El pasado fin de semana el cuerpo nos pedía pisar algo de nieve y visitar sitios nuevos, así que terminamos subiendo al refugio de Cabrones.
Dejamos el coche en Poncebos y a eso de las doce comenzamos la caminata. Unas horas más tarde llegamos a Amuesa sin salir ni un momento de la sombra de las montañas a las que nos dirigíamos:
El Llerosos y la brecha de la Canal de Saigu:
La claridad del cielo no presagiaba lo que nos encontraríamos arriba, en ese otro mundo de rocas y nieve que a veces parece pertenecer a otra dimensión:
El refugio estaba vacío y a una temperatura de unos tres grados. Cenamos, escuchamos la ventisca fuera y nos fuimos a dormir.
Afortunadamente al día siguiente las nubes se abrieron poco antes del amanecer, y luego inflamaron el cielo durante la salida del sol.
En la foto el Neverón de Urriellu a punto de entrar en erupción:
Y, al fin, el Pico de los Cabrones:
Desde aquí tiramos hacia Urriellu. El estado de la nieve era simplemente impredecible. Muchos tramos estaban helados y requerían crampones, y en otros te hundías hasta la cintura. El sector de los Albos:
En la Horcada Arenera el viento parecía capaz de moldear las rocas. En dirección a la costa, sin embargo, las cosas parecían distintas:
Tenía la pinta de ser el típico día en que llegas a casa con la cara enrojecida por la ventisca y el viento helado y alguien te comenta: "qué, menudo día más bueno eh, mucho sol", y tú te preguntas cuál de los dos ha pasado las últimas 12 horas en el planeta equivocado.
Un poco más adelante vemos el próximo "hito" de la ruta:
Bajamos a Urriellu por la Corona del Rasu, que no presentaba ninguna dificultad, y de ahí a Bulnes por La Terenosa. Después de tanta roca, nieve y hierba quemada por el frío, la verdad es que la visión de las praderías, cabañas y riachuelos que bordean el camino a Bulnes nos alegró la vista.
Eso es todo, un saludo.



