Al final, aprovechando un par de días libres, nos preparamos para subir a Vegarredonda y presentarnos al examen de esa asignatura pendiente. El plan original era subir el jueves tarde al refugio y subir al día siguiente, pero el parte del tiempo nos hace cambiar de idea y decidimos hacerlo el jueves desde Pandecarmen y bajar al refugio a dormir.
Salimos de Lugones de madrugada, y como es el día de los Inocentes, nuestro coche decide hacernos una inocentada. Al llegar a Covadonga, hace un amago de querer morir en la carretera ¿nuestra maldición sigue vigente? Tras un vistazo a motor y bujías, parece que la máquina vuelve a la vida, como si su amago sólo fuera una broma, y por fin nos atrevemos a subir a los Lagos; eso sí, tras perder un tiempo precioso que lamentaremos al bajar…
A las siete de la mañana, salimos de Pandecarmen entre tinieblas. Una hora más tarde, estaremos ya en Vegarredonda. Cambio de mochila, preparar material y tomar un café. Cerca de las nueve de la mañana ya estamos enmedio de la Llampa Cimera. El sol ilumina la mañana y la montaña comienza a relucir, mientras nos pegamos con la mala nieve que hay en el Cornión…
Tras pasar La Fragua, el sol llega a calentarnos unos breves momentos. Será toda la luz que recibamos en el día antes de llegar a cima, unos breves segundos de calor en la gélida mañana…
Y lentamente ganamos altura. A pesar de que una cordada va por delante y nos abren huella (lo que agradecemos inmensamente) la aproximación es larga y pesada, restándonos parte de las fuerzas que necesitaremos más adelante…
Poco a poco ganamos altura, y parece que naveguemos entre las nubes, mientras la tierra queda lejana, allá por abajo…
Llegando a Cemba Vieya, tenemos la pared ante nosotros, ominosa y silenciosa…
Tres horas desde Vegarredonda, nos llevó acercarnos a Cemba Vieya. La cordada que nos precede, ya está rapelando de bajada. Nada como estar fuerte y saber moverse por la montaña…
Pero ahora es nuestro turno. El cansancio de la aproximación no debe restarnos energías, ya que la hora de la verdad se nos presenta… llevamos un par de clavos, otro par de tornillos (que no salieron del arnés) y algunos fisureros. Equipados con el material invernal obligatorio (crampones, piolets, casco…), y enlazados con cuerdas de 60 metros, remontamos el nevero y entramos en el resalte inicial, un corto paso de III+ , bien protegido pero con muy mala nieve que nos obliga a ser muy cuidadosos (y lentos).
Aquí, la compi subiendo por el resalte. Unos metros por encima de éste, una corta pendiente de nieve (50º) nos lleva a una reunión equipada para rapelar.
Continuamos por el corredor, que poco a poco se abre más. Pasamos otro tinglado de rápel y, a mitad de vía más o menos, una espectacular y aérea vira…
Unos metros fáciles (40º) nos acercan al diedro final. Las condiciones no son buenas, este último largo se hace pesado y trabajoso en exceso, luchando por poder progresar entre la roca lisa y la escasa y poco consistente nieve... con cuidado, salimos del diedro, a escasos metros de la cima…
Y por fin, la cima. Algo más de dos horas desde la base nos lleva subirnos a los 2488 metros de la Torre. A pesar del sol, sopla el viento con mucha fuerza, es un día desapacible en la montaña.
El paisaje, eso sí, compensa el esfuerzo. La señora del Cornión destaca ante nosotros. El Torco y las Tres Marías la acompañan…
Al Este, otras montañas se yerguen imponentes. Picos en todo su esplendor…
Lo único que estropea la belleza del momento, es el poco agraciado y desastroso Maquis…
Y tras disfrutar de la cima, toca el descenso… nos llevará casi tanto tiempo como la subida, pegándonos con los rápeles. Cuatro haremos en total. En la foto, preparando el primero, que desde la cima nos dejará en la base del diedro…
Los rápeles están equipados, pero es necesario llevarse cuerdas de 60 metros. Si hay mucha nieve, pueden estar tapados. Si, como fue nuestro caso, hay poca, puede ser algo complicado el llegar hasta los tinglados…. Si bien puede destreparse parte del corredor sin excesivo compromiso, hay secciones que nos obligarán a ser muy cuidadosos y no descuidar la seguridad (atención sobre todo en la aérea vira central)
Poco a poco, vamos bajando. Aquí, el penúltimo rápel, después de la vira…
Y ya en el final, un rápel que resulta espectacular, aunque muy corto…
Y de vuelta a Cemba Vieya. De aquí, sólo queda volver a Vegarredonda, e intentar llegar a tiempo para la cena. Nuestra lentitud, unida al contratiempo mecánico de la mañana, hace que bajemos desde La Fragua a la luz de las estrellas. La montaña resplandece ante la caricia de la mortecina luz de la luna, y el numen durmiente que habita en su seno despierta y nos observa benévolo, por esta ocasión.
Sólo queda disfrutar de un merecido descanso, al calor del refugio, contentos por haber dejado atrás nuestra maldición del Marqués, y esperar próximas jornadas de montaña…
Feliz año 2007. Esta Nochevieja brindaremos por quienes aún están y por los que desgraciadamente ya se han ido…

