Lunes, 22 de diciembre. Mesón Vicente Campo. 10h.
Como estaba previsto en su cita forera, tres montañeros venidos de Asturias para abrir la temporada invernal, Nesi, Sucu y Vicario, se saludan
Tornos de Liordes.- La ascensión de los Tornos transcurre con rapidez bajo una leve nevada y, a veces, una ligera ventisca. Al calor del esfuerzo, algunos se desembarazan de sus chaquetones y se bastan con una fina prenda térmica como única protección. El ritmo implacable de Sucu se hace sentir sobre algunas piernas castigadas por el esfuerzo del día anterior, por la edad o por ambas cosas. En la proximidad de la Collada, un nevero helado obliga a usar el piolet y a tomar las primeras precauciones.
Collado de Liordes.- Mientras los montañeros ponen el ojo sobre Peña Remoña, Sucu saca unas notas de la “chistera” que supondrán una gran ayuda para elegir el camino más adecuado. Antonio no se siente con la fuerza necesaria y, temeroso de lastrar a sus compañeros, decide esperarles en el casetón. Es el momento de equiparse para el hielo.
Canalizos norte de Peña Remoña.- Parapetados en una gran rimaya que no ofrece el efecto protector que esperábamos, procedemos a tomar algún alimento con el que recuperarnos antes de reiniciar el esfuerzo. Bebemos abundante líquido, pese al frío intenso que reina. Las bajas temperaturas nos invitan a liquidar por la vía rápida el refrigerio, así que engullimos los últimos bocados y nos ponemos de inmediato en movimiento. Nos colocamos crampones y revisamos la colocación del resto del equipo de protección. En unos pocos minutos, nuestras manos se han quedado como si salieran del congelador
Colocados todos los pertrechos nos encaminamos hacia una pronunciada canal helada, por la que podemos ir ganando altura con seguridad. Los primeros metros de fuerte pendiente los superamos zigzagueando. Después, nos vamos moviendo en diagonal mientras buscamos los puntos más débiles por los que progresar. Algunas placas de hielo compactado se interponen en el camino.
Aunque la pala de nieve es prácticamente continua, nos vemos obligados a salvar algunas rocas que descuellan por aquí y por allá. Sucu avanza en cabeza. Nesi le mantiene de cerca el paso. Por detrás, Vicario y José Luis amenizan su avance charlando de mundanas cuestiones. La niebla reina por todas partes y oculta la vega donde Antonio busca su “eremitorio”. Sin embargo, la zona inmediata mantiene muy buena visibilidad. La arista que lleva a la cumbre se mantiene despejada sobre nuestras cabezas. El frío es intenso pero lo sobrellevamos bien.
Cumbre de Peña Remoña. 15 h.- Una vez alcanzada la crestería, avanzamos hacia la cumbre situada que se sita a la izquierda, hacia el sureste, la que suponemos es Peña Remoña.
La ventisca que azota la crestería ha barrido la nieve de las rocas, lo que nos obliga a diseccionar minuciosamente el terreno para progresar con seguridad. El sol amaga con acompañarnos, pero no acaba disipar las nubes que le envuelven.
A cincuenta metros de la cumbre de Peña Remoña se nos interpone un pequeño diedro. No presenta excesiva dificultad, pero nos obliga a concentrar nuestros esfuerzos en la progresión. Son siete metros de roca, hielo y nieve en los que no puedes dar un paso en falso
Por encima de nuestras cabezas el sol consigue que le veamos su cara. Durante breves instantes, el Pico de la Padiorna asoma entre los jirones de niebla, luego le sigue la Peña Vieja ... A nuestros pies, el fondo blanco de la inmensa Vega nos trae el recuerdo de Sísifo. En ese momento no sabemos que, desde un pequeño cotero, nos está vigilando, no vaya a ser….. ¿que nos olvidemos de él? ….La belleza de la vega escondida entre las cumbres es indescriptible e intentamos atraparla con nuestras cámaras. Tomamos algo de líquido y algún tente-en-pié. El frío es intenso, pero se transforma en calor ante la satisfacción de haber hecho cumbre en tan grata compañía.
El descenso se convierte en un placer, aunque antes tenemos que extremar las precauciones al acometer en descenso el delicado paso que antecede a la cumbre. La protección del paso se convierte en un acto de camaradería. Metro a metro, vamos recorriendo la crestería hasta enfilar en clara línea descendente la empinada canal que utilizamos en la subida. La abundancia de hielo obliga a no levantar la guardia. Todos lo sabemos, aunque nadie lo proclama. La dureza de la nieve es la justa. Lo celebramos.
Vega de Liordes.- Abajo, en la lontananza, un excéntrico ser responde a nuestras señales con los brazos…. Coño!, en un primer momento pareció ser el mismísimo Yeti…, pero no!, tan sólo resultó un individuo inofensivo condenado a subir y bajar de la montaña.
En el momento de la reunión, el cielo se halla parcialmente abierto para enaltecer la hermosura virginal de la Vega..Los arroyos que serpentean por su fondo apenas han sido capaces de dejar ver sus aguas entre la dura capa de hielo. La luz del sol nos incita a registrar el espectáculo.
En dos o tres minutos, la gélida niebla nos vuelve a invadir. Sin duda estamos bajo cero, porque el agua se hiela en nuestros bidones. Buscando la protección de la pared del casetón, procedemos a un intercambio raudo de chocolatinas por queso y chorizo. Bajo el efecto del agua helada, alguno suspira por el vino. Con la premura de la cortedad del día, decidimos partir para llegar con luz al aparcamiento de Fuente dé.
Con paso tranquilo, pero constante, remontamos el flanco sur de la Vega hasta el collado de Pedabejo.
Canal de Pedabejo.- Bajo las luces del atardecer, el grupo acomete el descenso de la canal. El inclinado terreno es una ingrata mezcla de piedra, nieve polvo y hielo que recomienda deshacerse de los crampones para protegerlos.
Fuente Dé, 18.45 h..- Llegados a la majada de Pedabejo, el terreno se torna más amable para dar paso a la feliz conversación. Por último, sólo queda el rutinario descenso de la pista para encontrarse de regreso en Fuente De. Con las luces del anochecer, los copos de nieve se convierten en nuestros acompañantes hasta llegar a los coches.
Bar Los Camachos. Potes.- Los amigos foreros alegran la despedida con algunos cafés y un plato de jamón. La despedida se acompaña del deseo de volver a encontrarnos. Los tres asturianos regresan a sus terruños.
Mesón de La Vega. Vega de Liébana.- Por su lado, José Luis y Sísifo han cambiado la hospitalidad de las mujeres del Vicente Campo, por el acogedor albergue y la excelente comida del Mesón La Vega en Vega de Liébana.
Por último, puntualizar que un servidor, aunque aparece como propietario de este pequeño y placentero relato no es su autor. Su verdadera autoría pertenece al amígo Sísifo siempre pertrechado con unas heramientas (las palabras) nos enriquece a todos. Gracias Antonio, y un saludo.


