Impresionado, doblemente emocionado me siento al haber realizado una ruta por parajes de incomparable belleza acompañados por la soledad y haber tenido la oportunida de conocer en ella a una persona por la que siento una profunda admiración. Gracias a sus libros he podido conocer antiguos caminos pastoriles por la Garganta del Cares de los que nunca había oído hablar e ignoraba su existencia.
Pero vamos por partes. Poco después de las siete y media de la mañana y acompañado por Antonio comenzamos a caminar en Rexes (250 metros) siguiendo fielmente el trazado de la famosa Senda del Cares. El calor se deja notar ya a esta temprana hora cuando remontamos las suaves pendientes que en media hora de plácido caminar nos dejan en el paso de Los Collaos (505 metros), tras haber sido rebasados por cuatro montañeros que suben a buen ritmo y con mucha prisa.
Las primeras luces del día en la Garganta del Cares.
Nosotros nos lo tomamos con calma y aprovecho para hacer alguna foto del maravilloso juego de contraluces que ofrece la Garganta con los primeros rayos de sol penetrando en las verticalidades de sus calizos murallones. Atrás van quedando canales a un lado y otro del Río Cares, teniendo siempre como guías las cumbres del Jultayo y Cabella Llambria iluminadas desde hace rato por el sol.
Al pasar por Culiembro (415 metros, 1 hora y media) el calor amenaza con dar al traste con nuestras hermosas expectativas para hoy, pero la sombra que vuelve a acompañarnos en algunos momentos nos hace ser optimistas pues la ascensión que pretendemos realizar por la ladera occidental evita el castigo del sol en buena parte de ella.
Desde el Casetón de la Sota estudiamos brevemente el acceso a las canales de Ría y La Raíz, objetivos próximos, y poco después estamos ante el Puente Bolín (415 metros). Una vez cruzado y junto a los restos del antiguo Puente de Trea trepamos una grieta en la roca por la que abandonamos la tradicional Senda del Cares y tomamos contacto con el viejo sendero que me sorprende pues se mantiene perfectamente marcado por zona herbosa, pudiéndose seguir sin ningún problema.
Este precioso sendero que discurre por la margen derecha del Río Cares se eleva con suavidad hacia la izquierda en dirección a la Canal de Recidroño, alcanzando enseguida el bonito salto de agua de Fuente Prieta, situado en un lugar de gran belleza natural y exquisita tranquilidad, apenas a cinco minutos de la masificada Senda del Cares.
Fuente Prieta
Más arriba volvemos a tomar contacto con la riega pero luego la senda se desvía hacia la derecha para encontrarnos con un increíble paso horadado en la roca, La Tranvia, que se abre al otro lado de la crestería rocosa y resulta tremendamente bello y espectacular, sintiéndome impresionado por la magnitud de este corte en la vertical pared.
En el paso de La Tranvia.
La senda desciende luego unos metros por terreno herboso que da vista al agreste paisaje que lleva hacia la Canal de Dobresengros, pudiendo vivir con inquietud el estruendo de un alud de piedras provocado en la margen opuesta por una cabra. Una buena cantidad de pedruscos caen al Río Cares con el consiguiente susto para los pocos caminantes que a esta temprana hora se aventuran por la Senda del Cares.
Enseguida llegamos al desvío de La Tarugada (555 metros, 3 horas), allí donde se nos une el sendero que viene de Caín para continuar juntos en busca de las praderías de Cuesta Duja. Nos regalamos aquí unos minutos de descanso antes de afrontar las fuertes pendientes del Robledal que, afortunadamente, permanecen aún en la sombra, aunque el calor comienza a ser sofocante.
Mesones y Peña Santa desde el Robledal.
La subida por el Robledal.
La subida es fuerte pero entretenida, teniendo que utilizar las manos para ayudarnos en algún punto pero sin mayores problemas. Sí hemos de tener cuidado con la piedrecilla suelta que amenaza con provocarnos un serio resbalón si no ponemos la debida atención, pasando luego por una especie de sedo que pierde un par de metros de altura en una zona rocosa.
El camino, bien marcado y jitado, se sigue a la perfección en fuerte subida, mientras por detrás se va levantando imponente, la mole de Peña Santa sobre la pindia Canal de Mesones y el pueblo de Caín. Aparece a ratos también el sol pero a medida que ganamos altura nos aproximamos al circo rocoso que se desprende del Tellosu, que nos ofrece un manto sombrío ciertamente siniestro pues no parece ofrecer posibilidad de ser superado por ningún sitio.
El paso horadado en la roca hacia la Collada Recidroño.
Llegando a la Collada Recidroño.
Pero al llegar a su base comprobamos con asombro e incredulidad que la pared tiene un enorme tajo abierto en diagonal a base de dinamita que nos permite llegar con total comodidad a la hermosa Collada Recidroño (850 metros), que nos deja ver la cabecera de la canal del mismo nombre y los espectaculares soportes rocosos que sostienen las verdes praderas de Cuesta Duja. Me siento fascinado ante esta maravilla natural que se amplía al asomarme a los desvenstíos inmediatos al bonito Canto Recidroño que deja observar una panorámica inédita de la Garganta del cares con las cumbres del Cornión ahí enfrente.
Cuesta Duja sobre los soportes de Recidroño.
Cuesta Duja
Sobrecogidos por estos prodigios de la naturaleza nos desviamos ahora a la derecha para subir por el pardo de Cuesta Duja a tomar contacto con las verdes praderas que la conforman y cuyo tránsito, prácticamente en horizontal, es un auténtico regalo para los sentidos. Allá arriba se aprecian las altas cumbres del Macizo Central que no logro identificar desde esta perspectiva y, bajo ellas, la verde cuesta se alarga decorada por alguna masa boscosa.
Ganas me dan de gritar alborozado para dejar escapar los sentimientos que se agolpan en mi interior pero la belleza y la quietud que me transmite este lugar hace que camine en silencio, absorto y maravillado. Todo el sector de Peña Santa, Jultayo, Cabeza Llambria, Trea, Ostón y la Garganta Divina conforman un cuadro que mi modesta máquina digital no logrará nunca acercarlo a la realidad.
Esto hay que vivirlo in situ, no se puede expresar con palabras ni plasmarlo en fotografías. Lo peor es el tremendo calor y al llegar al Collaín de las Mueldas (980 metros, 4 horas) seguimos nuestro camino ligeramente descendente para aproximarnos a la Horcadina de Cuebre, desde la que damos vista a la Canal de Ría a la que hemos de bajar ahora perdiendo casi 250 metros de altitud.
La Horcadina de Cuebre.
Por ella vemos subir a unos montañeros en busca de la Canal y la Collada del Agua como acceso a Cabrones. Lástima siento por ellos al pensar que les quedan 1.300 metros de desnivel, a las doce del mediodía y cuando más calor hace. La bajada de la horcada es algo delicada y hemos de usar las manos para asirnos a las largas hierbas que nos depositan en el precioso hayedo del Monte Cuebre, por donde un sendero de fuerte pendiente desciende en zigzag a la sombra de los hayas.
Tomamos contacto con el fondo de la Canal de Ría junto a un enorme peñasco por donde discurre un hilo de agua que forma pequeñísimos pozos en los que refrescamos nuestros sudorosos cuerpos. La senda atraviesa la canal en ligera diagonal descendente acompañados ahora por los tilos que siguen ofreciendo una sombra que se agradece, la cual aprovechamos para detenernos a comer junto a una Llambria (745 metros, 5 horas).
La Canal de Ría.
Tras la obligada siesta un pequeño rebaño de cabras nos anima a ponernos en marcha de nuevo y es entonces cuando nos cruzamos con un montañero cuya cara creo conocer de algo. Un rato de charla y resulta ser Guillermo Hevia, compañero de aventuras de Francisco Ballesteros, autor de varios libros, uno de los cuales describe la ruta que estamos desarrollando y que me está sirviendo de guía.
Pero la sorpresa no se queda ahí, pues resulta que el propio Ballesteros viene un poco más atrás con otros tres montañeros que les acompañan, sintiéndome un ser privilegiado al poder compartir unos minutos con una persona a la que admiro profundamente, pues sus escritos me han servido para disfrutar de una zona de los Picos de agreste y solitaria belleza que me resultaba totalmente desconocida.
Con la emoción del inesperado encuentro todo lo demás queda en un segundo plano, pero sería injusto olvidar la fuerte subida bajo un calor asfixiante hasta el Horcado Turonero Cimero (900 metros), cuyo paso se encuentra escondido tras un vistoso torreón. y la bajada hasta los pedreros de Piedra Bellida, por la Cuesta de los Areños y Pando Culiembro a cruzar el Río Cares por el Puente Vieya (335 metros, 6 horas 45 minutos).
El Horcado Turonero Cimero.
El Monte Cuebre desde el Horcado Turonero Cimero.
Cómo olvidarme también del baño que nos regalamos en las gélidas aguas del Cares, de la fuente de Culiembro que nos repone las cantimploras o de los dos helicópteros que vemos volar con la preocupación dibujada en nuestros rostros. Uno de ellos recogerá un montañero fallecido despeñado en Torrecerredo y el otro a una mujer con un golpe de calor en la Senda del Cares, por la que seguimos nosotros ahora para finalizar esta hermosa e inolvidable aventura en Rexes (250 metros, 8 horas y media).





