Puente de Ranes (1.110 metros, 1 hora), junto a los invernales del mismo nombre.
Invernales de Ranes.
Por el puente pasamos a la margen derecha del Río Frío, por donde la pista gana altura ahora en vuelto en un magnífico paraje donde los hayas nos muestran sus mejores galas otoñales, aunque aún mantienen mucho del verdor del que hacen gala en primavera y verano. La subida es larga pero gratificante pues el hayedo nos muestra unos rincones de gran belleza y quietud de los que quedo prendado.
El suelo cubierto de hojarasca amortigua nuestras pisadas en la ancha pista que se retuerce por el bosque atravesando parajes que reconfortan el espíritu, con el único sonido de las aguas del Río Frío en el fondo del barranco, por el que se desparrama en pequeños saltos.
Un buen rato después el bosque se abre por Buliezo (1.400 metros), dejando ver unas praderías con cabañas algo alejadas. El camino atraviesa un regato y nos tomamos un pequeño descanso en una zona despejada y abierta que nos permite disfrutar de una bonita panorámica que cubre todo el sector de la Sierra de Peñasagra y La Peña Ventosa.
El bosque deja ahora su dominio a los espacios abiertos aunque los hayas nos siguen acompañando de manera aislada durante un buen rato. Pista arriba nos encontramos con un guarda a lomos de su vehículo todo terreno y con el que charlamos un buen rato. Me llama la atención lo orgulloso que se muestra de su profesión y sin pedantería alguna nos manifiesta que: “soy hijo de guarda, nací para ser guarda y vivo para ser guarda”.
Hacia el Bistruey desde los Praos del Toro.
La pista se me hace tremendamente larga pues gana altura siempre con cierta suavidad, acercándonos a unas praderías conocidas como Praos del Toro (1.550 metros), donde pasta una buena manada de caballos y en las que el Río Frío escapa por la derecha dando vistosos saltos. Aquí el viento sur sopla con mucha fuerza y la sensación térmica es mucho más baja, dando vista al fondo del valle la inconfundible silueta de Peña Prieta a la que vamos acercándonos poco a poco.
Un buen rato después alcanzamos por fin el Alto de Riofrío (1.735 metros, 2 horas 30 minutos), un bonito collado en la divisoria de aguas cántabro-atlánticas que se abre a los verdes Puertos de Riofrío presididos por la airosa cumbre de Peña Prieta. En sus laderas nacen el Río Frío que vierte hacia el Mar Cantábrico y el Río Carrión que lo hace al Océano Atlántico.
En el Cotero de Hierbas Dulces.
Azotados por un fuerte viento sur dejamos la pista y remontamos por toda la cresta hacia la izquierda siguiendo el trazo de una alambrada que recorre toda la divisoria de aguas. A pesar del cansancio supone todo un gozo contemplar las vistas que nos ofrece un día de especial claridad y luminosidad. Hacia atrás van emergiendo los tres macizos de Picos de Europa alineados en una perspectiva poco corriente, a la izquierda queda una buena parte de La Liébana, a la derecha los inicios del palentino Valle de Pineda marcado por la magnífica mole del Curavacas y de frente todo el cresterío que pretendemos recorrer desde la Peña Quebrada al Lezna y al Bistruey.
La primera elevación de relevancia que nos encontramos es el Cotero de Hierbas Dulces (1.844 metros), cuyo bonito nombre hace honor a la preciosa panorámica que se divisa. Siguiendo la alambrada subimos después al Cotero Petis (1.952 metros) y sin descanso alguno nos encaramamos a la imponente Peña Quebrada (1.997 metros, 3 horas 25 minutos). Miedo da asomarse a su vertiginosa cara norte que se asoma al valle del Río Frío por el que hemos subido.
Los Picos desde el Cotero Petis.
A pesar del desagradable viento sur disfrutamos aquí durante unos minutos de la magnífica visión de los tres macizos de los Picos de Europa, reconociendo sus torres, sus picos, sus tiros, sus collados y recordando cada aventura vivida entre sus vertiginosas canales.
El Curavacas y el Valle de Pineda.
Siguiendo por toda la línea divisoria entre Cantabria y Palencia nos vemos obligados a perder ahora una buena cantidad de los metros ganados tan fatigosamente. Abriéndonos paso entre matorral rastrero descendemos al Collado del Mostajo (1.832 metros), donde llega un ancho camino que sube por la vertiente palentina y que no parece tener continuación.
Desde el Mostajo hacia el Pico Lezna.
Tras la pérdida de esos 165 metros toca de nuevo subir y no poco, pues de la cumbre del Pico Lezna nos separan casi 400 metros de desnivel. Con calma vamos remontando junto a la alambrada hasta una primera elevación, Pico Pumar (1.976 metros), y algo después otra, Pico de Llaos (2.066 metros), en la que abandonamos la divisoria cántabro-castellana para adentrarnos totalmente en territorio palentino. Seguimos ahora un cordal secundario que baja unos metros a un collado donde se agrupa un buen número de vacas que conforman un cuadro espléndido con el fondo de Peña Prieta y los Picos de Europa.
Con Peña Prieta de fondo.
Iniciamos aquí una ascensión que se me hace muy dura por el cansancio acumulado de tanto subir y bajar, aunque el premio de ganar una cumbre para mí desconocida me hace sacar fuerzas de donde no las hay. Nos cruzamos con otro montañero que ha subido por la vertiente palentina desde el pueblo de Lores y después de un buen rato ganamos la amplia y redondeada cumbre del Pico Lezna (2.208 metros, 4 horas 45 minutos).
Llegando al Pico Lezna.
No me quedan más fuerzas que para sentarme cerca del curioso buzón montañero que indica la cumbre, mientras que Justo, incansable, no hace más que dar vueltas regodeándose con las maravillosas vistas que nos ofrece la naturaleza a manos llenas. Después de todo lo visto ya poco puede sorprendernos pero sí destacaría la cercana e imponente cara norte del Pico Curavacas.
Desde el Lezna hacia Peña Prieta.
En una increíble panorámica de 360 grados le acompañan los Picos de Europa, la línea de Costa Cantábrica, Macizo de Peñarrubia, Peñasagra, Macizo de Alto Campoo, Embalse de Aguilar, la Montaña Palentina, Peña Prieta y los valles de La Liébana. Allá se distingue Potes y las salidas de los ríos Deva, Nansa, Pisuerga y Carrión. Una auténtica gozada que disfrutamos mientras degustamos los bocadillos a resguardo del viento sur que sigue soplando con intensidad.
Hacia los Picos de Europa en general.
Hacia el Cornión.
Hacia el Macizo Central.
Hacia el Oriental.
A pesar de que el lugar se merece una estancia más larga y pausada aún nos queda mucho por recorrer y hemos de ponernos de nuevo en camino bajando por el mismo lugar de la subida hasta alcanzar el Collado del Rincón (2.042 metros), donde recuperamos la divisoria entre Cantabria y Palencia.
Siempre junto a la alambrada tomamos rumbo noreste para bajar con rapidez hasta el Collado del Tejo (1.851 metros) por donde podíamos bajar a Cucayo por Los Llaos acortando mucho el camino. Pero nuestro objetivo pasa por seguir toda la divisoria hasta el Bistruey y para ello hemos de ganar altura de nuevo entre bajo matorral que se sortea sin ningún problema.
Desde las proximidades del Collado Arús.
Accedemos así a la Peña Cuchilluda (1.922 metros) y poco después al Pico de las Partidas (1.886 metros) donde tengo que tomarme unos minutos de respiro pues las piernas no responden ya como yo quisiera. Ahí enfrente se levanta, elegante, tentadora, la Peña Bistruey, pero para mí va a ser que no. Sin embargo Justo se siente motivado y con ganas así que, juntos, emprendemos el descenso, en ocasiones incómodo, hasta el Collado Aruz (1.712 metros, 5 horas 45 minutos), recorrido por una pista que viene de los Puertos de Pineda hacia Cucayo.
La Peña Bistruey.
Durante unos minutos permanezco en el collado contemplando, con cierta envidia, como Justo emprende la subida de los casi 300 metros de desnivel que le separan del Bistruey. Yo arrastro mi impotencia pista abajo volviéndome de vez en cuando a controlar la subida de mi compañero y amigo para intentar no perderlo de vista, pues va a descender por la cara oeste y tenemos previsto reencontrarnos en los Invernales de Praíza.
Me consuelo, y no es poco, con la preciosa vista que me siguen ofreciendo los Picos de Europa bañados por la luz del atardecer, así que desciendo muy lentamente, degustando y deleitándome con el paisaje resaltado por los tonos amarillentos y ocres otoñales del arbolado que dan pinceladas de color a los tonos más opacos de las laderas montañosas.
La pista se contornea valle abajo mientras las sombras van ganado terreno en el entorno mientras me acerco a una Cabaña (1.450 metros), tas la que se abren unas mullidas y húmedas praderías en las que el sendero se difumina un poco.
Luego el camino vuelve a hacerse claro y evidente para bajar por zona boscosa hasta los Invernales de Praíza (1.241 metros) donde me siento a esperar a Justo. Comparto un buen rato de charla con un paisano que tras recoger el ganado se va hacia el bosque a recolectar unos champiñones.
Con cierta preocupación miro hacia el Bistruey tratando de localizar la figura de mi compañero pero la distancia es muy grande y el tiempo transcurrido poco para que haga su aparición. No llevo media hora de espera cuando le veo cruzar una pradería por encima de mi posición, tomando contacto con el camino por el que he bajado yo.
Enseguida estamos de nuevo juntos y emprendemos el descenso por la pista ligeros y a buen ritmo. Demasiado ligero diría yo pues cuando hemos perdido unos cuantos metros de altura me doy cuenta que me he dejado el bastón en los invernales y he de volver a recuperarlo. Lo que le faltaba a mis pesadas piernas
Tras el esfuerzo extra llegamos sin más contratiempos a la hermosa aldea lebaniega de Cucayo (950 metros, 7 horas 15 minutos) que nos recibe silencioso y con las chimeneas de sus pocas viviendas ocupadas despidiendo un humo que nos habla de acogedoras y calientes cocinas.
Un saludo.
Jose.


