Cuando el viernes contacto con el guarda del refugio Diego Mella en Collado Jermoso no me anima precisamente, pues me habla de una situación climatológica bastante desagradable, con nieblas y bajas temperaturas.
Aún así, a las 8 horas del sábado ya me encuentro en el aparcamiento de Fuente De (1.094 metros) mirando de reojo los empinados Tornos de Liordes cubiertos por la niebla a partir de los 1.600 metros aproximadamente.
¿Quién dijo miedo?. Supero la cuarentena de revueltas del viejo camino minero con mucha tranquilidad y cuando me asomo al Collado de Liordes (1.958 metros) me encuentro con una Vega despejada pero con las nieblas por debajo y las nubes por arriba, en medio una franja de unos quinientos metros por donde penetra el sol por algún resquicio.
Por el camino de Las Colladinas me cruzo con cuatro montañeros que vienen de Collado Jermoso. Uno de ellos me reconoce pues coincidimos hace un par de meses en la cumbre de Peña Castil, lugar de encuentro también con Jose C. y su mujer. Se trata de Félix, Ángel y sus esposas, integrantes de un grupo de montaña de Igollo de Camargo, los cuales llegaron ayer al refugio y no han podido hacer prácticamente nada por la adversa climatología.
El paso por Las Colladinas (2.200 metros) (3 horas) es una auténtica gozada e incluso la niebla parece levantarse un poco para disfrutar de la visión del circo de cumbres que se levanta sobre el Hoyo de Los Llagos. Las Torres de las Minas de Carbón, Casiano de Prado, Llambrión, Tiro Tirso, Sin Nombre, Blanca, Tiro Llago y Madejuno compiten en belleza con los más famosos circos alpinos.
Hace bastante tiempo que no pasaba por el refugio de Collado Jermoso y vuelvo a quedar asombrado por el magnífico entorno en que se encuentra y por la docilidad y cercanía de docenas de rebecos acostumbrados a la presencia humana.
El objetivo que traigo para el fin de semana son las cumbres que rodean el Hoyo del Llambrión, las cuales aparecen lastimosamente cubiertas por una niebla que baja cada vez más. Montse, la guarda del refugio, me dice que a pesar de la niebla puedo seguir las marcas de pintura amarilla que me guían entre ella hacia el Hoyo del Llambrión. Aquí se desvían a la derecha para remontar un pedrero y luego una serie de canalones rocosos en divertida y entretenida trepada, aunque la humedad de la roca producida por la niebla hace complicado el paso por alguna llambria inclinada.
Cuando las marcas de pintura finalizan solo tengo que seguir un aéreo pero fácil cresterío hasta la Torre de las Minas de Carbón (2.595 metros) (4 horas y media), donde la niebla solo me deja adivinar las impresionantes caídas hacia el Hoyo de Los Llagos y Las Colladinas. De vuelta por la cresta y siguiendo unos jitos creo ascender más tarde a la Torre Casiano de Prado (2.622 metros), donde la niebla me impide ver más que el jito de piedras que señala la cumbre.
Cuando ya estoy casi de regreso en el Refugio (2.064 metros) (6 horas) la lluvia se une a la fiesta y la tarde se pierde definitivamente. Llegan algunos montañeros con buenas mojaduras y otros que se marchan desencantados.
Suelo tener problemas para conciliar el sueño en los refugios pero la paz del lugar y la ausencia de ronquidos hace que esté metido en el saco casi once horas, prácticamente todas ellas durmiendo. Pero el amanecer no mejora el anochecer y las dos capas de niebla siguen instaladas en el valle y en las cumbres.
Aún así me animo a intentar ascender a La Palanca con la esperanza de que arriba esté despejado y pueda pasar luego por Tiro Callejo para regresar por Cabaña Verónica y La Jenduda a Fuente De. A pesar de la niebla no tengo ningún temor pues el camino está bien jitado y puedo llegar a la Torre de La Palanca (2.614 metros) (1 hora y media) sin mayores problemas, aunque la esperanza de que la niebla me deje ver algo se desvanece enseguida.
La niebla cada vez es más densa y me olvido del Tiro Callejo, por lo que bajo de nuevo al camino de Las Colladinas y sigo por ellas hacia la Vega de Liordes, acompañado ahora también por la lluvia que no va a parar hasta llegar a Fuente De (1.094 metros) (5 horas), donde al poco se recrudece de manera notable.
Podía sentirme molesto y cabreado por el mal tiempo que me ha limitado bastante la actividad, pero no, me siento agradecido por haber regresado sin percance alguno. Las montañas siguen ahí y siempre habrá otra oportunidad para volver a ellas.
Un saludo.
GUAU.
Jose.


