Sábado, 26 de agosto.
Iniciamos el camino hacia Urriellu entre nubes y niebla. Hasta que de pronto parece querer abrirse la niebla...
y aparece en toda su inmensidad. Su visión sigue impresionando como la primera vez.
Desde la Vega de Urriellu remontamos la Canal de la Celada, con algún paso complicado al final, pero no peligroso.
Llegamos al Colláu Tras el Picu y el espectáculo visual no tiene desperdicio: el Jou tras el Picu, la cara sur: no menos impresionante que cualquiera de las otras tres, y Collada Bonita junto a la Aguja de los Martínez.
Sorprende la poca actividad que hay hoy por aquí. Sólo dos cordadas subiéndolo: una por la sur, y otra iniciando la este cuando llegamos nosotros; y ninguna más en todo el Picu. No deja de ser chocante que no haya más; el día está nublado y aunque no brilla el sol, no amenaza tormenta. Contrasta mucho con la imagen que vimos desde Peña Castil el otro día, parecía un hormiguero de gente escalándolo por todas partes.
Voy hasta la base de la sur.
Trepo por algunas de sus terrazas hasta colocarme lo más cerca bajo la cordada que la está subiendo. Me sorprende mucho lo áspera que es la caliza de esta pared, casi granulada, y por tanto con una gran adherencia.
Luego voy bordeando hacia la este, donde está la otra cordada.
Las fotos no dan fe de la realidad de esta pared. Es mucho más espigada de lo que aparenta.
Sigo bordeándolo hacia la norte y descubro la “Y” griega que tanto se menciona en los libros de escaladas, aunque a mí me parezcan más las pinzas de una langosta. En la base de ella veo una placa que recuerda a un escalador vasco fallecido en este lugar. De lejos pensé que era la que menciona el inicio de la primera escalada, por lo que sigo adelante a ver si la encuentro; siguiendo el rastro del Cainejo y el marqués.
La otra placa no aparece, el camino continúa pero no voy más allá: a la derecha la ladera se vuelve en un precipicio muy aéreo que cae hacia la Celada. Esto ya son “palabras mayores”. Al fondo veo la famosa llambrialina y doy la vuelta en este lugar donde probablemente el marqués quedó esperando al Cainejo, cuando éste cruzó sobre ella explorando el paso hacia la cumbre.
Vuelvo hacia atrás y ahí veo a Rico esperándome en el Colláu, fartucu ya de verme perder el tiempo inútilmente por entre estas peñas
Va siendo hora de comer algo. Bajamos al refugio y hasta la próxima.
Así todo, me supo a poco. Habría que volver otro día...
Saludos.
