Si bien se trata de una ruta bastante conocida y habitual en Picos, no quiero dejar pasar la ocasión sin compartiros las múltiples emociones vividas en un magnífico día de montaña.
A las ocho de la mañana ya me encontraba en las proximidades de Sotres tras hora y media de coche. Comienzo a caminar por la pista que baja a los Invernales del Texu (880 metros) y cuando llevo apenas cinco minutos un amable ganadero de Sotres se ofrece a subirme en su coche hasta Pandébano. La tentación es grande pero he venido a caminar y caminando llego al Collado Pandébano (1.212 metros), (1 hora), con el lugar habilitado para los coches a tope de vehículos de todas partes del País.
En el collado ya puedo gozar de la espléndida visión del Picu Urriellu, acompañado del Neverón y Los Albos. A la izquierda observo también la amplia Canal de las Moñas, herbosa en su principio, por la que pretendo subir. Al principio no encuentro un sendero claro y subo a derecho por la fuerte pendiente hasta encontrar un pisado sendero cuando el altímetro marca cerca de los 1.500 metros.
Por debajo sube un paisano a buen ritmo y cuando hago una parada para combatir el calor con un trago de agua, aparece Alfonso Fernández, un minero jubilado de 69 años nacido en Sotres y que inverna en Gijón. Qué gran suerte la mía. Gozo como un enano escuchando cantidad de vivencias y anécdotas vividas en los Picos, especialmente como consecuencia de su actividad en las Minas de Áliva en los años 50.
El resto de la subida por la Canal de las Moñas se me hace cortísima pues el hombre es tremendamente comunicativo y me sube olvidándose a veces del trazado del sendero, allá por donde solo suben las cabras.
Una vez en la Majada de las Moñas (1.850 metros), (2 horas y cuarto) me enseña la cabaña que perteneció a su abuelo y que es la única que conserva la techumbre, así como otra donde falleció un paisano suyo en al año 1.951 por la caída de un rayo. Desdichadamente aquí nuestros caminos divergen y mientras él sigue hacia la Horcada Camburero para bajar a las vegas de Sotres por la Canal del Fresnedal, yo me desvío a la izquierda para subir hacia la cumbre que preside la majada, la Cabeza de las Moñas (2.067 metros) y que cuenta con unas vistas extraordinarias.
Siguiendo a toda cresta hacia el Oeste asciendo después a la Cabeza de los Tortorios (2.146 metros), (3 horas y media) que goza de una espectacular visión de las caras norte de la Peña Castil y del Picu Urriellu, donde se oyen las voces de los escaladores que trepan por sus paredes.
Hay que bajar ahora a tomar la brecha por la que pasa el camino hacia la Horcada Camburero (2.051 metros), para emprender la dura pero cómoda subida que no tiene más dificultad que los 400 m. a superar para acceder a la cumbre de Peña Castil (2.444 metros), (4 horas y media).
Otros dos montañeros que llevan cinco días por Picos me acompañan en la serena contemplación de un pasiaje maravilloso y en el drama de ver y escuchar un helicóptero revoloteando por el Macizo Oriental. Mala señal.
Hoy leo en la prensa el accidente sufrido por dos montañeros en el intento de ascensión a la Morra de Lechugales, uno de los cuales hubo de ser evacuado en el helicóptero.
Mientras intento reconocer cada pico de los muchos que me rodean llega una joven pareja con su perrita, la cual se tiende agotada a mi lado. No tarda en llegar la conversación y mira tú por dónde ciertos comentarios en cuanto a determinadas actividades nos hace reconocernos mutuamente como activistas de este foro. Jose C., su esposa y su perrita Kaira me ayudan a pasar un rato muy agradable compartiendo experiencias montañeras que en un futuro pueden ser comunes gracias a este foro.
Les dejo disfrutando del magnífico día y emprendo el descenso hasta la Horcada Camburero, donde me dejo caer por la vertiente oriental siguiendo la evidente Canal del Fresnedal. Me desvío luego a la izquierda para acercarme hacia Pare Carbonal y continuar el descenso por esta otra canal paralela a la anterior, aunque al final vuelvo a confluir con ella en las dos cabañas que componen la Majada del Fresnedal (1.350 metros), (6 horas).
A medida que pierdo altura el calor aumenta y me regalo unos minutos de descanso tumbado a la sombra que proyecta la pared de una de las cabañas. Qué paz, qué quietud, ni siquiera los todo terreno que circulan por la pista hacia Áliva consiguen abstraerme del profundo sentimiento de satisfacción que tengo.
En pocos minutos bajo a las Vegas de Sotres (1.067 metros), que aparte de la belleza de sus cabañas y el entorno en que se encuentra me ofrece la frescura del agua de la Fuente del Prado. El final del precioso circuito discurre por la pista que pasa bajo la Peña de Fresnidiello donde vuelvo a escuchar la actividad de los escaladores, para dar vista después a los Invernales del Texu (880 metros), (7 horas) y subir a la carretera de Sotres donde espera el coche convertido en un horno.
El cansancio se acumula en las piernas pero sé por experiencia que mañana estaré como nuevo y en disposición de volver a gozar de la montaña. No sé si será en Picos, en Liébana, en el P.N. Saja-Besaya o en otras montañas de la Cordillera Cantábrica. Lo que sí sé es que si mi casa se cae no me coge debajo.
Un saludo.
GUAU.
Jose.


