Hace ya mucho tiempo que oí hablar por primera vez de la Canal del Agua en los ambientes montañeros, calificándola siempre como algo irrealizable o cuando menos fuera de las posibilidades de los que nos teníamos dotes escaladoras. Con el tiempo fui escuchando y leyendo otras opiniones que dejaban ver algún resquicio, alguna opción, lo cual me fue creando una necesidad que me llevó a recopilar toda la información posible con respecto a esta temida canal.
Gracias a las aportaciones de otros montañeros en este foro y especialmente al leer algunos libros relacionados con la Garganta del Cares hicieron que venciera todos mis miedos y me decidiera a emprender la aventura, por lo que solo me quedaba buscar una fecha y la compañía adecuada. Unos se fueron cayendo del proyecto inicial pero otros se incorporaron, así que al iniciar el viaje en Puente San Miguel somos siete los que hemos vencido todos los inconvenientes.
En un coche viajan Jorge, Alex y Pucavi; en el otro Antonio, Jose C, Marta y yo. Tenemos por delante un tortuoso trayecto de tres horas que para los que viajan en el primer vehículo es particularmente aciago. Hasta cuatro veces han de bajarse del coche a expulsar las consecuencias del mareo provocado por las innumerables curvas del Desfiladero de La Hermida, el Puerto de San Glorio y el Puerto de Pandetrave, llegando a la aldea leonesa de Caín (460 metros) pálidos como la caliza por la que vamos a trepar.
Aquí nos espera el octavo integrante de la expedición, Javier, al tiempo que compartimos el espacio con algunos atletas que están realizando la travesía de los tres macizos y con Manuelber, que tiene un poco abandonado el foro, y que está haciendo labores de apoyo a alguno de los participantes. Pero mientras ellos enfilan hacia la Canal de Dobresengos nosotros acometemos la suave Senda del Cares en dirección a Puente Poncebos cuando son las nueve y veinte de la mañana. Cuatro puentes –Los Pinteros, La Presa, Los Rebecos y Bolín- nos dejan en la margen izquierda del Río Cares, por donde alcanzamos la solitaria Casa de la Sota (450 metros).
Llegando a la Casa de la Sota.
Visto desde arriba cualquier bajada hacia las profundidades del río parece imposible, pero a la derecha de la cabaña, cerca de un par de árboles se adivina un senderillo entre el pedrero que se pega a la pared y baja de manera increíble en pequeños destrepes donde resulta útil asirse a todo lo que se encuentra a mano, incluidas las hierbas que nacen entre las rocas.
La bajada a Los Papos.
Más abajo nos facilita el descenso el cauce seco de la Riega de Cerezales, por la que accedemos al fondo de la garganta donde nos vemos obligados a descalzarnos para cruzar el Río Cares por Los Papos (360 metros). Al otro lado se encuentra ya otro grupo compuesto por tres parejas que llevan nuestro mismo camino.
Me siento impresionado al ver desde aquí por donde hemos bajado pero el sentimiento se torna a incertidumbre, duda y cierto miedo a lo desconocido al fijarme en los desventíos por los que hemos de introducirnos ahora. Un estrecho sendero medio perdido toma altura por una pared herbosa de gran verticalidad en la que hemos de asirnos a la hierba como única presa para no dar con nuestros huesos en el río de nuevo.
Poco más arriba nos encontramos con un paso horizontal sobre una repisa igualmente herbosa de la anchura de la bota y poco más. A la derecha caída libre hacia el río, protegida únicamente por algunos arbolillos que nacen en horizontal y de los que dudo sean capaces de aguantar mi peso en caso de que la repisa ceda a mi paso.
Bufando por la tensión y la satisfacción encontramos después un precioso paso escalonado y protegido que se supera en fácil trepada para salir junto a una Cueva (425 metros). A partir de ahora la hierba se alterna con la roca y la piedrecilla suelta, por lo que hemos de seguir ganando altura con muchísima precaución pues el fondo del barranco sigue estando ahí.
Diversos pasajes de diferente dificultad y pendiente donde se aprecian restos de antiguas armaduras colocadas por los pastores nos acercan a una zona arbolada junto a un gran Peñasco (500 metros) que obstruye la Canal de Ría, en la que entramos por la izquierda a cierta altura sobre el fondo de la riega que parece completamente seca.
Entrando en la Canal de Ría.
Los tilos nos acompañan ahora en una subida que no tiene más dificultad que ir superando metros de desnivel con paciencia y tranquilidad. Los más jóvenes suben ahora con la celeridad que les proporciona sus robustas y poco castigadas piernas, mientras que Antonio y yo ganamos altura al ritmo que nos permite nuestro viejo motor de gasoil. Nos acompaña Javier que es el menos acostumbrado a estas palizas y al que noto un poco asustado aún por los desventíos que ha superado.
Cada cierto tiempo nos esperan y así vamos superando más o menos juntos las fuertes pendientes de la Canal de Ría hasta el Pasadizo de la Riega (785 metros), allí donde cruza el sendero que viene de Cuesta Duja hacia Piedra Bellida, recorrido que realizamos no hace mucho tiempo.
El sol pega aquí con fuerza y aún no hemos cubierto ni la tercera parte de nuestro recorrido, así que ganas me dan de escapar por la Horcada del Cuebre o el Horcado Turonero y dejar la aventura prevista para una mejor ocasión. Es broma. Lo cierto es que sigo ilusionadísimo con el proyecto y concienciado de que aún a rastras he de llegar a la Collada del Agua que ni se adivina rodeados como estamos de infranqueables paredones por todos lados.
A la sombra de un peñasco nos tomamos un largo descanso antes de seguir ahora por el fondo de la riega, lo que nos obliga a usar las manos para realizar cortas trepadas. Ya vemos ahí arriba el evidente desvío de la Canal del Agua, marcado por un vertical paredón que separa ambas canales.
Entrando en la Canal del Agua.
Cuando llegamos a la Canal del Agua (1.090 metros) Javier se da cuenta que ha olvidado las gafas en el punto donde hicimos el descanso y ha de perder más de cien metros para recuperarlas. Al no querer hacer esperar mucho a los demás baja y sube con excesiva rapidez y eso le va a pasar dura factura en el resto de la ascensión en forma de calambres.
El acceso a la Canal del Agua se hace prácticamente por el mismo cauce que tiene una gran inclinación, ganando altura sin excesivos problemas hasta encontrarnos con la muralla que se desprende de Los Traves. Hemos de salir entonces por la derecha con algunas trepadas de cierta dificultad por terreno mixto de hierba y roca, con algún paso horizontal ciertamente complicado. Por donde mejor lo vemos accedemos al fondo de la canal cubierta de bloques rocosos que superamos en trepadas de diversa dificultad.
Para quienes somos amantes de los terrenos de estas características supone todo un gozo ir superando uno tras de otro pasos de las más diversas formas, pero ofreciendo siempre buenos agarres que me hacen disfrutar como pocas veces. Lo peor es el tremendo calor y el sol situado en todo lo alto que castiga sin piedad, lo que nos obliga a aprovechar cualquier atisbo de sombra que puedan ofrecer los grandes bloques de la riega.
Un momento para el descanso.
Una de estas sombras se encuentra en una pequeña Plataforma (1.250 metros), lo único llano que hemos visto en mucho tiempo y donde nos detenemos a comer algo más consistente, pues aún nos quedan 900 metros de desnivel que superar, o sea que estamos en la mitad aproximadamente.
Más arriba resulta imposible continuar por el fondo de la canal pues hay dos saltos consecutivos muy verticales y con la roca lavada que no ofrece buenos agarres. Nos salimos a la derecha trepando las llambrias no sin grandes dificultades. Unos se suben a lo alto de la cresta que separa las dos canales pero otros seguimos a Antonio que tiene un sexto sentido para descubrir pasos inverosímiles. Así trazamos una diagonal ascendente hacia la izquierda con evidentes riesgos de deslizarnos al fondo de la canal, pero que resulta evidente es el paso utilizado por las cabras, como demuestran los excrementos que encontramos en ocasiones.
Marta con el Jultayu de fondo.
Accedemos así de nuevo al fondo de la canal por encima de los dos saltos y seguimos trepando por los enormes bloques que abundan en la riega. La subida me está resultando especialmente dura pero creo que más por el calor y por los problemas físicos de Javier que por las trepadas en sí, pues estoy disfrutando como pocas veces. Me siento deslumbrado por las características de esta canal que no ofrece un momento de descanso, teniendo bien merecida su fama; el ligero temblor de piernas que me asalta a veces no sé si es por el cansancio o por la emoción de vivir esta inolvidable aventura.
Cuando el calor más aprieta me veo sorprendido por un pequeño agujero de apenas diez centímetros de diámetro que expulsa un chorro de aire fresco. No encuentro explicación a este milagro de la naturaleza pero tampoco quiero analizarlo ni preguntarme de dónde procede, solo sé que me viene de maravilla para llenar de aire fresco mis pulmones y conseguir un nuevo impulso antes de salir a una Abertura (1.520 metros) donde la canal se ensancha.
Ahora la progresión resulta más sencilla pues hay más terreno donde elegir, encontrándonos aquí de nuevo con el grupo que salió antes que nosotros y con los que estamos haciendo la goma. Son también de La Tierruca y cuando ellos paran a descansar les pasamos; cuando paramos nosotros son ellos los que toman la delantera.
El grupo que nos acompaña en la subida.
Aquí nos desviamos un poco a la derecha para subirnos a la cresta que nos separa de la Canal de Ría, ofreciéndonos una impresionante visión sobre el fondo de esta canal que abandonamos hace un buen rato ya. Volviéndonos hacia el oeste podemos gozar también de una preciosa visión sobre el Macizo Occidental donde destaca, cómo no, la afilada silueta de la Peña Santa acompañada de todas las cumbres que se quedan un tanto empequeñecidas ante la majestuosidad de la reina del Cornión.
En un momento en que la canal vuelve a estrecharse encontramos otro milagro que nos ofrece la naturaleza. Bajo un gran bloque rocoso encontramos una Fuente (1.740 metros); más que una fuente son cuatro chorritos de agua que tardan una eternidad en cubrir una pequeña parte de las cantimploras, pero bendita espera y bendita la frescura que ofrecen sus gotas al deslizarse por mi cuello y mi cabeza.
Remontamos después un gran pedrero que se sube muy bien por la derecha, aprovechando al tiempo la escasa sombra que ofrece la pared que tenemos a ese lado. Poco a poco nos vamos aproximando al final de nuestra aventura que se hace especialmente duro para Javier que sufre de tirones y calambres, por lo que hacemos abundantes paradas al objeto de que no se sienta agobiado pues tenemos todo el tiempo del mundo para llegar al refugio.
Con Peña Santa de testigo.
El terreno se va abriendo y se adivina ya la collada aunque no llega a verse, momento en que Javier se derrumba y se deja caer en el suelo atacado por los calambres que le impiden continuar. Son apenas cincuenta metros lo que nos separan de la Collada del Agua (2.144 metros) pero necesita unos veinte minutos de recuperación antes de poner sus pies en este punto que a buen seguro recordará toda su vida.
En la Collada del Agua.
Los dos grupos hemos llegado prácticamente al tiempo y junto podemos gozar del descanso y de la maravillosa panorámica que nos ofrece este lugar. De frente, hacia el este, Los Albos, Torres Areneras, Neverón de Urriello y La Párdida conforman un murallón de ensueño que ampara al Jou de los Cabrones. Más a su derecha, las Agujas y el Pico de los Cabrones nos muestran con cierta provocación sus afiladas y recortadas aristas como diciendo: “ven si te atreves”.
Todo nuestro grupo con el fondo de las Agujas y el Pico de los Cabrones.
A la derecha los Picos Dobresengos y a la izquierda los Cuetos del Trave flanquean nuestra entrada al Jou de los Cabrones, al que bajamos tras una larga y animada estancia en la collada. En el Refugio (2.034 metros) nos acoge con su proverbial cercanía el amigo Sergio que estaba preocupado porque no aparecía nadie de los muchos que habíamos efectuado reserva.
Tras refrescarnos en la generosa fuente y cambiar nuestras sudorosas ropas mantenemos una agradable tertulia en lo que supone sin duda uno de los mejores momentos de una actividad en grupo. Si encima tenemos la suerte de contar con una cena “made in Sergio” pues miel sobre hojuelas. Entre pecho y espalda me meto plato y medio de alubias blancas, luego arroz con albóndigas hasta reventar y como postre natillas. Quién se acuerda ya de las penalidades de la Canal del Agua?
Como colofón a un día inolvidable subimos de nuevo a la Collada del Agua con la esperanza de ver la puesta del sol pero llegamos algo tarde pues acaba de ser engullido por la bruma, dejándonos a pesar de eso unos tonos anaranjados que realzan más si cabe la hermosa silueta de la Peña Santa.
Mañana nos espera otra dura jornada con ascensiones a Torrecerredo, Torre de Coello, La Bermeja, el descenso al Hoyo Grande por el Paso de la Bermeja y el regreso a Caín por la Canal de Dobresengos.
Pero es OTRA HISTORIA que quizás algún día sea contada.
Un saludo.
Jose.



