Teniendo como guía los dos magníficos libros de Francisco Ballesteros dedicados al tema, comenzamos la marcha en Rexes (270 metros) por el camino inferior de la Garganta, magnífica, tranquila y solitaria alternativa a la masificada Senda del Cares.
La cercanía del río con sus pozos verdosos y el espectacular tajo abierto en la caliza por su lento pero inexorable discurrir hacen que este recorrido sea mucho más agradable y tranquilo que el que se eleva hacia Los Collados.
Pasamos bajo espectaculares bóvedas rocosas y al rato el paisaje se abre relativamente al acceder a la Canal del Escalero (285 metros, 35 minutos), allí donde llega el marcado camino que baja desde la Senda del Cares. Atravesamos el pedrero y el camino se convierte en una estrecha senda cada vez más cercana al río y que acaba por bajarse hacia él cuando parece que toda continuación es imposible.
Pero milagrosamente se abre entonces la roca dejando paso por El Jorao, un agujero natural donde hay instalada una armadura de piedras que facilitan el delicado destrepe ocasionado por la humedad de la roca. Estamos ya a la altura del río y poco más adelante nos encontramos con la disyuntiva de descalzarnos o regresar pues el agua lo cubre todo. A la derecha sube un marcado sendero que seguimos en busca de otra salida pero que más arriba se acaba junto a un tombo, en unos pasos muy aéreos e imposibles, al menos en apariencia.
De regreso al río nos encontramos con tres foreros, Pucavi, Guti10 y Alex que van en busca de la Canal de Estórez y con los que departimos largo rato. Ellos, más jóvenes y fuertes, se descalzan y pasan las gélidas aguas del Cares. Nosotros, más viejos y timoratos, nos damos la vuelta y preferimos subir por el empinado pedrero de la Canal del Escalero.
Bajo la curiosa mirada de los caminantes accedemos a la masificada Senda del Cares que seguimos en dirección a Caín hasta pasar por el Casetón y la riega de Saigu. Después, pasado un morro rocoso, se abre la Canal de las Avareras (450 metros, 2 horas) por la que abandonamos el camino para subir por un incómodo pedrero que nos deja en un primer rellano.
Nos sentamos unos minutos a descansar mientras estudiamos las características de la canal y observamos de frente, al otro lado del río, la imponente y pindia Canal de Estórez por la que no vemos aún a Pucavi y compañía. De nuevo en marcha subimos a la derecha por el pedrero para girar luego a la izquierda en un estrechamiento con un bloque rocoso empotrado que trepamos sin dificultad.
La subida es una gozaduca pues apenas tiene dificultades y se va ensanchando poco a poco, pudiendo detenernos de vez en cuando para ver la progresión de los foreros de Estórez que parecen colgados de las tremendas cuestas de esa vertiginosa canal. La nuestra sin embargo ofrece un terreno más amable que se ve interrumpido por un muro de roca que la divide en dos.
Siguiendo las instrucciones del libro de Ballesteros nos desviamos por el ramal de la izquierda que remonta una panda herbosa algo incómoda por los brezos y las ortigas que nos lleva hacia la boca de una cueva con un armado de piedras para el ganado. Más a la izquierda se abre un hombro herboso, la Collada de Ancuevas (755 metros, 3 horas 10 minutos) que supone un espléndiodo mirador sobre la Garganta del Cares en ambas direcciones, así como sobre la majada del monte Llué y la Canal de Estórez. La pena es la niebla que situada sobre los mil doscientos metros no nos permite acceder visualmente a las altas cumbres que flanquean la garganta a un lado y otro.
Subimos ahora a nuestra derecha remontando toda la loma divisoria entre la Canal de las Avareras y La Raya, hasta las proximidades del Pico Guciao, en cuya base encontramos a la izquierda la herbosa traviesa del Paso del Guciao (960 metros) que vista en la distancia parece mucho más complicada de lo que en realidad es.
Hemos de remontar luego una estrecha canaleta herbosa para acceder a una evidente horcada y posteriormente destrepar una ladera bastante vertical mezcla de hierba y roca en la que hemos de poner mucho cuidado por lo resbaladizo de la vegetación algo húmeda. Bajamos así al Valle (910 metros), un hermoso y tranquilo lugar defendido por una gran muralla caliza en su parte superior que deja ver pequeñas oquedades a modo de cuevas que seguramente son aprovechadas por las cabras.
Nos espera luego una larga travesía ligeramente ascendente por la que damos vista a las verdes praderías de Ostón muy cercanas, dejando a la izquierda las complicadas canaletas que descienden hacia La Raya. Bajamos después a Valdelafuente (980 metros, 5 horas) donde compartimos el agua del abrevadero y el espacio con las vacas que sestean ajenas totalmente a la presencia de estos dos intrusos que se acomodan junto a unas rocas para dar buena cuenta de la exquisita tortilla de patatas que ha tenido a bien preparar mi señora.
Más de una hora pasamos en este plácido rincón disfrutando de los alimentos y la paz de un entorno donde destacan las cabañas de Ostón, así como una hermosa vista sobre la rectilínea y herbosa Canal de Sabugo que ha de ser objeto sin duda de una próxima excursión.
Nos queda ahora el descenso por la Canal de La Raya y un trozo de la Senda del Cares para el regreso a Rexes (270 metros, 7 horas), pero esa es otra historia.
Solo me queda agradecer a Francisco Ballesteros su esfuerzo por mostranos los lugares menos conocidos de la Gargata Divina, indicando que he respetado las altitudes por él tomadas y que en general han coincidido con las de mi altímetro.
Un saludo y gracias por compartir con vuestra lectura esta hermosa aventura.
Jose.




