Es martes 29 de agosto. Durante el viaje España está dando una lección de baloncesto a Macijauskas y compañía que no se enteran de por donde les da el aire (como los griegos ayer, domingo triunfal, je,je,je). Al llegar a Poncebos la paliza ya ha concluido. Ahora nos toca otra paliza a nosotros: subir al refugio de Cabrones.
En Cabrones he estado muchas veces, pero es la primera que lo voy a visitar. Así como es la primera vez que estaré en Bulnes, en Amuesa…, nombres y escenarios oidos y vistos muchas veces. Hace ya tiempo que habíamos previsto está ruta y ahora estamos en la canal del Tejo empezando el recorrido. Me hubiese gustado un día con menos sol. Pero en el cielo no aparece ni una sola nube. Al llegar a Colines preferimos enfilar hacía Bulnes de arriba. Tras un somero vistazo enfilamos hacía la canal de Amuesa con el sol dándonos de plano. En la fuente El Torno cogemos agua a pesar de un ridículo cartel que indica que no tiene garantías sanitarias. Amuesa cuesta lo suyo y más a estas horas tan intempestivas para andar danzando por estos parajes. Al llegar al Collado Cima comemos algo. Corre un viento algo fresquito que nos obliga a resguardarnos para no quedarnos frios. Y no nos quedamos, no.
Seguimos la ruta cuando las nubes empiezan a esconder las cimas de algunos picos. Siguiendo unos hitos traidores nos hemos perdido (y eso que llevamos la ruta en el GPS, brújula, mapa y he leído reseñas). Cuando queremos reaccionar estamos casi en el collado de La Celada (¿Cuántos nombres hay repetidos en los Picos?) ¡Pa matarnos! Menuda pájara. Sin demasiada dificultad, orientativa, retomamos la ruta correcta. Lo que pasa es que ahora la niebla ya nos invade. O sea que no vemos un pijo hasta que de pronto surge de entre la niebla la imagen tantas veces vista y ahora vivida: Cabrones y sus agujas y Cerredo y las suyas, el risco Saint Saud y la torre Labrouche.
Llegamos al refugio sin más novedad. No hay mucha gente, aunque el guarda, Sergio, nos pregunta si no hemos visto a nadie tras nosotros pues espera todavía a cuatro con reserva. Me siento en una de las mesas y empiezo a charlar con dos que me cuentan que son de Madrid y llevan ya varios días aquí. Hablamos de cosas varias y entonces algo dicen de Foropicos. Son Marco y su amigo Miguel que están acampados fuera. Aparte de ellos, somos ocho a cenar. En la cena Moros y Cristianos y macarrones con chorizo y tomate. Muy bueno todo y para hartarnos. Tras la cena subo a la Collada del Agua con dos tios de Torrelavega. La niebla impide una buena visión. Sopla el viento frio y las nubes van ocupando el entorno. Al poco en el refugio me quedo con Fernando, un asturiano que ha subido con su mujer y sus dos hijas, y espero que vengan Marco y Miguel. Cuando vienen charlamos un buen rato. Resulta que Fernando, casualidades de la vida, ha conocido este verano en Benasque a dos amigos nuestros (estuvieron la semana que nosotros hicimos el Picu). Se hace tarde y salimos para fumarnos un cigarro. Hace tanto frío que me entran tiritones. A dormir que son más de las once. El desayuno a las siete. Cuando me levanto y salgo aún es de noche y está cerrado por todos lados. Ha llovido. Pinta mal. Pero Sergio dice que va a hacer un día cojonudo. Estará de cachondeo, pienso. Pero no, poco a poco se va abriendo. Así que nos preparamos y bajamos a la fuente. Allí nos despedimos de nuevo de Marco y Miguel que van a esperar a que se seque la tienda para salir hacía Urriello. Nosotros empezamos la aproximación al comienzo de la arista Noroeste de Cabrones.
Nos ponemos los arneses y colgamos algo de material. También nos ponemos las chaquetas pues sopla un viento molesto y frío (el viento es un factor añadido de dificultad, al menos para mí). Como ya sabíamos la roca está bastante descompuesta. Incluso algún bloque parece estar a punto de desprenderse. Hay que andar siempre con mucha atención y asegurando bien los agarres.
A veces hay que buscar el mejor paso y otras la cresta se vuelve tan afilada que la cosa está clara. Hay un paso que nos contaron que había gente que lo pasaba a horcajadas pero que creo que se pasa bien por el lateral. En otro sitio estuvimos a punto de sacar la cuerda pues no lo veíamos claro pero al final se pasaba bien por la derecha, es decir por la vertiente de Dobresengros
Este paso que se ve en la foto puede que sea lo más difícil técnicamente de toda la arista. Está ya cerca de la cumbre y creo que se puede bordear por la derecha, pero ya no se va por la arista pura y dura. Es una placa con canalizos a la que hay que “saltar” pero que no presenta más problema.
Y en una hora poco más o menos llegamos a la cumbre. En este tipo de recorridos, que pueden parecer fáciles, se acumula mucha tensión al estar siempre, y nunca mejor dicho, en el filo de la navaja. La boca se queda seca a cada paso arriesgado que se da. Así que en la cumbre uno siente alivio y mucha alegría por estar en la cumbre de una montaña soñada.
Miramos lo que nos queda. Yo estaba convencido de que lo más difícil era llegar hasta aquí y que luego, con la confianza adquirida, lo demás lo haríamos con mayor tranquilidad. Sin embargo, surgió la pregunta ¿Qué hacemos? O sea, dudas. Empezamos el descenso hasta la brecha. Allí tenemos que decidir seguir por la cresta o por la normal de Cabrones hacía abajo.
Y decidimos bajar por la normal: “Ya hemos tenido bastante diversión por hoy”. Pero no deja de ser una decepción tener que abandonar sin haber conseguido el objetivo. Lo que pasa es que cuando hay dudas yo prefiero dejarlo. Hemos perdido una buena oportunidad pero la decisión creo que fue acertada. Aunque queda un regusto amargo.
Desde el Jou Negro mirábamos de nuevo la pared de Cabrones por donde hemos bajado y la arista. Aquí ya estamos arrepentidos de haberlo dejado. Decidimos subir a Cerrado por la normal. Aquí no sopla nada el viento y el sol arrea de nuevo.
No tenemos ninguna reseña de la subida al Torre por la normal (no estaba previsto). Pero vamos siguiendo hitos y cuando no buscando el mejor paso. Pero vamos, que está muy marcada y llegamos sin problemas.
En la cumbre las vistas son espectaculares y se está tan a gusto, se respira una paz, que no dan ganas de bajar (sobre todo porque parece que la bajada también se las trae). Tenemos un compañero en la cima: un ratón de la misma familia de los que merodean por el refugio ¿Se habrá colado en la mochila de alguno?
Seguimos echando miradas a la arista y viendo la fácil que es el tramo final (salvando el muro, claro). Una pena. Tras una hora más o menos emprendemos la bajada.
En el refugio hay mucha más gente. Dos chicos vascos van a hacer la integral al día siguiente y nos preguntan. Les contamos que sólo hemos hecho la arista NO de Cabrones y les animamos a completar la integral. Espero que la acabasen sin problemas.
Al día siguiente emprendemos el regreso. Nos despedimos de Sergio que es un tipo estupendo: el guarda que uno espera encontrar en un refugio. Vamos a bajar por Urriello. Ya de mañana el calor aprieta. Al llegar al refugio cargamos agua y elegimos bajar por el fondo del Jou Luengo, lo que pasa es que no sabemos donde empieza el camino exactamente. Empezamos a bajar por el camino de Pandébano. Parece que nos hemos pasado la bajada. Así que cuando ya vemos que nos hemos pasado emprendemos la bajada por una canal hacía el fondo del Jou.
Cerca de las dos estamos llegando a Bulnes. Un tipo detrás de mí me insta descortésmente a que me aparte. Cuando me vuelvo resulta que son Marco y Miguel. Vienen de Urriello por Pandébano. Vamos al Bar de Rafa como locos a por unas cervezas bien frías. Está también Alberto tomando un vino. Presentaciones. Charlamos un rato. Alberto se va y me da pena no haber podido charlar con él más ampliamente y con más tranquilidad (tengo que decir que yo bajaba reventao por el cansancio y, sobre todo, por el calor). Comemos. Tengo que agradecer también a Rafa que nos dedicase un rato: gracias por todo Rafa.
Entre unas cosas y otras cuando queremos llegar a Poncebos son las siete. Tomamos las últimas cervezas (Cocacolas los que conducen), hacemos las últimas risas y nos despedimos de Miguel y Marco que van a seguir su periplo por otros lares. Me ha encantado conoceros y espero coincidir muchas veces más.
A pesar de todo, han sido tres bonitos días. Cabrones ya no está pendiente.

