La mañana es limpia y clara,
de una luz tan plena
que parece infundir de vida
las moles petrificadas
de Los Albos.
Sé que en una oquedad recóndita
bajo sus grises laderas
Sobrevive al Rasu
un Llagu moribundo
y que posee, presiento,
el don de la transparencia
que hace visible
el fondo borroso
de la memoria
Hacia él me dirijo,
y la conciencia
de acercarme a su presencia
confiere a mis miembros
cualidades de pezuña
para trepar por los riscos
En la cercanía de su recinto
mitigo mis pasos
como quien abre la puerta
de un espacio solemne
A su quietud le honro
con la quietud de mi cuerpo
y su silencio respeto
con el flujo silencioso
de mis pensamientos.
Así me acerco hasta él,
Como quien lo hace ante
cualquier testigo
ancestral,
que fuera vestigio
de historia
y pozo
de sabiduría.
¡Negación de Heráclito!,
en las mismas imágenes
que reflejas cada amanecer
contemplo al hombre
que se aferra a la vida
existente en sus recuerdos.
En sus aguas transparentes
recreo con nostalgia
las imágenes
de aquel tiempo
en que la juventud
nos parecía eterna,
ni existía
catástrofe telúrica
que pudiera romper
un abrazo de amantes
o irrumpir
abruptamente
entre unas risas
de amigos
Y en su hilo de vida puedo sentir
que el Tiempo del Hielo
es un tiempo presente;
y que en ese instante yo soy
un hombre del hielo
que se funde como él
destinado a ser tierra
en el pedrero.
Frente a sus aguas comparezco
como me convierte la luz:
como una sombra;
para que me devuelva el reflejo
de su reverso oculto.
Esa parte
que el encadenado
no puede verle a la vida,
desvelando, quizá,
bajo el rostro de Narciso,
las aguas residuales
de otro llagu
que mitiga en cada lluvia
de vida
el transcurso inexorable
de su agonía.


