José Antonio San Emeterio Escobedo (Bustio-Ribadedeva-Asturias-1942) ejerció el sacerdocio en los pueblos de Bulnes, Camarmeña, Tielve y Sotres desde septiembre de 1973 hasta septiembre de 1978, teniendo su domicilio en el pueblo de Sotres. En 1984 sacó a la luz un pequeño libro titulado: “Mientras cae la nieve” con una serie de relatos sobre hechos acontecidos en los pueblos antes mencionados durante los años de su estancia en los mismos.
A continuación copio el relato titulado: El Primer Rescate. Dada su extensión lo iré poniendo por partes. El motivo de relatar este hecho es para que os hagáis una composición de lugar de lo que eran los rescates en aquél entonces y quienes eran las personas que intervenían en tales eventos.
Para que os situéis en el tiempo deberéis de tener en cuenta que por aquel entonces los pueblos de Bulnes, Tielve y Sotres carecían de luz eléctrica, teléfono, T.V., emisoras y que incluso a Camarmeña no había aún carretera. A Bulnes ni comentario sobre esto último. Igualmente no existían emisoras en los refugios, guardas en los mismos, grupos de rescate, etc.
No olvidar tampoco que los rescates en Urriello se efectuaban a través de Camburero, Bulnes, Poncebos.
1ª Parte:
Hoy hace siete días que está nevando. El contacto con el exterior es nulo. Seguimos incomunicados. ¿Se estarán acordando de nosotros? ¿Habrán pensado en acudir en nuestra ayuda? ¿Qué pensarán en el Gobierno Civil? ¿Qué pasará en el resto de Asturias?
Son preguntas que me he hecho a lo largo de la mañana, esperando que tuvieran contestación, al menos por la radio, ya que es el único medio que nos puede llegar desde fuera, a través de nevadas y tempestades, ya que no necesita de hilos metálicos ni de postes, que podrían ser arrastrados en estos temporales. Espero a mediodía en que suele haber noticias de la región, por las emisoras de Oviedo y Santander. Por costumbre – porque desde Sotres se sintoniza mejor- tengo en antena a la emisora de Radio Nacional de Santander. De entre las diversas noticias que dan, tocan el problema de la nieve en las comarcas altas de la provincia, tales como Campoo, Liébana y otras zonas afectadas por el temporal; entre estas noticias dicen que, cerca del teleférico de Fuente Dé –a unos 14 kms. de Sotres- han sido rescatados un matrimonio de montañeros, que permanecían perdidos desde el primer día de la nevada; o sea, desde hace siete días. Se les suponía perdidos, extraviados o cobijados en algún lugar de los contornos, ya que su coche aparecía –según la emisora- aparcado en Fuente Dé, desde hacía varios días, sin que los ocupantes hubiesen dado señales de vida durante todos estos días. En el día de hoy, fueron hallados con vida, cuando ya estaban a punto de perecer debido a que habían agotado las provisiones y el frío era cada vez más intenso, y estaban refugiados en una cueva, casi a la intemperie. Terminaba diciendo el locutor, que habían sido hallados por un grupo de montañeros y miembros de la Guardia Civil.
Esto me ha traído a la memoria un rescate en que participé a los pocos días de estar destinado en estas parroquias. Sería como a las dos semanas de haber llegado, hacia mediados del mes de septiembre de 1973.
Estaba yo hospedado, en aquellos primeros meses, en el bar “La Garganta del Cares”, en Poncebos. Una tarde, casi al anochecer, bajan dos chicos desde el Naranjo de Bulnes y dicen que han encontrado a una chica herida, a la cual han trasladado al refugio de la Vega de Urriello, pero que no han podido bajar, por carecer de camilla, pues la que correspondía estar en el refugio, permanentemente, había sido utilizada hacía poco tiempo y aún no había sido restituida a su lugar correspondiente. Los muchachos que la encontraron eran madrileños; ella era vasca y, parece ser, iba sola por la montaña. Había caído la tarde anterior, permaneciendo sola toda la noche, desangrándose y sin poder hacer nada. La Providencia quiso que estos muchachos la encontraran y la llevaran hasta el refugio y allí otros montañeros, que se encontraban pernoctando allí mismo, habían quedado cuidándola, mientras los madrileños bajaban a dar el aviso y ver la forma de sacarla de allí, de rescatarla.
Los chicos que la encontraron, habían pernoctado la noche antes en el mismo bar que yo estaba; habían salido al amanecer en dirección al Naranjo, siendo su intención llegar hasta la base y regresar nuevamente a Poncebos. Yo no les había visto la noche que llegaron, o no había reparado en ellos, hasta que regresaron de Bulnes con la noticia de la chica.
Lo primero que hicieron fue ir a dar la noticia al cuartel de la Guardia Civil, en Carreña, para ver la forma de ir a por ella. Eso sería ya al otro día, puesto que ya estaba anocheciendo cuando volvieron del cuartel. Entonces fue cuando yo entré en conversación con ellos. Sus nombres eran Luis Corralón y Sebastián Hernández.
En el momento en que yo los ví, estaban ya en el bar, hablando con el cabo de la Guardia Civil y con otras personas, tratando de preparar la marcha, para el día siguiente. El cabo les recriminaba, por no haberla bajado, en vez de venir con el aviso.
-¡Siempre hacen lo mismo –decía- vienen sin preparativos y cuando pasa algo, que sea la Guardia Civil la que tenga que solucionarlo! ¿Por qué no vienen preparados y dispuestos para ayudar a sus compañeros…? ¡Nosotros no estamos preparados para rescates en la montaña, no tenemos equipo, ni tan siquiera calzado apropiado….!
Continuará….



