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El invierno se retrasa este año en Picos. Noviembre, pese a los dichos populares, no cubre los cantos de nieve. Esta prórroga nos hace pensar, a quienes aún no tenemos hechos los deberes del verano, en cumbres todavía pendientes… algunos compañeros se fueron para allá la semana pasada, y el pronóstico del tiempo del domingo parece invitarnos a posar nuestros pieses por Aliseda. Todos estos factores se unen para impulsarnos a corretear por el Cornión, en busca de la cima de La Robliza…
Así, este domingo de Noviembre, aparecemos por los lagos, pendientes del tiempo (del clima y del reloj) en busca de una oportunidad.
A primera hora de la mañana, el alba aún no rompe con las tinieblas, y La Ercina sólo puede brillar con la luz que le roba al cielo. Desde aquí, remontaremos casi hasta poder tocarlo con nuestras propias manos…
El primer tramo de la ruta es un agradable paseo por majadas y vegas, como el Paré…
Y cuando por fin el sol calienta Asturias, estamos ya muy por encima de las nubes que cubren los valles…
Este pedazo del Cornión muestra un paisaje de pesadilla, roca quebrada que se extiende hasta el infinito, o si no hasta El Jascal y Cabezo Llerosos, que también quedan un cacho lejos…
El infierno nos rodea, y tendremos que cruzarlo. El tramo de Los Joos de Carbanal y la Vega de Aliseda, es sin duda el más tormentoso de la ruta. Con niebla, casi un suicidio el cruzarlo sin conocerlo muy, pero que muy bien…
Sin embargo, poco a poco vamos ganando altura y llegando a Los Tiros; a pesar de nuestros temores, cruzamos este tramo con bastante rapidez, y el camino infinito queda ya por detrás nuestro…
Para llegar a La Robliza, debemos acercarnos a los collados entre la Verdelluenga y la Torre Blanca de los Cabrones.
En concreto, justo debajo de esta cima un colladín esconde un buen sendero para acercarnos a la base de La Robliza.
En el collado, de repente, La Montaña se nos echa encima. El frío, el viento y las nubes se cierran sobre Valdeón y cubren la luz con una gris y desapacible oscuridad. Parece como si La Montaña nos quisiera expulsar de su seno, y la duda empaña nuestro ánimo…
Sin embargo, la vemos. Se nos muestra en la tiniebla, y amenaza con surgir a la luz; nos invita a una incierta aventura ¿es una trampa?¿un desafío?¿un hechizo? No podemos resistirlo, y nos lanzamos sobre ella…
La niebla se abre a cada paso, y poco a poco la luz vuelve al mundo de las alturas. Es un regalo, y estamos dispuestos a aprovecharlo. En el collado Llambredas, base de la ascensión a La Montaña, la arista Oeste es una alfombra (de III grado) que nos depositará en el paraíso
Esta cresta es verdaderamente aérea, con una roca no precisamente buena. Los pasos de II y III, pese a su exigua dificultad exigen tener mucho cuidado, y ser muy prudentes, en la subida y en la bajada. Para rapelar, complicado, ya que es un recorrido completamente diagonal. Sólo recomendable a piquistas con horas de recorrido y mucha seguridad encima.
Si cumplimos estas premisas, podremos gozar de un corto baile en el filo de un cuchillo, sintiendo el vacío como sólo las águilas pueden sentirlo…
Y por fin, La Montaña. La Robliza. Colgados sobre el vacío, el mundo aparece a nuestro alrededor. Desde el abismo sobre El Cares, hasta la cima de las murallas que sostienen el cielo.
Todo a nuestro alrededor. La Peña Santa, Señora del Cornión, imponente ante las demás cumbres…
Los Urrieles, que nos encogen ante su inmensidad…
La infinita montaña Cantábrica, a la que sólo el mar hace frente…
Sin embargo, las nubes cubren Valdeón. Sólo tímidamente podemos apreciar su belleza… tal vez las nubes quieran cubrir discretamente las andanzas de la gente del encuentro, algunos secretos que La Montaña guarda prudentemente…
Ahora, sólo queda volver. Antes de que la luz nos abandone, y la oscuridad vuelva a esta tierra, retornamos por la caprichosa roca del Cornión, en busca de nuestro refugio…
Tras un verano animado, con caminatas, escaladas, y otras vergonzosas andanzas por muchas y lejanas tierras, este Maquis siente cómo el tiempo del invierno llega a Picos.
Sólo queda agradecer a La Montaña el regalo de final de temporada, y gozar con los últimos atardeceres antes de que la nieve llegue ¡Bienvenida sea!
Iremos preparando piolets y crampones… volveremos a bailar en La Montaña cuando ésta se cubra de blanco ¡Hasta pronto!


