El asunto comenzó intentando ser la "Integral de Fuentes Carrionas" y acabó como acabó (el título que le he puesto al tema ya da pistas).
Supongo que sabréis que la "Integral de Fuentes Carrionas" consiste en subir al Curavacas, a Peña Prieta y al Espigüete, pasando, más o menos, por las cumbres intermedias (entre otras, por citar a las más significativas: Curruquilla, Hoya Contina, Alto del Ves, Tío Celestino, Tres Provincias, Peñas Malas, Pico Murcia, ...). Desconozco los datos técnicos en cuanto a distancias, desniveles acumulados, etc., pero creo que se puede catalogar tranquilamente como “una buena soba”.
Hicimos dos intentos:
1er. INTENTO (1.999, creo que en Junio):
Nos pusimos de acuerdo: Vidal, Maika, Javier (el presidente del club de montaña Picos, con el que nos federamos), Pedro (el “recio bejarano”, compañero de tantas aventuras) y yo.
Los tres primeros se fueron el día anterior (supongo que sería viernes), a dormir a Vidrieros, y Pedro y yo salimos el sábado de Valladolid sobre las cuatro de la madrugada.
Cuando llegamos a Vidrieros, sobre las seis de la mañana, los tres primeros, para aprovechar el tiempo, ya habían salido y nos dejaron una nota en el coche (por entonces todavía no eran muy habituales los móviles). A partir de ahí se desarrolló un juego muy bonito porque los presentíamos por delante, sin llegar a verlos durante mucho tiempo (no sé cuánto nos llevarían de ventaja), y Vidal, con su buen humor característico, nos iba dejando “pistas” (notas de ánimo) en los vértices geodésicos y montones de piedras de las cimas. Finalmente nos reunimos todos en el Tres Provincias (no porque los “cazáramos”, sino porque ellos iban, en cierto modo, esperándonos). Y digo también que fue un juego muy bonito, porque, a mi que soy muy cinéfilo, me recordaba persecuciones (aunque ya digo que no fue una persecución) de famosas películas del Oeste (sólo cito dos, absolutamente recomendables, con persecuciones memorables: “Centauros del desierto”, de John Ford, y “La venganza de Ulzana”, de Robert Aldrich, quien no las haya visto debe verlas).
Y bueno, entremos al detalle del relato.
Salida antes de la salida del sol, alrededor de las seis de la mañana, desde Vidrieros (1.351 m.), a por el primer gigante de la jornada:

Superando los duros pedreros, con el sol entrando poco a poco:


No recuerdo cuánto tardamos, pero sé que llegamos rápido a la cima del Curavacas (¡ya iba uno!, y bien gordo: 2.526 m.):

El siguiente objetivo más importante, Peña Prieta, ¡se veía lejísimos!:

¡Y no digamos nada del tercero de los gordos: el Espigüete!:

Nos costó algo encontrar el paso del Curavacas hacia la Curruquilla. Creo recordar que tuvimos que descender algo por unas terrazas hacia el norte y después cruzar por unas viras horizontales:

A la derecha iban quedando unos laguitos preciosos, supongo que alguno será el Pozo del Ves:

Dejando atrás cumbres (Curruquilla u Hoya Contina, no estoy seguro), que las nubes se comían (seguíamos encontrando pistas de los “indios”, que iban por delante):

Avanzando hacia el Collado del Ves, con Peña Prieta metida en nubes:

En el bonito Collado del Ves (el punto más bajo, creo, 2.070 m., de toda la cresta del Curavacas a Peña Prieta), muy frecuentado:

A partir del collado llegaba una de las zonas más duras: una escalera gigante, con cumbres sucesivas (cada vez más altas: Alto del Ves, 2.194 m., Alto Calderón, 2.269 m., Tío Celestino, 2.394 m., El Consejo, 2.445 m.), que no dejaba de subir hasta el Tres Provincias, 2.497 m.:


En el Tres Provincias nos esperaban los “perseguidos”, que nos animaban desde lejos, y nos reunimos con ellos:

Camino de Peña Prieta, todos juntos ya:

En la cima de Peña Prieta, el segundo de los tres gigantes, 2.536 m. (creo que lo que enseñaba Vidal era una tarjeta de cumbre), donde hicimos la parada más larga, para la comida más consistente:

Seguía entrando la niebla. Volviendo hacia el Tres Provincias, con los bonitos laguitos que hay en la vertiente de la derecha:


El Tres Provincias le ladeamos por la izquierda, sin volver a subirlo, dando vista a la preciosa Laguna de Fuentes Carrionas:

Pasamos por debajo de las Agujas de Cardaño (tampoco era cuestión de pelearse con ellas):

Volviendo a retomar la cresta:

Por el Cuartas, dando vista a otras muy bonitas lagunas (Hoyos de Vargas, creo que se llaman):

A estas alturas del día, no recuerdo la hora pero iba siendo ya algo avanzada (también avanzaba el cansancio), empezaban a cundir las dudas sobre si seríamos capaces de rematar todo el recorrido de la Integral. Quedaba mucho todavía: Pico de las Guadañas, Peñas Malas, Pico Murcia y ¡Espigüete! (nada menos, que se veía muy allá metido en nubes):

Las Peñas Malas, de lejos y con ese nombre, daban un poco de miedo:

Pero luego su cresta era más sencilla de lo que parecía (nos lo había dicho Vidal, que las conocía):

Y en el collado previo al Pico Murcia hubo que rendirse a la evidencia: no teníamos ya día ni luz suficiente (ni quizá fuerzas) para llegar hasta el Espigüete (y subirlo), así que, con un regustillo un poco amargo, sin subir tampoco el Murcia, nos echamos abajo, por el Arroyo de Valcabe, hacia Cardaño de Arriba:

No lo recuerdo bien, pero creo que en Cardaño de Arriba el grupo de Vidal tenía otro coche con el que fuimos a Vidrieros. Aún quedaba volver a Valladolid, en un día que fue muy largo.
La experiencia resultó gratificante, pero debido a la decepción de no haber podido completar la Integral, nos propusimos volver al año siguiente (por ese año ya habíamos tenido suficientes Fuentes Carrionas).
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