En esta ocasión nos juntamos Jorge Picallo y su amigo Félix, con Carlos Epelargi y el que suscribe, más el tándem Ferdy –Pucavi, con los que gratamente coindicimos en Fuente Dé. O sea, una estupenda mezcla de veteranía y juventud.
El plan: La cima de Torre Blanca.
Tras salir de casa entre la lluvia, Picos nos recibió con su sol hospitalario.
El camino estaba nevado desde la salida de El Cable. La nieve blanda nos decantó por el calzado de las raquetas.
En Cabaña Verónica el viento soplaba con fuerza y Mariano nos pintó complicado el acceso a la cumbre.
Con intención de llegar hasta donde pudiéramos seguimos camino por la nieve, abriendo huella con camaradería.
El tránsito entre los Hoyos Sengros y Collada Blanca resultó un “paseo” cautivador; un espectáculo de luz; de cumbres albigrisáceas; de nieblas empujadas por el viento y de nieve virgen.
En las proximidades de la pala de acceso a Torre Blanca, la presencia del hielo y el aumento del desnivel obligaron al cambio de raquetas por crampones.
Envueltas por la magia del hielo, las rocas habían adquirido un cuerpo cristalino.
Poco a poco, la pendiente de nieve aumentaba su inclinación obligándonos a un duro esfuerzo y aconsejándonos no hacer caso a Pucavi (que insistía en recordarnos el patio)
Superada la pala de nieve, quedaba el obstáculo de dos escalones de roca helada. Los más jóvenes y diestros pasaron con el recurso de sus miembros. Los más atemorizados dijeron que más valía asegurar la vida que la vuelta en el teleférico.
¿Y quién podía asegurarnos mejor que Jorge?
En la cumbre, la niebla nos impidió disfrutar de las vistas, pero a cambio saboreamos el caldo de Ferdy.
Y perdido el teleférico, el regreso se convirtió en un kilométrico “paseo” por las praderas de Áliva, pero siempre con la naturaleza de nuestra parte regalándonos un cielo estrellado y una luna llena.
Pero, ¡atención! en esta estupenda jornada hubo un serio problema, que el que la había organizado fue condenado a perdérsela. Sea, pues, este relato no para darle envidia, sino para recordarle que la próxima está cerca y que nos acordamos de él.
Se trataba, cómo no, de José Luis.
Salud.. y montaña a tope, amigos

