La elevada y bella aldea lebaniega de Brez (730 metros) nos recibe con una acogedora quietud cuando aún no son las ocho de la mañana. En sus amontonadas viviendas no se respira señal alguna de vida y solo dos chuchos nos reciben con apagados ladridos, como no queriendo despertar a sus dueños.
Inquietantes y oscuras nieblas nos ocultan las cumbres de los Picos de Europa y todo aquello que se levanta por encima de los mil metros, lo cuál no me provoca sentimiento de preocupación alguno pues la baja cota de la niebla asegura un magnífico día por encima de ella.
La aldea de Brez al amanecer.
Atravesamos el dormido pueblo en dirección noreste, pasando junto a unos apartamentos turísticos y dejando a la izquierda la pequeña iglesia, cuyo campanario se enmarca en la niebla con cierto halo de misterio. Nuestro camino, una pista balizada como Sendero de Pequeño Recorrrido, apenas gana altura rodeando por la derecha el agreste Castro de las Cerrás, acompañados por robles en principio y los hayas cuando hemos subido un poco más.
Vamos dejando a la derecha algunas desviaciones que bajan a la vecina aldea de Lon y a praderías entre el bosque, para salir un buen rato después a una zona despejada donde el camino se bifurca en un Desvío (900 metros, 40 minutos) junto a un letrero informativo del Parque Nacional.
Cuando bajan las nieblas.
A la izquierda sigue el Sendero de Pequeño Recorrido y de frente se acomete la subida hacia la Canal de las Arredondas que permanece invisible por la niebla que nos comienza a envolver poco más arriba. Antes atravesamos el lecho casi seco del Arroyo de la Vega, que junto a otras riegas que bajan por diferentes lugares conforman el corto Río Burón que entrega sus aguas al Deva en San Pelayo.
Seguimos ganando altura por su margen izquierda de manera más fuerte por un estrecho sendero que realiza alguna revuelta por Las Allemas, dejando al otro lado un estrecho canalón por donde bajan las aguas procedentes de las canales de Untuje, Malluengo y Argomoso. Poco más arriba entramos en la base de la Canal de las Arredondas (1.200 metros, 1 hora 20 minutos) que vamos a dejar para otro día pues nuestro objetivo para hoy es otra canal que asciende paralelamente.
Entrando en el espectacular nevero.
Para entrar en ella hemos de desviarnos a la izquierda por un pisado sendero que nos lleva enseguida a las Cabañas de Lon, una antigua majada de la que apenas quedan los restos de una de las construcciones. Sobre ella tenemos el escarpado Peñón Somermejo que hemos de rodear por la izquierda para adentrarnos en la Canal de Malluengo, cuyo inico está taponado por un inmenso nevero que parece cortarnos el paso,
Acercándonos a él la sorpresa primero y la admiración después se va apoderando de nosotros pues en su interior el agua de la riega ha excavado un enorme túnel de no menos de treinta metros de largo y unos cuatro metros de altura. Totalmente alucinado me aventuro por el interior de esta obra de ingeniería de la naturaleza que me reserva aún la gran sorpresa de ver cómo en el lado opuesto se abre otro agujero por el que puedo salir sin demasiados problemas.
Desde el interior del túnel.
Antonio se muestra más prudente que yo y prefiere superar el obstáculo por el exterior, trepando una panda herbosa y uniéndose a mí en un sendero de cabras que remonta hasta la arista que separa las canales de Las Arredondas y Malluengo. Nosotros ascendemos por la vertiente de esta última cuando las nieblas parecen comenza a disiparse y los perfiles de los Picos de Europa se recortan en el cielo de manera inesperada e imponente.
Cuando las nieblas se levantan.
Llegamos así a una Collada (1.400 metros, 2 horas) entre ambas canales donde nos permitimos una pequeña sentada para admirar todo lo que nos ofrece con gratuidad la naturaleza. Por debajo un inmenso mar de nubes que cubre La Liébana y sobre él la hermosa blancura de la caliza que moldea un quebrado paisaje donde podemos reconocer algunas de las más renombradas cumbres del Macizo Oriental.
Lo que más destaca a primera vista es la conocida imagen del Collado Untuje de Lon pero me siento algo sobrecogido al contemplar la fragosidad y verticalidad de canales poco conocidas como Argomoso, Truéganos o La Graja, por las que pretendemos aventurarnos.
El sendero de cabras que seguimos es una preciosidad, por lo que ganamos altura despacio y degustando cada paso y cada rincón que nos ofrece este poco visitado paraje del Macizo Oriental. Una afilada aguja de aspecto inabordable se levanta por encima nuestro, dividiendo la pared y las canales, tomando nosotros por la derecha para atravesar la Canal de los Truéganos (1.610 metros, 3 horas) y llegar a una collada por encima de la citada aguja.
Mar de nubes sobre La Liébana.
Antes, un pisado sendero nos ha desviado a la derecha para superar un precioso sedo que comunica de manera vertiginosa con al Canal de las Arredondas, permitiéndonos una magnífica visión de las cumbres de su cabecera, pero como ese no es nuestro camino hemos de regresar a la Canal de los Truégamos.
La canal hacia abajo.
A la derecha de la aguja se abre una nueva canal, La Graja, que bordea por la derecha la imponente pared de la Tabla del Pino, entre esta preciosa cumbre y los derrumbes inferiores de Silla Caballo. Acometemos la subida de esta dura canal zigzagueando en principio por una panda mezcla de hierba y piedra que evita el pindio e inestable pedrero, aunque finalmente no nos queda más remedio que entrar en él.
La Canal de La Graja.
Nos arrimamos entonces a la pared de la izquierda para aprovechar los apoyos que nos ofrece y cuando la canal se angosta se forman dos canalizos, decidiéndonos a trepar por el de la izquierda en el sentido de la subida. La trepada no es difícil pero hay que poner mucho cuidado pues a veces la piedra está muy lavada y los apoyos escasean. Ignoro si el canalizo de la derecha está en mejores condiciones pero por aquí hay que subir bastante concentrado.
Al salir del canalizo nos encontramos en una especie de pequeño hoyo pedregoso cubierto en parte por un nevero, desde donde vemos ya la Horcada del Pino Cimero (2.110 metros, 4 horas 50 minutos) a la que llego bastante cansado. Antonio ha subido de manera directa pero yo me he aventurado por la izquierda para intentar ganar una cumbre que no sé exactamente si es la Tabla del Pino. La subida ha sido dura y al final me he quedado en una antecima tras dos trepadas bastante complicadas.
He de bajar de nuevo al hoyo y remontar la última rampa que me sitúa en la horcada, la cual deja ver una inusual imagen de la cercana Morra de Lechugales, al otro lado de la profunda canal del mismo nombre. Observamos también las cumbres del Prao Cortés, Pico Cortés y la Horcada del Jierru, así como La Liébana, La Junciana y el Sagrado Corazón a nuestras espaldas.
La Morra de Lechugales desde la Horcada del Pino Cimero.
La Liébana desde la misma horcada.
Tras disfrutar durante un buen rato de este precioso y poco conocido lugar nos dejamos caer por la ladera para entroncar con la impresionante Canal de Lechugales, una de las más duras y largas de los Picos de Europa. En sentido ascendente nos quedarían unos trescientos metros de desnivel para alcanzar la Horcada de Lechugales, pero nuestro camino sigue hacia abajo por unos enormes canchales de grandes piedras por los que se desciende con bastante comodidad. Más abajo la canal se corta en una hoya cubierta por un gran nevero que rodeamos por la izquierda, perdiendo altura a partir de ahora por una zona algo más complicada en la que nos guían algunos jitos.
La Canal de Lechugales.
Caundo las paredes que flanquean la canal por la izquierda pierden vigor se adivina un sendero de animales que se encarama en la roca y que la supera por un escondido Sedo (1.685 metros). Por este precioso paso que superamos con una corta trepada abandonamos la Canal de lechugales y nos dirigimos hacia la Canal Untuje de Tanarrio que alcanzamos tras superar dos riegas, un par de estrechos canalones y un terreno bastante incómodo.
Desde el interior de la cueva.
Accedemos a la canal junto a una Cueva (1.545 metros, 6 horas y media) que sirve de refugio al ganado y en esta ocasión también a nosotros pues nos ofrece una sombra con la que combatir la fuerza de un sol justiciero que calienta lo suyo cuando son las tres de la tarde. Apenas tenemos hambre pero nos obligamos a descansar y comer algo a pesar de la suciedad del habitáculo que presenta un piso cubierto por el excremento de los animales que aquí se refugian.
La frescura de la cueva y los alimentos nos dotan de la suficiente fuerza como para acometer la corta pero penosa subida por esta nueva canal que nos sitúa en lo alto del Collado Untuje de Tanarrio (1.666 metros), paraje de gran belleza que nos ofrece la visión del otro Collado de Untuje y de la entrada a los Puertos de Áliva por el Collado de Cámara, el cuál se abre entre Cumbre Avenas y los Picos de Cámara.
Collado Untuje de Tanarrio.
Un marcado sendero por el que encontramos un rebaño de ovejas comunica los dos collados pasando por el cuenco y la fuente de Trambospandos, cuyo seco caudal escapa por un estrecho embudo que nunca he transitado. Una vez en el Collado Untuje de Lon (1.609 metros) vemos una fortísima canal herbosa que baja hacia la Canal de las Arredondas, viendo en su final el tremendo nevero por cuyo interior pasé esta mañana.
Pero nuestro camino no es ese. Hemos de seguir hacia el este perdiendo altura ligeramente por la falda del Picón de la Corredoira en dirección a un visible jito natural formado por un peñasco aislado. Pasado éste nos encontramos con el Sendero de Cortinas, un vertiginoso paso que discurre casi en horizontal por las inclinadas pandas que se desprenden por las laderas norteñas del Picón de la Corredoira y el Peñón Parboli.
Por el Sendero de Cortinas.
Por si no llevábamos suficientes emociones en esta inolvidable jornada de montaña hemos de flanquear ahora este aéreo sendero que no permite descuido alguno, salvo que quieras acabar con los huesos en Las Allemas, unos cuatrocientos metros por debajo.
No existen pasos de dificultad técnica objetiva pero el ambiente es muy aéreo y en el piso se alternan algunos tramos de roca firme, pocos, con la tierra y la hierba resbaladiza. No sería yo quien se metiera en este berenjenal con el piso húmedo pero hoy la sequedad es total y con las debidas precauciones no tenemos mayores problemas.
Las canales subidas por la mañana, vistas desde Cortinas.
El sendero está perfectamente marcado por el paso habitual de cabras y ovejas, finalizando en una loma herbosa que se abre a La Liébana y a una tremenda cuesta cerca del Collado Parbolí (1.535 metros, 7 horas 20 minutos). Hemos de bajar ahora por la pindia y tremenda Cuesta Parbolí aprovechando una débil senda terrosa que se hace interminable por el cansancio que llevamos acumulado y el tremendo calor.
Las vistas sobre La Liébana y las montañas que rodean el valle son una maravilla pero los sentidos se diluyen ante el agotamiento que se ha instalado en mi cuerpo, bajando de una manera mecánica y con las rodillas tambaleándose por el esfuerzo.
Esta primer cuesta finaliza un buen rato después en el Collado de las Vegas (1.240 metros), al pie del Alto de los Cabezos, esperándonos ahora otra bajada, más corta pero igulamente cansada hasta enlazar con una pista que sube desde el pueblo de Brez (730 metros, 8 horas 40 minutos), donde las frescas aguas de su fuente provocan un efecto revitalizador en mi organismo.
Brez.
La satisfacción que siento supera con creces el agotamiento. Además, mañana o pasado estaré físicamente recuperado pero el deleite y el gozo que me ha producido la actividad montañera perdurará largo tiempo.
Un saludo.
Jose.



