Foto hecha en Buferrera, El de la izquierda es Gregorio.
En el año del centenario de la primera subida al Picu, creo que no está de mas refrescar la memoria con estas curiosas observaciones sobre Caín, “el Cainejo” y sus descendientes.
De todos es sabido que la vida en Caín, hasta los años 70 y 80 del siglo pasado, era simplemente dura, era un vivir para trabajar peleando continuamente contra los elementos en un entorno potencialmente peligroso por diversos motivos.
El pastoreo, principal sustento, exigía a los pastores jugarse la vida cada dia al tener que pasar por precipicios para ir de unos pastos a otros o para cambiar de majada o simplemente, para buscar y reunir sus rebaños.
Además del alto riesgo de despeñarse, existían otros como los aludes, las caídas de piedras, las tormentas, las riadas...
A la canal de Arzón iban los vecinos a segar la hierba todos los años, sabiendo del riesgo que corrían por el continuo peligro de caída de piedras.
Pues bien, dejaron de hacerlo a raíz de un accidente mortal ocurrido a finales de la década de 1960 cuando unas rocas cayeron sobre los segadores arrastrándolos canal abajo.
Todavía actualmente continúan algunos (pocos) pastoreando, pero ellos mismos han ido minimizando los riesgos al evitar los pasos mas peligrosos, en la misma medida que se han ido abandonando y destruyendo las armaduras que “protegían” estos pasos; también se han abandonado las majadas de los pastos altos, con lo que los sedos que las comunicaban han caído en desuso. Así que las estadísticas de despeñamientos han descendido en picado, es muy raro que en la actualidad ocurra algún accidente de ese tipo.
Otra manera de contribuir a la economía familiar era la recogida de la tila que luego se vendía y con ello se sacaban unas perrucas que venían como anillo al dedo. Pero esta actividad era también altamente peligrosa, ya que para llegar al árbol (la teja) no les quedaba mas remedio que atravesar por vericuetos muy expuestos, sobremanera en los años anteriores a la construcción de la actual senda del Cares, cuando se salvaba el rio por pasos inverosímiles sobre ambas laderas donde perdieron la vida muchos cainejos al resbalar y caer.
No olvidemos también la caza furtiva de rebecos que sirvió para quitar el hambre en muchas ocasiones.
Hay un hombre en el pueblo que estuvo preso en Nanclares de la Oca por matar un rebeco. Él mismo lo cuenta como si de una hazaña se tratase, quizá alguno le conozca, es Leoncio el del hostal Peña Santa de Caín.
También se ganaron unos “cuartos” trabajando en las obras de construcción del canal y de la senda actual, porteando materiales a las espaldas para la construcción de los refugios de los Picos, haciendo de guia en las incursiones de los geólogos, ingenieros y montañeros, incluso algunos eran buenos canteros y hacían casas y cabañas.
Uno de estos científicos que vinieron a los Picos dijo: “los cainejos no se mueren, se despeñan"
Eso es bien cierto, pues gran cantidad de estas personas han encontrado la muerte al intentar pasar por aquellos desventíos.
Otro “dicho” es el de que “Un muerto mató a tres”
Efectivamente, en una ocasión se despeñó un pastor, creo que fue en algún lugar de la zona alta de la canal de Mesones.
Entonces subieron tres vecinos a por el cadáver y lo bajaban en unas parihuelas; cuando intentaron descender por el sedo de Mesones, uno de ellos dio un traspiés y el voluminoso fardo se desplazó arrastrando a los tres porteadores al abismo donde perdieron la vida.
Hay que tener en cuenta que entonces el sedo de Mesones era muy peligroso y expuesto, ahora no tiene ningún peligro porque fue ensanchado y acondicionado para todo tipo de ganado.
En ese ambiente nació Gregorio Pérez, hoy conocido por “el Cainejo”.
Como todos los niños de Caín, Gregorio se instruyó en el arte del pastoreo desde que aprendió a caminar, y a fuerza de costumbre de andar por la peña se convirtió en un experto e intrépido trepador que pasaba por cualquier precipicio, por lo cual se ganó el apodo que le pusieron sus vecinos: “el atrevíu”.
El otro apodo por el que ahora se le conoce procede de cuando andaba con el Marqués, seguramente se le puso el mismo Pedro Pidal.
Cuando subió al Picu con el Marqués, lo hizo descalzo, lo cual da una idea de la rudeza de este hombre.
Fontan Negrín, del que también fue guia, le comparó con un orangután porque tenía unas manos grandes y muy fuertes con las que se aferraba a los agarres apoyándose en sus piernas de cortos y potentes muslos y progresando en la roca como si se tratara de uno de estos primates.
El cainejo se casó y tuvo tres hijos y dos hijas. Esta familia es el ejemplo palpable de la desgracia, pues los tres varones murieron bien jóvenes, uno de un disparo, otro despeñado y otro en un barco.
Su suegra murió despeñada en la canal de Recidroño cuando iba a coger tila.
Uno de los yernos, Domingo Gao, también se despeñó, así como el padre de este, un hermano y dos de sus hijos.
El propio Gregorio Pérez murió a los 59 años de edad, victima de las lesiones que le produjo el ataque de un castrón de su propiedad cuando se encontraba en algún lugar de la peña con sus cabras.
Le bajaron a su casa de Cain, pero no se pudo recuperar de las cornadas que le propinó el jodio castrón.
¡Ojo con los castrones! que son algo cabrones.
saludos.



