Por nuestra parte, Alfonso, su hermano Jose y el que suscribe elegimos los entresijos entre el río Casaño y la Jascal para obtener unas cuantas sensaciones montañeras y otoñales. A continuación os doy testimonio gráfico del itinerario y sus dones.
1. LA MOLINA –PUENTE LLAMERO
Los primeros pasos de la ruta transcurren por la plácida senda que acompaña al río Casaño. Siempre a su vera, el río nos embelesa con sus contrastes sonoros entre el estruendo y el murmullo. Los troncos apilados en su cauce dan testimonio de su último episodio de ira furibunda.
En la pequeña vega donde se difumina el camino nosotros optamos por seguir la senda que a duras penas sobrevive junto al cauce del río. Podemos hacerlo gracias al bajo caudal de sus aguas. La senda es estrecha y está embarrada, con múltiples árboles y arbustos que obstaculizan levemente el avance. Al principio transcurre por el mismo cauce y más adelante se eleva varios metros sobre el río en un pasaje sencillo, pero que obliga a caminar con atención.
Así llegamos de nuevo a la vera del río, donde contemplamos las ruinas del puente Llamero. El último episodio de furia fluvial ha acabado con los troncos antes de que lo hiciera su propia decrepitud.
A falta de puente, unas rocas estratégicamente situadas hacen fácil nuestro vadeo.
Antes de vadear el río evaluamos la posibilidad de llegar al Oyu la Madre a través del encañonamiento por donde bajan las aguas del Casaño. Sin embargo, habiendo leído y oído sobre sus riesgos y dificultades, optamos por la opción prudente de remontar el valle Llamero y bajar al Oyu desde la majada de Sonín de Arriba. En esta majada, un joven y fogoso pastor que anda agrupando sus vacas, nos dirá que “en aguas bajas, como las de ahora, no hay problema para atravesar el cañón”. Posiblemente, algún día llegue la oportunidad de comprobarlo.
2. PUENTE LLAMERO – SOÑÍN DE ARRIBA – OYU LA MADRE
El pindio remonte del valle Llamero nos depara algunas sorpresas botánicas.
Al mismo tiempo, nos ofrece la posibilidad de especular sobre las característiscas de las canales que apuntan vertiginosas hacia la cumbre de Peña Ruana. En particular, sobre la canal del Picho, por donde antaño hemos leído que subían los pastores a las majadas de Beyuga o Camplengo
Nuestro estudio del terreno continúa en la collada donde se asienta la decrépita majada de Soñín. Desde allí, nuestra mirada se centra el valle que asciende linealmente desde el fondo del cauce hacia la base de La Jascal. A su izquierda se aprecia perfectamente la llomba arbolada a la que se accede desde el río por un Escaleru. Desde nuestra posición, el valle se nos antoja como la opción idónea para “escapar” desde las profundidades del Oyu La Madre. El pastor con el que hablamos ratifica nuestra elección.
El descenso desde Soñín al Oyu La Madre nos obliga a abrirnos paso por una selva de zarzas, cotoyas y árboles caídos. Con estoicismo montañero, nuestras extremidades soportan el lacerante masaje de espinas.
La llegada al Oyu la Madre se convierte en un alivio para todos los sentidos. La imponente surgencia no se halla en su momento de máximo esplendor, pero nos basta para reconfortarnos el tumulto modesto de sus cascadas.
3. OYU LA MADRE – VALLE DEL TEXU - COLLAO MEDIU- (JASCAL)- LA BEYUGA - LA MOLINA
Después de reponer energías, vadeamos el río buscando el punto más débil de las pindias laderas que cierran su cauce. Trepamos unos metros en diagonal y salimos a una zona un poco más abierta que nos permite visualizar la línea de subida hacia el valle de salida.
El terreno es bastante más sencillo de lo que cabía esperar, así que ganamos metros con facilidad hasta embocar en el eje de la vaguada. Poco a poco el terreno se hace más tumbado y la marcha se convierte en un plácido “paseo”. La llegada a una especie de hombro o collada nos permite deleitarnos con el paisaje que dejamos atrás y con el que tenemos por delante.
Por detrás (noroeste), el Cantón del Texeu preside y vigila orgulloso la panda selvática por donde bajamos desde Soñín.
Por delante, el valle del río Texu, que aguarda nuestra visita para conducirnos hasta la base de Peña Jascal, arranca de nosotros adjetivos de admiración y despierta nuevas sensaciones de embeleso.
El tránsito por el valle nos embriaga de tal manera que seguimos sin desviarnos hasta el Collado Mediu. En este punto estratégico por donde se podría llegar a Cabezo Lleroso o seguir hacia Culiembro, el cielo y las luces del otoño nos esperan para deleitarnos con los mejores momentos de su espectáculo.
Llegados a este momento, las imágenes hablan por sí mismas y sobran las palabras:
Y así, con los sentidos plenamente satisfechos, se hace más liviano el largo retorno al punto de partida por un mundo de majadas moribundas.
NOTAS:
Para Pucavi: Un día contaste que no encontrasteis salida al río Casaño bajando por el valle y riega del Texu. En nuestra descripción puedes observar que había salida por donde nosotros subimos. Para eso había que salirse del valle en su tramo medio/inferior y descender por el valle contiguo al oeste.
Para José m: ¿Podrías informarnos de tu experiencia en la canal del Picho?
Para José m o Ballesteros: ¿Conocéis el nombre de lugar por donde subimos para entroncar con el Texu?
Muchas gracias.




