El amanecer es descorazonador. Con las primeras luces del día me asomo a la pequeña ventana y lo único que veo es una vaca pastando a unos diez metros del refugio. Todo lo demás es niebla, la misma fría, húmeda y desagradable niebla que dejamos ayer al acostarnos. De pronto se me vienen abajo todos los planes, la ruta tan cuidadosamente preparada para unir las majadas de Ario, Ostón, Beresna y Ondón se hace inviable con estas condiciones meteorológicas y me siento bastante frustrado y abatido.
Menos mal que mis compañeros de habitación, tres montañeros burgaleses (Pablo, Alfonso y Carmelo), un peculiar personaje asturiano, una jovencita eslovena (Ania) y mi colega Antonio no han cumplido con la amenaza de torpedear la noche a base de ronquidos y al menos he podido descansar y dormir unas ocho horas.
Cuando a las siete y media de la mañana salgo del confortable refugio me encuentro con un día muy fresco, siete grados en el último día del mes de julio, pero con la sorpresa de que en la niebla se dibujan ya los perfiles de la Cabeza Joulagua y la Cabeza del Covu, lo que me hace sentir tremendamente esperanzado de que acabe por levantar.
Tras el desayuno Antonio y yo nos ponemos en marcha saliendo del Refugio de Ario (1.630 metros) y contemplando un panorama esperanzador pues entre la niebla, cada vez menos densa, se abre un hueco que deja ver una tenue imagen del Pico de los Cabrones y Torrecerredo sobresaliendo de las nubes, justo por encima de la Cabeza del Covu y la Cabeza del Verde.
Cabrones y Torrecerredo sobre las Cabezas del Covu y El Verde.
El sendero nos eleva con suavidad hasta el paso de los Jitos de Ostón (1.680 metros) donde me siento sorprendido por la visión al completo de la ruta que tenemos previsto realizar, sin niebla alguna en ese sector. Revitalizado en mi ánimo sigo el paso marcado por Antonio, un paso contenido pero muy rítmico y constante con el que me siento muy a gusto y capaz de cubrir grandes distancias.
En la otra vertiente nos encontramos con un canalizo que se baja sin dificultad y después no tenemos más que seguir los jitos y los trazos de senda que nos ayudan a rodear por la izquierda un hoyo que se extiende hasta las paredes de la Cabeza Llambria y el resto del cresterío que realicé ayer por la tarde y donde me sorprendió la niebla que me hizo pasar un mal rato.
Luces y sombras al amanecer en la Garganta del Cares.
De frente tenemos la Garganta del Cares en su sector norte, magnificada por el juego de luces y sombras que provocan los rayos del sol al penetrar entre las nubes. El terreno es quebrado y a veces complicado pero los jitos nos ayudan a sortear las dificultades para dar vista enseguida a un profundo hoyo herboso, Joulagua, con aparentes signos de humedad y una llamativa roca de color ferruginoso.
Pasado el hoyo por su derecha me subo a la vecina Cabeza Chica (1.495 metros, 40 minutos) para dar vista allá abajo a las praderas y cabañas de Ostón con el fondo de la marcada Senda del Cares a su paso por Los Collados. Desde aquí parece que la manera más directa para llegar a Ostón es el descenso por la Canal de Montuco que tenemos a nuestra derecha, pero preferimos seguir los jitos que rodean la cumbre por la izquierda.
Ostón desde Cabeza Chica.
Bajamos así por El Beduyal, un terreno un tanto caótico e incómodo entre hoyos y el lapiaz que baja hacia las praderías del puerto, aunque nosotros pasamos de largo para acercarnos a Valdelafuente (970 metros, 1 hora 50 minutos) a rellenar nuestras camtimploras pues en la Vega de Ario las fuentes estaban secas.
Aprovechamos la parada también para tomar una decisión importante pues las nieblas reaparecen en forma de largos jirones que se extienden junto al Juracao de Beresna, en la zona por la que hemos de transitar. Según he leído se trata de un terreno muy agreste y complicado por el que resulta difícil orientarse si no hay visibilidad suficiente, así que se impone la razón y cambiamos de planes sobre la marcha. El desarrollo del resto del día nos dará la razón en cuanto a la decisión tomada.
Pando Culiembro y la Canal de Ría desde la Peña de Ostón.
Sobre las cabañas de Ostón.
Cruzamos los pastos de Ostón que presentan una sequedad alarmante y dejando las cabañas a la derecha nos encaramamos al magnífico mirador de La Peña (1.061 metros) donde nos regalamos unos minutos de descanso contemplando las maravillas que nos ofrece la Garganta del Cares, con los murallones del Collado Cerredo y el Monte Llué al frente. Tras la herbosa Canal de Pando Culiembro se adivina el pedrero de la Canal de la Raíz que se constituye desde este momento en nuestro nuevo objetivo
En el descenso a tomar la Canal de Culiembro nos encontramos con nuestros amigos del Refugio de Ario, los tres montañeros burgaleses y la chica eslovena que van hacia Caín y con los que compartimos el bonito descenso por la canal hasta la Cueva de Posadorio (770 metros), quedándose ellos poco más abajo en la fuente a reponer fuerzas.
En el descenso por la Canal de Culiembro.
Nosotros seguimos nuestro camino para enfilar el último tramo de la canal que nos lleva a enlazar con la Senda del Cares en Culiembro (450 metros, 3 horas 15 minutos), por la que seguimos en dirección a Caín hasta el Casetón de la Sota, lugar desde el que da miedo asomarse a los desventíos del Río Cares.
La Canal de la Raíz desde la Senda del Cares.
La bajada al Río Cares por la Canal de Cerezales.
Por aquí toda bajada hacia el río parece imposible pero por la derecha hay un par de árboles, descubriendo un jito junto a uno de ellos. Es el comienzo de un increíble sedo herboso y terroso en principio por el que bajamos agarrándonos a lo que podemos, generalmente a la hierba. Con muchísimo cuidado y plenamente concentrados superamos este vertiginoso paso que nos sitúa en el fondo pedregoso de la Canal de Cerezales.
El lecho seco y rocoso de la riega nos facilita ahora bastante el descenso y sin muchos problemas tomamos contacto con el Río Cares (365 metros, 3 horas 45 minutos) que apenas lleva agua en este lugar. El escaso caudal nos facilita el paso saltando sobre unas piedras, situándonos así en su margen derecha.
El Río Cares bajo el Casetón de la Sota.
El increíble paso de El Barrenao.
Dejamos a la derecha el débil sendero que sube hacia la Canal de Ría y continuamos por la orilla del río hacia abajo sorteando y saltando sobre grandes bloques rocosos. Tomamos así contacto con un impensable sedo por el que subimos agarrándonos de nuevo a lo que podemos, hierbajos, espinos, matojos y alguna que otra roca.
La tensión me hace resoplar como un condenado pues temo que en cualquier momento se desprenda alguno de estos apoyos tan raquíticos y demos con nuestros huesos en el río. Unos metros más arriba, tras la insegura trepada y mantener una desigual pelea con la vegetación, una vertical pared rocosa parece que nos va a impedir el paso. Eso mismo le debió pasar a quien transitó por primera vez por estos increíbles vericuetos, por lo que no tuvo otra ocurrencia que barrenar con dinamita la pared para abrirse paso.
Acongojado y al mismo tiempo admirado me siento al transitar por El Barrenao, este estrecho pasadizo abierto en la roca que es lo suficientemente ancho para pasar sin problemas, aunque se ha de poner un exquisito cuidado y no perder en ningún momento la concentración. La estrechez del barranco en este punto es tal que parece poder tocarse la pared de la otra margen y el cauce del río no llega a verse dado el desplome de este paso artificial.
La Canal de la Raíz hacia arriba.
La Canal de la Raíz hacia abajo.
Acostumbrado estoy a transitar por lugares expuestos y vertiginosos pero la congoja que me invade por aquí pocas veces la he sentido, teniendo que agradecer al mismo tiempo la compañía, serenidad, seguridad y aplomo de Antonio, pues en otro caso ya me hubiera dado la vuelta hace rato.
Pero bueno, tras este espectacular paso el barranco se abre y accedemos a una panda herbosa con vegetación por la que subimos a enlazar con la Canal de la Raíz (400 metros) que presenta dos partes muy diferenciadas, una central cubierta por un gran pedrero y los laterales tapizados por verdes pandas herbosas, todo ello con una inclinación exagerada.
Iniciamos el remonte de la canal por la derecha en el sentido de la marcha, aprovechando la superficie herbosa por la que se dibuja a veces el perdido trazo de un sendero de animales. Subimos así hacia un par de árboles que se encuentran más o menos a la altura de la Senda del Cares, por donde pasan ahora nuestros amigos de Ario y con los que nos comunicamos a voces.
Más arriba la vegetación se vuelve incómoda y punzante por lo que nos pasamos al centro de la canal para continuar la subida remontando las grandes piedras que por aquí conforman el gran pedrero central. Los bloques rocosos están bien afirmados y el único problema está representado por el cansancio y la tremenda pendiente de la canal que nos obliga a ganar metros de manera penosa.
La Canal de Ría desde la Collada Ventaniella.
Como no tenía previsto este itinerario vengo sin la documentación adecuada para localizar el lugar por donde discurre el Sedo Inabio y continuamente voy fijándome en los paredones de la izquierda en busca de un resquicio por donde puedea discurrir y que la peña no ofrece. La memoria me juega una mala pasada y no recuerdo la altura a la que se localiza este histórico paso.
Más arriba nos encontramos con el único episodio que puede consutuir el famoso sedo y que consiste en un pindio canalón bajo una peña con una especie de tombo de color rojizo. Mientras Antonio se dirige hacia él yo supero los pocos metros que me separan ya del final de la canal en el Collado Ventaniella (780 metros, 5 horas 10 minutos).
Desde aquí se puede acceder con cierta facilidad a la arbolada Canal de Ría y a la más escondida Canal del Agua, objeto ambas de una próxima excursión, si bien la niebla está suspendida hacia los mil doscientos metros y me impide ver su continuación hacia la Collada del Agua.
El canalón de acceso a la Cuesta Areños.
Desciendo ahora al encuentro de Antonio cabalgando sobre el magnífico pedrero que se desliza con suavidad bajo mis botas hasta la entrada del Canalón (660 metros). Nos espera ahora una continua trepada por un complicado terreno mezcla de hierba y roca donde no es fácil encontrar apoyos seguros, lo que me hace ver enseguida que no puede ser el famoso Sedo Inabio.
Llega un momento en que he de armarme de paciencia para encontrar un minúsculo resalte donde apoyar el pie izquierda y poder salir de un atolladero serio, pues no encuentro manera de impulsarme. La pérdida de un apoyo en tan resbaladizo terreno herboso supone un deslizamiento que no finaliza hasta el pedrero de la Canal de la Raíz.
Otro problema es que no sabemos si el canalón tendrá salida practicable por arriba, dudas que desaparecen al ver excrementos de cabras y poco más arriba unas pequeñas cuevas en la base de la peña. Junto a una cueva más grande salimos por fin a una Horcada (765 metros) que da vista a la Canal de Piedra Bellida y a la elevada cueva del Huerto de las Entradas.
Nos encontramos por fin en terreno conocido, un poco por debajo del Horcado Turonero Bajero y nos dejamos caer ahora hacia la Cuesta de los Areños, no sin echar antes un vistazo a la zona de Impividre por donde sale el Sedo Inabio que se va a quedar para otra ocasión. No me siento frustrado en ningún caso por no haber sabido dar con él, por el contrario me siento hasta cierto punto satisfecho pues esa circunstancia me obliga a volver por estos lugares. Hoy ya es tarde.
Pando Culiembro.
Lo que sí tenemos es un gran cansancio que compensamos en parte con una buena sentada cerca de la cabaña del Valleyu del Pando (660 metros, 6 horas) donde damos cuenta con cierta desgana de un poco de embutido y alguna barrita energética. La niebla pierde altitud a pasos agigantados y lo que es peor, acompañada de una carga de humedad que puede desembocar en lluvia en cualquier momento.
Por terreno sobradamente conocido bajamos ahora con rapidez por la Canal de Pando Culiembro hasta el Río Cares, le cruzamos por el Puente Vieya, subimos a Culiembro y por la transitada Senda del Cares acabamos muy cansados en Puente Poncebos (220 metros, 8 horas 20 minutos), donde nos espera el coche desde ayer.
Por último pedir disculpas a jose m., Sisifo, Puertochico, Victor León y tantos otros que han dado referencias sobre el Sedo Inabio y que yo no he sabido retener en mi memoria.
Un saludo.
Jose.




