El sábado, 7 de mayo, fue unos de esos días en los que cuentas con el beneplácito de la naturaleza y el regalo de su luz.
Y, en esos caso, la mejor forma de responder a su generosidad es mirar, mirar detenidamente:
Al gigante que desnuda su extraño cuerpo gris bajo la intensa luz de la mañana
Al pequeño remanso de aguas heladas, cobijo de tritones entre la rocosa austeridad
A la impoluta pendiente de nieve endurecida, que impone su respeto y aguarda nuestros pasos cansinos y cautelosos
A los guardianes petrificados que quizás salden la condena de un traicionado amor
Al caminante que traza efímeras huellas entre la nieve y el cielo
Al caballo ciclópeo que ha quedado paralizado y vierte sus arroyos de lágrimas sobre el valle esculpido por una lengua voraz
A la laguna que se cubre pudorosamente de nieve y nos seduce con un ligero desnudo de su piel azul
A la gigantesca cordillera de tres cabezas
Y cómo no…
A los generosos dones del conocimiento humano con que dar gracias a los dioses calmando la ansiedad de los estómagos.
Y todo esto sin pagar entrada!!!



