Los Beyos constituyen un paraje inigualable para el montañero, donde su historia, y sus tradiciones se conjugan en un marco inhóspito y salvaje.
El Canellín
Aquí, el Canellín, se yergue como desafiante centinela del indómito paisaje de Amieva y Ponga, y es esta montaña, la cancha donde practicaremos nuestro deporte favorito.
A unos 400m. antes de llegar a Puente Vidosa, un sendero tendido sobre el muro de la carretera asciende sigilosamente. Estamos en el Camín del Llacigón. Subimos y rápidamente nos introducimos en un bosque de hayas conocido como Monte Cuebu.
Con cierta tendencia a la izquierda accedemos a una pequeña canaleta tallada en la roca que atraviesa una horcada. Descendemos unos metros y al poco llegamos a un puente de cemento que atraviesa el río Redonda donde una cascada nos recibe con música de Vivaldi: el Otoño.
Pastel sobre lienzo título: el otoño
Desde la profundidad del valle observamos la gran muralla que defiende las espléndidas y apacibles praderías de los puertos de Baeno y por donde los pastores accedían inverosímilmente. Nosotros recorreremos este sendero si es que existe todavía.
Nuestro camino prosigue de manera ascendente por la senda aún visible hasta una cabaña. A la izquierda de la construcción subimos rápida y sinuosamente entre los matorrales. A una altura ya considerable atravesamos un bosquecillo de avellanos, donde un jito nos indica que estamos en el buen camino.
Aquí giramos a la derecha y acometemos la travesía hacia el extremo rocoso.
La senda bien definida nos facilita la tarea.
Peaje
Una conducción de agua nos indica el camino a proseguir. Estamos en el Sedo de La Cruz del Pico que nos da acceso al puerto de Baeno.
Desde aquí giro sobre mi espalda y retrato El Carriá, conocida por los nativos de esta zona como La Roble.
Baeno es una planicie salpicada de verdes praderías que compiten en belleza con extensos bosques de hayas. Las cabañas se desparraman por doquier, algunas en mal estado de conservación. Un gran balcón donde contemplamos las espectaculares montañas de Ponga, desde El Niajo, hasta La Mota Cetín y donde la paz y el silencio dominan el espacio, sólo interrumpido por el sonido del viento.
Es aquí al lado de una vieja cabaña donde hacemos el primer alto del camino.
Valdepino.
Proseguimos nuestro camino por las estupendas praderías hacia la Llampa Baeno y buceamos entre sus bosques con alfombra de otoño.
Una vez coronada la Llampa Baeno, tenemos que descender a una hondonada, atravesamos un pequeño bosque de hayas siempre con dirección norte donde accedemos a un promontorio rocoso, cresteamos los metros finales.
El Canellín no tiene vértice, carece de jito alguno, ni unas piedras donde dejar mensajes, lo único que tiene es una terrible cortada de ochocientos metros.
la cortada.
Arriba, al fondo a la izquierda La Mota Cetín, abajo el río Sella. Ceneya, Vega Cién, Camporriondi y Sames.
La foto de cumbre con Roberto y un amigo que me eché en foropicos, que tuvo la gentileza de acompañarnos en esta excursión a la montaña y que no es otro que Tresconcejos.
Saludos.


