El domingo por la mañana, mientras el grueso de la tropa forera recoge sus bártulos para el retorno al redil, un pequeño grupo nos animamos a desafiar la lluvia y explorar las entrañas pastoriles de los montes de Caín.
A las 10.30 salimos de Caín camino de la canal de Mesones.
Mientras nosotros vamos ganando altura, la lluvia va ganando en intensidad. Así que bien puestos a remojo nos surgen las dudas de si continuar o volver.
La mitad del grupo se decide por el retorno. La otra mitad continuamos camino del seu armado para salvar el muro rocoso que pende sobre nuestra cabezas.
Nada más rebasar el sedo, damos vista al valle Lladreda y la traviesa Estaquiella bajera. La lluvia remite algunos breves momentos. Los suficientes para animarnos a seguir.
El débil sendero que se dirige hacia la traviesa nos encarama a una estrecha repisa colgada sobre el vacío. El sendero continua sobre ella como si fuera el filo de una navaja. Con el barro y el desventío pegados a las suelas de las botas, cada paso consume una dosis extra de atención. Y por si fuera el último instante, una foto para la posteridad.
Un rato de mirada hacia atrás para rendir admiración a la maestría pastoril en hacer posible lo imposible.
Sobre el filo de la collada se adivina el único lugar posible por donde continuar la travesía.
Al poco, un cuidadoso flanqueo nos abre la puerta del Monte Moñero. Al fondo, los Tremospandos que comunican la Jerrera con el Monte Hojas.
Con el" permiso" de las cabras, las hayas nos ofrecen protección para disfrutar del encanto que irradian los sublimes parajes. La riega de la Jerrera vertebra el lugar y le pone música con el desplome de sus aguas. A nuestra vista quedan la canal del Pino (oeste); los sedos de Oliseda (norte); el Cuvicente (norte); Tremospandos (este), entre otros lugares que lanzan tentaciones a los ojos del montañero.
El perfil del Monte Moñero nos marca la línea de descenso hacia la Jerrera. El sendero aparece y desaparece como si se tratase de un gnomo juguetón. Adivinando sus huellas bajamos hasta cruzar la riega por encima de la cascada y consumar el encuentro con el camino que baja de Oliseda o Tremospandos hacia Caín.
En breves minutos sólo queda hablar con los amigos de las excelencias de un trayecto breve, pero intenso. Y disfrutarlo juntos con un buen guiso que llevarnos al cuerpo.
A vuestra salud, amigos!

