Bueno amigos, con este relato complemento las ilustrativas imágenes de Alfonso. Ya habéis visto que se trata del tramo entre Arredondas y Lechugales a través de los Collados de Untuje. Un tramo abrupto y muy poco conocido.
Los foreros exploradores fuimos Carlos Epelargi, Fernando R., los hermanos Alfonso y Jose, Chus* y el que suscribe. Una semana antes ya había hecho el recorrido Pucavi con su amigo Guti10 y nos había avisado de los problemas encontrados.
Todas las imágenes que acompañan este relato son de Chus*
Y esto fue lo que nos encontramos y lo que no hizo cambiar Untuje por rutas más plácidas y libres de sorpresas comprometidas:
1. Hace un rato que hemos salido de Brez. Una cómoda pista nos ha llevado hasta los pastos de Prao Mayor para sumergirnos en su intenso verdor de primavera. Al fondo, la blanca lengua que desciende de la Canal de Arredondas despierta nuestro asombro y nos refresca la memoria de un crudo invierno.
2. El enorme vómito de nieve cubre por completo el cauce del arroyo de La Vega. Unos pocos metros más arriba se abre el doble tubo digestivo que canaliza los aludes. Hacia el norte, una lengua desciende por Las Arrendondas. Hacia el oeste, otra lengua cubre por completo la canal por donde se sube a Untuje de Lon. Por el interior, la nieve se transforma en un torrente y se va resquebrajando, dejando al descubierto socavones profundos y grietas amenazantes.
3. Guiados por el sentido de la prudencia y la necesidad de explorar una alternativa segura para un hipotético tránsito colectivo, nos decidimos a remontar la Canal de Untuje por un borde herboso libre de nieve. A cambio, nos metemos de lleno entre una selva de arbustos que añade dificultades a la fuerte pendiente. Frente a las "caricias" de los tojos, la resistencia de los avellanos casi resulta un alivio.
4. Con el paisaje envuelto por la niebla, resulta dudosa la elección del mejor sitio para progresar.
5. Llegados a la mitad de la ascensión resulta inevitable continuar por el nevero. No obstante, el estado semiduro de la nieve resulta ideal para progresar con comodidad. Y cuando el nevero se empina, los restos de los aludes ofrecen unos oportunos escalones para ascender con rapidez y seguridad.
6. La nieve desaparece sobre la cota de 1500m., en las proximidades del Collado de Untuje de Lon. En su lugar, aparece una capa de hierba amortecida, humillada por el peso y el frío soportados en el invierno.
7. Repuesto el cuerpo y el ánimo con las consabidas viandas de pura cepa (léase pan de leña, tortilla española, queso, longaniza o jamón serrano), es más fácil acometer el descenso por el endiablado tobogán herboso de la Canal que desciende desde Untuje de Tanarrio a Lechugales. Para algunos de nosotros, el culo a tierra representa, por momentos, un modo precario de pegarse al suelo o de ganar metros involuntariamente.
8. En la confluencia con Lechugales, un nuevo vómito de nieve cubre por completo su cuello de entrada y nos obliga a tomarlo como única vía posible de tránsito. Pero también nos ofrece unos momentos de disfrute esquiando sobre las "aerodinámicas" suelas de nuestras botas.
9. El instinto destructor de los aludes se hace notar en los árboles derribados del Monte Pedroga, junto a la ruta por donde se asciende al Collado de Cámara.
10. Tras algunos momentos de incertidumbre para cruzar sobre un nevero surcado de grietas y socavones, tomamos la vereda que nos llevará, entre hayas y pastos, hasta los invernales de Rojes, sobre los pueblos de Tanarrio y de Brez.
11. Y ya en las proximidades de Brez, salen a nuestro encuentro un grupo de “expertos” conocedores de la zona, cuya opinión resulta definitiva para tomar una decisión.
Y esa decisión no es otra que la que ya conocéis: dejar que Untuje se recupere de las penalidades del invierno; “librarlo” a él (por el momento) de una incursión forera, y librarnos a nosotros de una más que posible penalidad.
En todo caso, seguro que Untuje va a ser convertido por muchos lectores en objeto de deseo. Si es así, habrá sido un placer pasar de exploradores a alcahuetes

El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre (Albert Camus: "El mito de Sísifo")