Un libro; una fotografía. Imprecisa, lejana, vaga... aparentemente inofensiva. Pero nace una idea, una posibilidad, y una nueva oportunidad para saborear Picos en estado puro... Ascender desde Culiembro al Monte Les Muyeres para alcanzar el Jorcáu del Olisu, mil metros más arriba. Asomarse al otro lado y comprobar si, primero, es posible alcanzar las Traviesas de Lechadorio; segundo, si son recorribles y, tercero, si se puede acceder a la Horcada Verde y, por tanto, a Cabeza Llambria y a Ario. No conozco nada del itinerario, no sé de nadie que lo haya recorrido, ni si alguien lo ha hecho alguna vez (aunque supongo que algún pastor sí)... ¿Qué más se puede pedir?
A los pocos días me encuentro de repente en Culiembro. Miro hacia arriba, llegar hasta el Monte Les Muyeres no parece tarea fácil, aunque tampoco me sorprende, lo tengo bien estudiado. El Monte se despliega quinientos metros más arriba, sobre un gran muro de roca vertical, que se prolonga hacia la derecha hasta la Canal de Abiaos formando un salto impracticable. Hacia la izquierda, un terreno empinado formado por una sucesión de gradas herbosas y resaltes de roca, que recibe el nombre de El Cerroso, es el punto más débil, ya que más a la izquierda el intrincado laberinto de El Celloso cae vertiginosamente sobre la Senda del Cares y La Huertona.
Un recorrido zigzagueante por el incómodo laberinto de El Cerroso lleva a una abertura, una especie de colladina en la cresta de la izquierda, a unos 930 m. Esta colladina es un punto importante, porque es el acceso más sencillo al escondido Valle El Engüergu, que ahora se despliega ante mis ojos, delimitado por el sur por el Serracho del Llambrio y por el norte por la susodicha cresta, que más abajo se desploma en El Celloso. Desde aquí es posible bajar hasta conectar con el arriesgado paso de El Celloso y volver a Culiembro cerrando un circuito. Y en sentido contrario, atravesar por El Llambrio hacia la Canal de Sollambrio, aunque creo que este paso se halla definitivamente perdido por la desaparición de las armaduras que lo facilitaban.
La subida al Monte Les Muyeres
Desde la "colladina".(Foto de otro día, por la tarde).
Pero hoy toca seguir subiendo. Sin trasponer la cresta-colladina, hay que elevarse a la derecha, hacia las primeras hayas del Monte Les Muyeres. Pronto los avellanos obstaculizan el avance; por suerte, el otoño se deja sentir ya y el ramaje es menos denso, así que “culebreando” y trepando resaltes de roca alcanzo una zona ya libre de avellanos, inmerso en el Monte Les Muyeres y cerca ya de la despejada canal de la derecha. Creo que hasta aquí se puede llegar sin tantos obstáculos por el terreno situado más a la izquierda (trazo blanco en la foto siguiente).
La subida al Jorcáu El Olisu.
La canal no presenta ninguna dificultad. Más arriba, aparece un escalón rocoso que se esquiva sin problemas por la derecha, siguiendo una senda de rebecos. Se llega así a un pequeño grupo de hayas dominado por una pared vertical y, detrás, cien metros más arriba, aparece el Jorcáu El Olisu, con una marcada cueva justo a su derecha.
Ascendiendo hacia el Jorcáu El Olisu, arriba a la izquierda.
Ostón queda cada vez más abajo.
Asomarse al Jorcáu El Olisu es asomarse a un filo de cuchillo con cuatrocientos metros de caída a la Canal de Sollambrio. Toda la garganta del Cares, desde Valdeón a Los Collados, se despliega ante mis ojos, y me paso un buen rato dedicado a la contemplación, posponiendo (y temiendo) el momento de explorar si existe continuidad hacia las Traviesas de Lechadorio.
En el Jorcáu El Olisu.
Abajo, las canales de Cerezales y Sollambrio, con la Traviesina Táranos.
Primeros pasos hacia las Traviesas de Lechadorio.
Al mirar en esa dirección, lo que veo es esperanzador, pues se distingue claramente una senda de rebecos en la traviesa, aunque el terreno que conduce a ella aún está oculto. Me asomo, y compruebo que no todo iba a ser coser y cantar: una travesía descendente de unos quince metros exige total concentración para no acabar con los huesos en Sollambrio. Es el tramo más expuesto y díficil técnicamente de la traviesa.
Primer tramo, el más difícil.
El mismo paso visto desde el otro lado.
Ya con los pies en suelo firme, una corta subida me lleva al tramo prácticamente horizontal de la traviesa, en cuyo inicio existe otro paso delicado, pero mucho más corto y fácil que el anterior, pues sólo hay que usar las manos para equilibrarse. Una vez superado, el terreno vuelve a ser franco y ancho, aunque impresionante, bajo la vertical pared sur de Cabeza Llambria y sobre el precipicio de Sollambrio. Otro hombro impide ver la continuación de la traviesa, y casi corro para asomarme y ver el futuro inmediato, que se materializa en forma de otra vira herbosa colgada sobre el vacío, de aspecto amenazador. Resulta ser más sencilla de lo que parece debido a la presencia de buenos apoyos para pies y manos, aunque es preciso mantener toda la atención.
El tercer tramo delicado queda atrás.
Después de este último obstáculo, el lugar de acceso a la Horcada Verde queda inmediato. Hay que abandonar la traviesa (que sigue desplegándose con parecidas características por la cara sur de la Cabeza El Verde) en el único punto en que es posible, y se alcanza así la corta y verde canal que lleva a la Horcada. La cumbre de Cabeza Llambria queda a pocos minutos y es un placer llegar a ella para deleitarse con el panorama.
Cabeza Llambria y vista general de la Traviesa de Lechadorio.
La parte final del recorrido.
Tras la inevitable visita a ese lugar mágico, Ario, el descenso por Trea, siempre sorprendente, sirvió para cerrar el circuito.
Fascinante Ario.
ATENCIÓN: Recorrido sólo para personas con experiencia en terrenos peligrosos y acostumbradas a trepar con el vacío inmediato. El error se paga muy caro, no hace falta decir con qué... Por supuesto, totalmente desaconsejable con tiempo húmedo.
¡Hasta pronto!


