Y hay tiempo y olvido, de eso trata este reportaje. Es una ruta por caminos de tierra y olvido. En busca de huellas de piedra allá arriba, detrás del cielo azul.
En un libro que me gusta mucho, "Pedro Paramo", de Juan Rulfo, alguien va a un pueblo abandonado llamado Comala en busca de
un pasado que puede darle un futuro. Yo he ido a mi Comala particular, a Vallemoru, a darle luz, sonido, olores, a una
voz del pasado que me hablaba del tiempo en que mi bisabuelo vivía allí.
La luz del sol entre los árboles, la luz reflejada en la piedra gris, el sonido del río, el olor de los helechos. A eso fui.
La ruta parte de Taranes, en el concejo de Ponga. La carretera que llega a Taranes sigue por el interior del pueblo hasta convertirse en una pista hormigonada cerca del final del mismo.
Hay una fuente junto a la pista, en el pueblo:
La pista asciende rápidamente y Taranes se ve más y más pequeño. A la derecha de la foto se intuye la Foz de la Escalada, entre las escarpaduras que descienden del Tiatordos y de la Peña Taranes:
Un vistazo general del concejo. Al fondo a la izquierda se dibuja un perfil muy presente en el horizonte de multitud de montañas asturianas, el del Macizo Occidental:
El hormigón dura poco más de tres kilómetros, finalizando en lo alto de la Collada de Taranes. Desde Taranes a este punto hay un desnivel de poco más de 400 metros. La pista, en buenas condiciones pero de tierra ahora, prosigue en llano bajo la muralla rocosa de la Peña Taranes durante unos dos kms, quizá tres, rodeada de un espeso bosque de hayas, hasta llegar a otra collada, la Collada de Llue.
Hay fuentes tanto en el tramo entre colladas como en la Collada de Llue. Una foto desde el tramo:
Ya en la collada... "Llanuras verdes. Ver subir y bajar el horizonte con el viento que mueve las espigas..."
La pista, casi camino ancho, más bien, desciende hasta otra collada cercana y se adentra posteriormente con una mayor pendiente en el bosque que cubre la ladera, siempre en descenso.
No dejará de descender hasta llegar al río Vallemoru, unos 500 metros más abajo.
El único desvío que hay que tomar está junto a los restos de una cabaña, donde el camino tuerce a la derecha y sale un ramal en peor estado hacia la izquierda.
Debe irse a la izquierda y pasar junto a los restos de la cabaña. En la foto:
Por el interior del bosque:
De vez en cuando el bosque se abre y atisbos de nuestro destino se vislumbran en su formidable emplazamiento,
un barranco sobre el río Vallemoru:
(hay, o mejor dicho había, un pueblo ahí, en mitad de la foto)
Un vistazo hacia la izquierda, hacia el cauce del río Vallemoru aguas arriba:
El camino baja hasta el río, lo cruza por un puente de madera y asciende en dirección al pueblo por la ladera opuesta a la que hemos descendido.
Al fin en Vallemoru:
¿La vegetación vive ahora en las casas o las casas en la vegetación?
Debajo de la tierra de las calles asomaban piedras gastadas por los pasos de la gente.
La lluvia (excursionistas ocasionales aparte) ha tomado el relevo con sus múltiples y pequeños pies, aunque ese día lucía un sol casi cegador:
Un vistazo al cauce del río Vallemoru (aguas abajo) desde la zona del pueblo más alta y asomada al barranco:
Casas y árboles, árboles y casas
No todo eran ruinas, algunas casas están en bastante buen estado. Según nos comentaron en Taranes, son propiedad de algunos vecinos que van de vez en cuando a Vallemoru.
También nos comentaron que hay dos fuentes en el pueblo, según se sube por el interior del pueblo a la izquierda.
De vuelta, un último vistazo al pueblo. El zoom de la cámara lo acerca, pero está lejos... lejos en el tiempo, su tiempo está cada vez más lejos:
La peña Taranes desde un alto situado en las proximidades de la Collada Llue. ¿Verdad que dan ganas de subirla?:
Eso es todo. En total echamos algo más de cuatro horas para ir y otro tanto para volver, a ritmo suave y con bastantes pausas.
Espero que el reportaje no haya sido demasiado extenso
Un saludo



