Después de la incursión, hay una conclusión incontestable: el mapa de Adrados aquí no sirve para nada, ni tiene casi nada que ver con la realidad.
Se trata de parajes muy salvajes y agrestes, prohibitivos para gente que lo pase mal trepando por terrenos aéreos y descompuestos, siguiendo a duras penas los rastros de las cabras y los rebecos por pendientes vertiginosas y exponiéndose a ser recibido a pedradas por algún rebeco poco hospitalario
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Para llegar a la zona nosotros elegimos el hermoso pueblo lebaniego de Lon, donde antes tenemos la precaución de hablar con algunos pastores de la zona para recabar información sobre la zona que pretendemos visitar. El objetivo que les planteamos es subir al Prao Juanfría por la Canal de los Novillos. Alguno prefiere hacernos desistir del empeño, otros se esfuerzan por darnos referencias que nos ayuden a encontrar los lugares que buscamos y sus pasos clave.
Desde Lon, una pista con tramos de fuerte pendiente nos lleva en una hora hasta Andalubia, en Los Rasos de Lon. Luego, una bien trazada senda remonta la canal de Los Tornos, entre los Picos de Los Pandillos y de Mañimoco, para dejarnos en las bucólicas brañas de Los Puertos de Edes.
Edes es un lugar paradisíaco, en el que hay que hacer un esfuerzo para no dejarse caer panza arriba y acabar pidiendo permiso a los caballos para pastar en su compañía.
Después de Edes, la ruta continua a media ladera por el camino de Las Buscas, que “busca” el abandonado destino de Las Minas de Viaje.
Poco antes de llegar al final del camino nos encontramos con una pedrera que sirve de referencia para remontar ladera arriba, hasta avistar la Canal de Los Novillos. Por lo que vamos descubriendo según subimos, esta canal transcurre casi paralela a la de Juanfría, que queda más al norte oculta a nuestra vista. La canal ofrece una fuerte pendiente, que se puede salvar bastante bien siguiendo por su derecha los rastros del ganado.
En la parte alta hay que evitar seguir recto hacia un collado próximo. Tal y como nos dijeran los pastores, hay desviarse a la izquierda para alcanzar otra collada y descubrir una elegante cresta. El asome a la cresta nos descubre entre dos canales casi simétricas. A un lado, la canal de Los Novillos por la que acabamos de subir. Al lado opuesto, otra canal más estrecha cuya existencia ignorábamos. A la vuelta sabremos que se trata de la Canal de Las Piedras.
La Canal de Los Novillos desde la cresta. Abajo, los prados colgantes que enlazan con las Arredondas
La Canal de Las Piedras desde la misma cresta y al lado opuesto (abajo, el collado que da vista a Sebey y Mancorbo)
En este punto no tenemos claro por donde avanzar. Enfrente sólo vemos muros y gradas de fiero aspecto. Sabemos que Juanfría queda a nuestra izquierda, por eso buscamos alguna traviesa lateral, pero sólo descubrimos desventíos. A la (mala) vista de ello, decidimos tirar hacia arriba, con la esperanza de encontrar la traviesa en algún punto más alto.
El terreno es muy agreste y no admite opciones (tampoco errores). La única posibilidad es trepar y trepar por canalizos estrechos, a veces más protegidos y a veces menos. La traviesa no aparece por ningún sitio. Cada asome en su busca sólo nos descubre nuevos y más horrendos desventíos. Por eso seguimos trepando hasta llegar junto a una pequeña aguja en el borde del abismo, en la base de un muro que apunta hacia la cumbre de lo que podría ser el Pico Juanfría. O sea, que nos hemos pasado claramente de rosca. Antonio, el cauto, dice que “hasta aquí llegamos”. Alfonso, el tercoptimista, aún tiene ganas de trepar el muro. Intuimos que estamos cerca de la Horcada Juanfría y busca algún paso inverosímil que sirva para descender hasta ella. Desde casi la cumbre, tiene que vencer el vértigo de los abismos para obtener una intuición de paso, pero tan comprometido que antes de afrontarlo habría que firmar un pacto de no agresión con El Diablo.
Vista general de Las Terreras y el punto hasta el que llegamos trepando
Después de cavilar acerca de donde hemos podido equivocarnos, iniciamos el destrepe, con sumo cuidado y en buena camaradería para no lanzarnos una pedrada. En las proximidades de la cresta donde culminaba la Canal de Los Novillos decidimos aprovechar una sombra para comer y disfrutar del lado salvaje de la vida.
En ese momento no lo sabemos, pero acabamos de completar una incursión por la zona inhumana que los pastores llaman de Las Terreras.
¿Y bien? ¿Dónde podría estar ese paso que nos dijo Carlos, el pastor de Lon, entre los Novillos y Prao Juanfría? A la vuelta nos repetirá lo que no entendimos bien por la mañana: ¡la cresta!, teníais que haber seguido la dirección opuesta a la cresta hasta encontrar una traviesa inverosímil, pero factible; donde, a lo que se ve, sólo se puede pasar rezando para que no te alcance alguna de las piedras que lanzan los rebecos desde sus atalayas. Lo cierto es que nosotros nos habíamos asomado, pero no acertamos a verla, quizá porque nos nublaron la vista los desventíos.
Desde la cresta entre canales, lo único que nosotros vimos claro fue esa Canal de Las Piedras de muy inclinado, pero tentador aspecto. Así que, después de deshojar la margarita, por ella que nos lanzamos a bajar
Vista general del tramo alto de La Canal de las Piedras
Rápidamente, la canal nos precipita hacia una especie de collada-balcón, con vistas hacia el este, hacia los prados de Sebey y la canal de Mancorbo.
Luego, un giro a la derecha para descender el último tramo de canal pedrera abajo y retornar al paraíso de Edes
Allí, de nuevo en Edes, nos enfrentamos a la mayor dificultad de la jornada: vencer el deseo de no salir de allí y superar un ataque de alucinaciones que nos hace confundir las yeguas con sirenas.
Y otra vez en Lon, es inevitable que la vista se vuelva atrás tratando de reconocer el lugar de la “derrota”.
Pero en la montaña ya hemos aprendido que la “derrota” es una victoria. Vuelves a casa cargado de recuerdos para contar y de razones para volver.
Siempre en buena compañía, ¿verdad, Alfonso?

