"MIENTRAS CAE LA NIEVE..." EL PRIMER RESCATE

Publicaciones y lecturas sobre la montaña

"MIENTRAS CAE LA NIEVE..." EL PRIMER RESCATE

Notapor Alberto » Vie Sep 10, 2004 10:51 am

José Antonio San Emeterio Escobedo (Bustio-Ribadedeva-Asturias-1942) ejerció el sacerdocio en los pueblos de Bulnes, Camarmeña, Tielve y Sotres desde septiembre de 1973 hasta septiembre de 1978, teniendo su domicilio en el pueblo de Sotres. En 1984 sacó a la luz un pequeño libro titulado: “Mientras cae la nieve” con una serie de relatos sobre hechos acontecidos en los pueblos antes mencionados durante los años de su estancia en los mismos.
A continuación copio el relato titulado: El Primer Rescate. Dada su extensión lo iré poniendo por partes. El motivo de relatar este hecho es para que os hagáis una composición de lugar de lo que eran los rescates en aquél entonces y quienes eran las personas que intervenían en tales eventos.
Para que os situéis en el tiempo deberéis de tener en cuenta que por aquel entonces los pueblos de Bulnes, Tielve y Sotres carecían de luz eléctrica, teléfono, T.V., emisoras y que incluso a Camarmeña no había aún carretera. A Bulnes ni comentario sobre esto último. Igualmente no existían emisoras en los refugios, guardas en los mismos, grupos de rescate, etc.
No olvidar tampoco que los rescates en Urriello se efectuaban a través de Camburero, Bulnes, Poncebos.

1ª Parte:

Hoy hace siete días que está nevando. El contacto con el exterior es nulo. Seguimos incomunicados. ¿Se estarán acordando de nosotros? ¿Habrán pensado en acudir en nuestra ayuda? ¿Qué pensarán en el Gobierno Civil? ¿Qué pasará en el resto de Asturias?
Son preguntas que me he hecho a lo largo de la mañana, esperando que tuvieran contestación, al menos por la radio, ya que es el único medio que nos puede llegar desde fuera, a través de nevadas y tempestades, ya que no necesita de hilos metálicos ni de postes, que podrían ser arrastrados en estos temporales. Espero a mediodía en que suele haber noticias de la región, por las emisoras de Oviedo y Santander. Por costumbre – porque desde Sotres se sintoniza mejor- tengo en antena a la emisora de Radio Nacional de Santander. De entre las diversas noticias que dan, tocan el problema de la nieve en las comarcas altas de la provincia, tales como Campoo, Liébana y otras zonas afectadas por el temporal; entre estas noticias dicen que, cerca del teleférico de Fuente Dé –a unos 14 kms. de Sotres- han sido rescatados un matrimonio de montañeros, que permanecían perdidos desde el primer día de la nevada; o sea, desde hace siete días. Se les suponía perdidos, extraviados o cobijados en algún lugar de los contornos, ya que su coche aparecía –según la emisora- aparcado en Fuente Dé, desde hacía varios días, sin que los ocupantes hubiesen dado señales de vida durante todos estos días. En el día de hoy, fueron hallados con vida, cuando ya estaban a punto de perecer debido a que habían agotado las provisiones y el frío era cada vez más intenso, y estaban refugiados en una cueva, casi a la intemperie. Terminaba diciendo el locutor, que habían sido hallados por un grupo de montañeros y miembros de la Guardia Civil.

Esto me ha traído a la memoria un rescate en que participé a los pocos días de estar destinado en estas parroquias. Sería como a las dos semanas de haber llegado, hacia mediados del mes de septiembre de 1973.

Estaba yo hospedado, en aquellos primeros meses, en el bar “La Garganta del Cares”, en Poncebos. Una tarde, casi al anochecer, bajan dos chicos desde el Naranjo de Bulnes y dicen que han encontrado a una chica herida, a la cual han trasladado al refugio de la Vega de Urriello, pero que no han podido bajar, por carecer de camilla, pues la que correspondía estar en el refugio, permanentemente, había sido utilizada hacía poco tiempo y aún no había sido restituida a su lugar correspondiente. Los muchachos que la encontraron eran madrileños; ella era vasca y, parece ser, iba sola por la montaña. Había caído la tarde anterior, permaneciendo sola toda la noche, desangrándose y sin poder hacer nada. La Providencia quiso que estos muchachos la encontraran y la llevaran hasta el refugio y allí otros montañeros, que se encontraban pernoctando allí mismo, habían quedado cuidándola, mientras los madrileños bajaban a dar el aviso y ver la forma de sacarla de allí, de rescatarla.

Los chicos que la encontraron, habían pernoctado la noche antes en el mismo bar que yo estaba; habían salido al amanecer en dirección al Naranjo, siendo su intención llegar hasta la base y regresar nuevamente a Poncebos. Yo no les había visto la noche que llegaron, o no había reparado en ellos, hasta que regresaron de Bulnes con la noticia de la chica.

Lo primero que hicieron fue ir a dar la noticia al cuartel de la Guardia Civil, en Carreña, para ver la forma de ir a por ella. Eso sería ya al otro día, puesto que ya estaba anocheciendo cuando volvieron del cuartel. Entonces fue cuando yo entré en conversación con ellos. Sus nombres eran Luis Corralón y Sebastián Hernández.

En el momento en que yo los ví, estaban ya en el bar, hablando con el cabo de la Guardia Civil y con otras personas, tratando de preparar la marcha, para el día siguiente. El cabo les recriminaba, por no haberla bajado, en vez de venir con el aviso.

-¡Siempre hacen lo mismo –decía- vienen sin preparativos y cuando pasa algo, que sea la Guardia Civil la que tenga que solucionarlo! ¿Por qué no vienen preparados y dispuestos para ayudar a sus compañeros…? ¡Nosotros no estamos preparados para rescates en la montaña, no tenemos equipo, ni tan siquiera calzado apropiado….!


Continuará….
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Notapor fede » Vie Sep 10, 2004 11:21 am

Buena iniciativa, Alberto; esperamos la continuación.

Me alegra mucho verte (intuirte, mejor) tan activo, participando con frecuencia en el foro (ahora tienes más tiempo), y con iniciativas tan oportunas e interesantes como esta.

Un abrazo.
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Notapor Jose Luis » Vie Sep 10, 2004 12:02 pm

Alberto: veo que aporreas con ganas el teclado y eso me hace pensar que te vas encontrando mucho mejor, dentro de la logica convalecencia.

:arrow: Continúa, continúa relatando esas cosillas...

...y sigue cuidandote mucho :D
Lo mejor del foru, su gente.
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Notapor Javier » Vie Sep 10, 2004 3:48 pm

La idea magnífica, la historia promete, pero al tecleador le veo un poco :evil: lento.

Vamos Alberto!!!, que esto está chupao ya.

Un abraz :twisted:
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Notapor nesi » Vie Sep 10, 2004 8:18 pm

Muy interesante Alberto, muy interesante. Hala, escribe un poco más que estoy a la espera.

saludos.
nesi

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Notapor puertochico » Vie Sep 10, 2004 9:29 pm

Otro que se apunta. No os metáis con el güelu que tiene un rebote muy malo.
saludos desde La Montaña.
víctor.
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2ª parte

Notapor Alberto » Sab Sep 11, 2004 12:39 am

2ª Parte:

-Ya le he dicho -explicaba Luis- que nos la hemos encontrado perdida; que no venía con nosotros ni era compañera nuestra. No hemos podido bajarla por no tener allí la camilla. Además, que no conocemos bien el terreno y podíamos herirnos también nosotros.
-Bueno; pues el caso es que habrá que salir mañana al amanecer, para bajarla. Y que seamos bastante gente… ¡Habrá que pedir ayuda en Bulnes! Los hombres de allí están acostumbrados a andar por esas peñas.
-Yo me ofrezco a ir también –dije al cabo- si me admiten en el grupo. Si está mal herida, quizás necesite auxilios espirituales, y –además- puedo ayudar a bajarla algún tramo del camino.
-¡Está bien, señor cura, -dijo el cabo- , si quiere ir, no hay inconveniente! Puede sernos útil allá arriba, pues no sabemos como está la chica.
Quedamos en salir a las siete de la mañana. A esa hora suele amanecer en este tiempo. Cuando todos estuvimos ya de acuerdo en la hora de la salida, y en las cosas necesarias a llevar, hablé a solas con los chicos madrileños.
-¿Cómo estaba la chica, muy mal herida?
-No sabemos –me decía Luis- se quejaba mucho y cuando la llevamos para el refugio, parecía que tuviera costillas rotas o algo así.
-Lo que peor tenía era la cabeza –afirmaba Sebastián- Tenía mucha sangre ya seca y todo el pelo empapado en ella, como si tuviera grandes heridas. Los otros montañeros, que estaban en el refugio cuando la dejamos, quedaron curándola un poco. Pero no se veían bien las heridas.
-¡Debió de pasarlo mal, la pobre chica! –decía Luis-. Pero, ¿a quién se le ocurre venir sola por ahí…? ¡Hay cada imprudencia!

Después de un corto diálogo, con aquellos muchachos, que me parecieron muy buenos chicos, nos despedimos para irnos a descansar. Ellos lo necesitarían bien, puesto que habían subido hasta Urriello y vuelto a bajar, y pensaban volver a repetirlo al día siguiente, con el fin de rescatar a la muchacha y bajarla hasta Poncebos.

A la mañana siguiente, a la hora convenida, salimos del bar, los dos chicos madrileños, tres números de la Guardia Civil –el cabo y otros dos guardias- , el guarda de la Peña, Alfonso Martínez y yo. Llevábamos la camilla, que estaba en Poncebos, desarmada, entre varios. Yo llevaba parte de la misma, uno de los muchachos otra parte y uno de los guardias el resto.

Como una hora después, estábamos en Bulnes. Allí se pidió la colaboración de algunos lugareños y fueron otros tres los que nos acompañaron hasta Urriello. La ascensión fue costosa y penosa –al menos para mí- para los que subíamos por primera vez. Los guardias no llevaban un calzado apropiado, pues eran unas botas corrientes, que no valían para el camino lleno de piedras sueltas; además que iban pertrechados con todo su uniforme, correaje y armas. Los más ligeros eran los naturales del pueblo, que nos dejaban atrás en el camino, llevando un calzado apropiado para las rocas y piedras sueltas.

Para mí fue una lección, en todos los aspectos, la del madrileño Luis, que fue ascendiendo poco a poco, casi en solitario, delante de todos, sin hablar, sin pararse, pero sin dar muestras de cansancio, aunque hubiera subido y bajado ya el día anterior. A los demás, nos agotaba el cansancio y la sed. Era aún septiembre y con un mes seco y caluroso, de esos que “secan las fuentes”. Apenas encontrábamos agua por el camino que asciende desde Bulnes hasta el Naranjo; sólo una pequeña fuente en el paso de Camburero, donde bebimos de aquella fresquísima pero a la vez insípida agua, proveniente del deshielo de las nieves perpetuas de las simas y neveros de los alrededores del Pico Urriello o Naranjo de Bulnes, como mundialmente se le conoce. Pues en medio del calor y del sofoco de la penosa ascensión, el gesto de Luis fue el dejarnos su cantimplora llena de agua, en mitad del camino, para los guardias y para mí, mientras él seguía subiendo, sin detenerse ni siquiera a beber, renunciando a su preciada cantimplora a favor nuestro.

Por fin –después de penosa ascensión, que duró cuatro horas desde Bulnes-, llegamos al refugio donde se hallaba la muchacha. Ante nuestros ojos, la desafiante figura del mastodóntico y mitológico Naranjo, que desvanecía la imagen que de él teníamos por postales y fotografías. Tanto los miembros de la Guardia Civil como yo –que era la primera vez que lo veíamos de cerca- estábamos impresionados por su majestuosidad. Entramos en el refugio, donde la chica estaba rodeada por otros montañeros, que la habían curado un poco y atendido en las horas siguientes a su hallazgo por Sebastián y Luis; hablamos con ella y no parecía que estaba muy grave, pues tenía todo el conocimiento, aunque su estado era de una extrema debilidad. Aparentaba como unos 17 o 18 años. No la interrogaron mucho los miembros de la Benemérita, pero sí le preguntaron si se encontraba sola cuando cayó, si iba sola por aquellas alturas y si había subido sola hasta allí, sin compañía de otros montañeros. A todo contestó, afirmando que subió sola y sola estaba cuando se perdió y cayó al anochecer de dos días antes. Después de comer un poco y descansar dentro del refugio, nos dispusimos a trasladarla hasta Poncebos.


Continuará….
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