Hablé con mi compañero hace poco de la Canal Estrecha y parece que sintió interés porque lo habíamos dejado en el aire, hasta que hace unos días me llamó y me dijo que se avecinaba un descenso de temperaturas y que tal vez esta era la ocasión de pillar el corredor helado.
A principio de la semana pasada consultábamos los partes meteorológicos para confirmar que venía el frío y el miércoles la suerte ya estaba echada: El viernes a la mañana saldríamos hacia Valdeón.
A primera hora de la tarde nevaba sin cuajar en Cordiñanes y comenzamos la subida de La Rienda.
Como suele ser costumbre, el cabr... de mi compañero no paró ni una sola vez y durante dos horas me arrastró hasta la Vega de La Sotín.
No podía ser de otra manera! Alucinó con La Rienda (que no conocía), alucinó con el bosque y alucinó con la Vega.
¡Lástima que no hubiera la suficiente visibilidad para alucinar también con el Macizo Occidental a la espalda!
Soltamos los “armarios” sobre la nieve helada que cubría La Sotín y nos quedamos “chascados” cuando fuimos a por agua a la cascada que se forma en el Argayo Congosto...
La única cascada que había era esta!
Pensé en que este es el camino del que había hablado Hunter en alguna ocasión. Me fijé, pero no encontré huellas y pensé que en cualquier momento le vería pasar por allí.
Montamos la tienda y nos pusimos a fundir nieve. No dejó de nevar el resto de la tarde.
A la noche tomamos una sopa caliente y yo, el fumador impenitente, salí a pasear con mis Malboros.
Nevaba y casi no se podía ver más allá de las Asolo hundiéndose en la nieve pero a pesar del viento y del frío, el paseo resultó agradabilísimo.
¡Estaba claro que al día siguiente no tendríamos la menor oportunidad!
El despertador sonó a las 6:30 a.m.
Continuaba nevando y pensamos que mejor si dormíamos una hora más ¡A ver que pasaba cuando amaneciera!.
A las ocho salimos de la tienda.
Parecía que quería abrir. Quizás a lo largo de la mañana, la cosa se pusiera mejor.
Dejamos atrás la Canal Ancha...
... subimos el “eterno” cono de deyección de la base de la Canal Estrecha, nos asomamos al corredor y por un momento pensamos que por allí aparecerían los ejércitos de Mordor.
Nos calamos los cascos y empezamos lo bueno.
La nieve vieja, allí donde el viento no había dejado posarse a la nueva, estaba en las mejores condiciones que se podrían desear: dura, helada, compacta.
Sin embargo en las zonas donde la pendiente era menor, la nieve reciente se había acumulado y cuando el espesor era grande nos hundíamos y cuando era pequeño no estábamos seguros de que los crampones mordieran bien la que estaba debajo.
Más arriba encontramos grandes y deliciosos bloques de nieve dura separados por grietas inundadas de tediosa nieve polvo en la que te hundías y de la que tenías que salir clavando en el siguiente bloque y subiendo a pulso...
Dentro de la Canal se formaban corrientes de viento ascendentes que nos cegaban y nos embadurnaban de nieve.
Hubo un momento en el que comentamos lo que nos dolían los ojos con aquellas ráfagas. Con las gafas era peor y sacar las de ventisca del macuto se nos antojaba complicado. Sencillamente nos parábamos y escodíamos la cara entre los brazos, debajo de las capuchas.
Y así estuvimos durante un buen rato, mirándonos y pensando lo mismo sin decirlo pero... disfrutando...
¡Disfrutando mucho!
Había que bajar!
Al principio pensamos en rapelar pero finalmente decidimos destrepar porque aunque había algún paso delicado, no habíamos subido mucho y teníamos todo el tiempo del mundo para nosotros.
Cuando llegamos al cono de nuevo, vimos subir a un grupo de seis personas y un perro hacia C. Jermoso (las únicas personas que vimos en los dos días).
Al medio dia estabamos otra vez en la tienda.
Aunque nuestra idea era estar hasta el Domingo, decidimos recoger nuestros bártulos y regresar a casa.
Abandonamos La Sotín...
cruzamos el bosque...
y destrepamos La Rienda.
Solo comentar que el estado de la nieve en el corredor era inmejorable (abundante y helada) de no ser por la capa reciente que cubría grietas y agujeros. Encontramos varios resaltes de nieve de fuerte inclinación antes de dar la vuelta pero no creo que se tratara del primer escalón que estuviera cubierto y yo no lo reconociera (creo recordar que era un sitio más estrecho que por donde hemos estado esta vez). En cualquier caso, como en aquella ocasión pasé de noche por allí, no es extraño que no me sonaran estos sitios (a pesar de que lo recordaba más "tumbaditos" :shock:
Si el tiempo acompaña, en los dos próximos fines de semana va a estar "a huevo"



