Cuando salimos de casa llueve. Afortunadamente, según vamos ganando el norte los cielos empiezan a despejarse. Dese la autovía fantasma ya se ven a lo lejos las dos joyas de la corona palentina. Llegamos sobre las nueve y veinte. Hay bastantes coches lo mismo que en Pinollano, señal de que hay mucha gente dispuesta a no dejar pasar un espléndido día de sol. Hace bastante viento. No hay tanta nieve en cotas bajas como esperabamos así que nos toca portear los esquís. El Espigüete siempre presente en nuestro recorrido por el valle. Hemos visto una cordada por el corredor noreste.
Al fondo ya vemos el objetivo. Es esa panza que tapona el valle y que está repleta de nieve.
Nos vamos acercando al objetivo y divisamos las hermosas Agujas de Cardaño. Hemos visto a una cordada que subía por el corredor más a la derecha de las mismas.
Dudamos si tirar hacía el Cuartas, que también presenta muy buen aspecto, pero como ya lo hemos hecho en otra ocasión pues seguimos hacía el Celestino.
La panza del Celestino aparece ahora en todo su esplendor y podemos ver que ninguna huella la recorre.
Poco después de la Cascada del Ves, y antes de llegar al segundo puente, nos podemos calzar ya los esquís.
La Cascada y el Collado del Ves.
Pasado el puente la subida empieza a ser más fuerte. La nieve está dura al principio y luego hay zonas con costra.
El Espigüete siempre vigilante en la lejanía.
Empieza la subida de la panza. La nieve costra. En previsión de que más arriba pueda estar muy dura ponemos las cuchillas que además ayudan a la hora de trazar las continuas zetas.
Al llegar al cordal sopla algo de viento pero bastante menos que hace un rato que se veían remolinos de nieve. En la cima vistas espectaculares. Desgraciadamente me quedé sin pilas y sólo os puedo mostrar esta del Curavacas. Hemos visto un grupo con esquís en Peña Prieta y a nadie más.
En la bajada la nieve está bastante bien todavía y se esquía con facilidad, aunque en mi caso eso no quita para pegar algún que otro derrape y una caida sin mayor importancia. Al comienzo de la panza hay una pareja, también con esquís, que la va a empezar a subir ahora. Luego hasta el puente una continua romería de gente. Y el pueblo ahora invadido de coches aparcados por todas parte, incluso en la carretera. Llegamos a la vez que los del coche de al lado con los que también coincidimos por la mañana. Vienen del Murcia.
La semana que viene volvemos, así que ya os contaré.
