Atravesar el Macizo Central de los Picos de Europa sea cual sea el itinerario elegido resulta altamente gratificante por el magnífico entorno que acompaña en todo momento. Para este pasado domingo nuestro Grupo de Montaña programó un recorrido que se puede calificar como el más clásico en dirección sur-norte y que discurre por lugares conocidos por casi todos.
Cuando llegamos a Fuente De solamente Justo está por la labor de ascender por la Canal de la Jenduda, en cuyas inmediaciones se encontrará con otro forero, val, con las consecuencias que hemos leído en otro mensaje. Los demás pensamos en lo largo del recorrido hasta Poncebos y aprovechamos la comodidad y rapidez del teleférico.
Los primeros pasos por Lloroza.
Comenzamos a caminar en El Cable (1.834 metros) cuando son las nueve y media de la mañana, intentando desembarazarnos de la poco consistente niebla que pulula por los Hoyos de Lloroza. La temperatura es fresca pero por arriba el cielo se ve totalmente despejado, emergiendo enseguida las siluetas de la Peña Olvidada y Peña Vieja por encima de las nieblas.
Tras pasar junto a la Horcadina de Covarrobres van quedando a la izquierda los Pozos de Lloroza, de los cuales solo uno conserva agua y no mucha precisamente. Una vez en La Vueltona (1.960 metros) el ancho camino se convierte en una estrecha senda que remonta los pedreros que se desprenden de la Peña Olvidada y Peña Vieja, cuyas paredes se muestran aparentemente inaccesibles por esta vertiente.
Por el Sendero Bustamante.
Al poco comenzamos a tener una magnífica vista sobre todo el cordal que se extiende desde la Torre de Altáiz hasta Torre Blanca, girando luego sobre los Hoyos Sengros hacia el Pico Tesorero y la Torre de Horcados Rojos. Es precisamente hacia este vertical paredón donde toma dirección el Sendero Bustamante, cruzándonos con algunos montañeros que bajan con grandes mochilas, uno de los cuales es conocido, comentándonos que lleva quince días por aquí. ¡Qué envidia!
Desde hace rato destaca también un minúsculo punto plateado al pie del Pico Tesorero que poco a poco va ganando en tamaño y que no es otro que el refugio de Cabaña Verónica. Antes de llegar a él pasamos por un cruce de caminos donde hay una desviación a la derecha que sube a Peña Vieja y otras cumbres de la zona por el Collado de La Canalona. Nosotros seguimos a derecho para perder unos metros y recuperarlos luego por la base sur de la Torre de Horcados Rojos, dejando a la izquierda la brillante cúpula de Cabaña Verónica.
Desde la subida a Horcados Rojos.
Subimos luego en pocos minutos a la extraordinaria atalaya de la amplia collada de Horcados Rojos (2.344 metros) que nos regala una extraordinaria panorámica en la que destaca la verticalidad de la cara oeste del Picu Urriellu. Junto a él, los Camapanarios, Tiros Navarro, Santa Ana, Neverón, La Párdida, Boada y Picos de Arenizas conforman un precioso conjunto de cumbres que se levantan sobre los desolados Jous de los Boches y Sin Tierre y con el fondo de un vistoso mar de nubes sobre la Cuenca del Cares y la Costa Asturiana.
El Picu desde Horcados Rojos.
Tras un corto descanso reanudamos la marcha que parece no tener continuación pues de frente se abre el vacío hacia el Jou de los Boches. Hemos de ganar aún unos metros en dirección a la Torre de Horcados Rojos para encontrar un paso asegurado con un largo cable de acero. Tras unos metros horizontales el cable comienza a perder altura hacia el Jou por un terreno menos complicado de lo que puede parecer visto desde arriba. En muchos tramos el cable se hace innecesario pero ayuda a seguir el buen itinerario que también está señalado con marcas de pintura amarilla.
En un momento dado dejo a mis compañeros para regresar al collado de Horcados Rojos a esperar a Justo y acompañarle en el descenso para que no se sienta tan solo tras su ascension por La Jenduda. Media hora más tarde hace sus aparición y juntos nos dejamos caer con cierta rapidez no exenta de precaución hacia el Jou de los Boches (2.140 metros).
En el descenso hacia el Jou de los Boches.
Se baja bien pero hemos de tener especial cuidado con las rocas pulidas, brillantes, que denotan el paso habitual de los montañeros, así como con la humedad que guarda la pared por alguna reciente tormenta. Una vez en el Jou nos sentimos apabullados por la soledad y la inmensidad de las paredes calizas que nos rodean, sin poder evitar la tentación de volvernos hacia atrás y contemplar todo el itinerario de la bajada que resulta espectacular.
El Jou de los Boches.
Salimos del hoyo por la Garganta de los Boches, una estrechez del terreno que se abre al Jou Sin Tierre, el cual rodeamos por la derecha sin apenas perder altura. A la derecha tenemos la marcada Horcada del Lebaniego como acceso a la Morra, los Campanarios y el Valle de las Moñetas, mientras que al otro lado se dibujan otras dos horcadas muy transitadas, Caín y Don Carlos, separadas por la Torre del Oso. Por la primera se enlaza con la Canal de Dobresengos a través del Hoyo Grande y por la segunda con el Jou de Cerredo.
Entre los dos jous.
El Jou Sin Tierre.
En el fondo del jou se dejan ver algunos rebecos y en su salida norte la niebla comienza a superar la Garganta del Jou Sin Tierre, otra angostura que nos separa de la Vega de Urriello. Superamos esta garganta con una pequeña trepada y en el descenso a la vega nos vemos cubiertos por una espesa niebla que nos niega la hermosa visión de la cara oeste del Picu Urriellu.
La llegada al refugio entre la niebla.
La niebla es tan densa que no vemos el Refugio de la Vega de Urriello (1.953 metros) hasta que no estamos frente a él. Aquí nos reunimos con el resto de los compañeros y aprovechamos el amplio comedor para dar cuenta de los bocadillos en buena armonía y a salvo de la gran humedad que produce la niebla.
Un buen rato después reanudamos la marcha tomando una senda a la izquierda de la morra que preside la entrada a la vega por el norte. Ella nos lleva a los dominios del Jou Lluengo donde hemos de superar un destrepe complicado, más por la humedad de la roca que por su complejidad técnica. La niebla apenas nos deja ver más allá de veinte metros pero la senda balizada con jitos discurre por la vertiente occidental del Jou, bajo las paredes que se desprenden de las Torres Areneras y Los Albos.
Destrepe en el Jou Lluengo.
La humedad nos obliga a caminar con precaución pero más abajo alcanzamos una buena pedrera por la que descendemos con más alegría y rapidez hasta las inmediaciones de la Majada de Camburero (1.350 metros), cuyas antiguas y derruidas cabañas emergen de la niebla como fantasmas de piedra.
Varios resbalones e incluso alguna caída provocada por lo resbaladizo del terreno nos hacen ver que hemos de caminar con las máximas precauciones. Giramos ahora hacia la derecha para tomar la empinada Canal de Camburero, donde la humedad y el barrillo dejado por el paso habitual de ovejas y cabras convierten el descenso en una pista de patinaje.
La Canal de Camburero.
Nuestra principal preocupación es ahora mantener el equilibrio y por eso la bajada se hace larga y pesada. Tardamos un mundo en acceder a la seguridad del Jou Bajo (1.020 metros) aunque el terreno franco acaba enseguida en la Garganta, un estrecho paso donde se levanta la niebla y en el que hemos de transitar por el cauce de la riega, seca pero repleta de musgos resbaladizos y peligrosos. Nuevamente hemos de realizar un destrepe delicado en su último tramo para acceder a la herbosa y casi llana Canal de Balcosín que nos permite un rato de relajación.
Por la Garganta.
La Canal de Balcosín.
Pero la tranquilidad se pierde a la entrada de la Voluga de Castisierra, otra angostura por la que baja el poco agua que lleva la riega. Tras superar este delicado paso damos vista al barrio La Villa de Bulnes (647 metros), donde entramos siguiendo un sendero igualmente resbaladizo.
Llegando a Bulnes.
Unos refrescos en el bar de Rafa para quitar tensiones en buena compañía, Rafa, Pablo y el hijo de Montse (no recuerdo su nombre). Media hora después tomamos el trillado camino que pasa junto a la entrada del funicular y que por la Canal del Tejo baja a Poncebos (220 metros), donde llegamos tras un tortuoso desnivel descendente de más de 2.100 metros.
Afortunados nos podemos considerar por el desarrollo de esta preciosa travesía a pesar de la niebla, pues el echo de no haber sufrido ningún accidente en terreno tan peligroso ya es suficiente.
Un saludo.
Jose.


