Deseo, afán, necesidad, obsesión. Obsesión por conocer, por recorrer esos parajes, por descubrir cada palmo de terreno, por poner los pies donde ahora sólo pisa el rebeco...
Resulta paradójico que ahora busquemos la satisfacción personal allá donde la gente de los Picos desarrolló su lucha por la supervivencia durante siglos. Recorriendo algunos de estos lugares sólo queda maravillarse una vez más de la osadía, arrojo y resistencia demostrados por los pastores desde siempre. Ellos lo hacían para seguir con vida. El hombre de ciudad, ahora... ¿acaso para sentirse vivo?
Cuando contemplamos el Cornión desde, por ejemplo, Collado Jermoso nuestra mirada se centra inevitablemente en la reina Peña Santa. Sólo después paseamos la vista por la Bermeja, Los Cabritos, la Robliza, Capozo, acaso Tras La Envernosa.... ¡Hay tanta belleza que admirar! Nuestros ojos pasan rápidamente de un lugar a otro, en un vano esfuerzo por grabarlo todo en la retina. Entre tanta grandiosidad, una “pequeña” porción del terreno suele pasar desapercibida: la Peña Sardón.
Recibe el nombre de Peña Sardón el conjunto de contrafuertes que caen del Pico del Pino y las Torres de Arestas hacia el NE, entre las Canales de Sardón (o Canales, a secas) y la Canal de Tras La Envernosa. Su modesta cima, de unos 1712 m, pasa prácticamente desapercibida, pero sus colgadas laderas fueron objeto de una intensa actividad ganadera: son las llamadas Majadas Bajera y Cimera de Sardón, a pesar de que nunca hubo construcción alguna, como me dijo Antonio, un anciano vecino de Cordiñanes, que llevaba allí sus trescientas ovejas hace años. Gracias a sus indicaciones, no tuve ningún problema en encontrar el acceso por lo bajo, el llamado Pasero de Sardón. Más impreciso fue al describir la Pasada La Parda, y nunca había recorrido el Paso de Llambria Jitosa. Vayamos por partes.
Caminando por el camino de Capozo, unos cincuenta metros más allá del Argayo Corona (en este tramo la senda recibe el nombre de Camino de La Rodiella), un casi imperceptible sendero se desvía a la izquierda y discurre casi horizontal hasta arrimarse a las paredes rocosas inferiores de Peña Sardón. Sube un poco entonces y se interna en el monte, ya en la vertiente de Peguera. Un par de jayas derribadas interrumpen el sendero, pero se pasa bien entre sus ramas. De inmediato, el sendero remonta la pared rocosa aprovechando unas inverosímiles viras en un recorrido corto pero precioso para salir a la ladera superior, a unos 1000 metros, donde desaparece.
En los metros finales del Pasero de Sardón
Se sube buscando las zonas más cómodas, dejando a la derecha una peña con un llamativo desplome. La sombra de algunas jayas protege del sol, pero al poco se sale a una zona despejada. Derivando a la izquierda se llega a un rellano en la cresta, a 1220 m, desde donde me asomo a Cordiñanes. Hacia arriba ya se extiende el ámbito de la Majada Bajera. El Pico del Pino asoma tras la cresta de Peña Sardón:
Para llegar a la Majada Cimera existen dos opciones: una es recorrer dicha cresta, sencilla y muy aérea, con vistas impresionantes de las Canales de Sardón. La otra, que constituye el camino ancestral, es elevarse en diagonal a la derecha por la Majada Bajera, hasta alcanzar la cresta que la limita por la derecha (noroeste) y la separa de la Majada Cimera. Llego a un colladín, desde donde avisto la Majada Cimera, de la que me separa la canal que se precipita en el abismo de La Junera.
Majada Cimera y Pico del Pino oteándola.
Con alguna precaución ahora, dado lo inclinado del terreno, pero sin dificultades atravieso y entro así en el área de la Majada Cimera.
Ahora toca buscar el paso hacia la Llera Leños. Nuevamente, existen dos modos. El primero es ascender directamente por los recovecos de la Peña Sardón hasta ganar su cima (1712 m), desde la cual un corto destrepe con roca delicada lleva a la Llera Leños. Pero para seguir el auténtico paso del ganado es preciso efectuar una travesía lateral manteniendo más o menos la altura. Se pasa sobre una estrecha canal (intuyo que es aquélla en cuya parte inferior se halla el arriesgado Paso de Llambria Jitosa. Más tarde comprobaré que así es) y se llega a un último hombro, a unos 1450 metros, desde donde se accede a una ladera menos inclinada, que se hunde más abajo en los paredones de Llambria Jitosa. Arriba ya se avista la Llera Leños, dominada por la Torre de Arestas Nororiental y el Pico del Pino, separados ambos por la estrechísima Canal del Osil.
Con la sola dificultad de subir la cuesta, se llega a la Llera Leños, a unos 1700 m. A la izquierda, la cima de la Peña Sardón, y a la derecha, una estilizada e impresionante aguja con su correspondiente horcada.
Comienza la segunda fase de la exploración, la búsqueda de la Pasada La Parda.
Guillermo Mañana, en su obra “La Garganta del Cares”, la define como “un inverosímil paso entre la Canal de Tres de La Envernosa al N., y la zona alta de La Llera Leños al S., en la cota aproximada de los 1.700. El marcado y elevado collado por el que, en teoría, se abre el paso, queda formado entre los gigantescos paredones de La Parda al SO. y en lo alto, y el rocoso e inclinadísimo espolón de Llambriajitosa al NE. y en lo bajo. Justo en la parte más elevada de Llambriajitosa un par de afiladas y elegantes agujas rocosas adornan el paraje cuando se contempla desde la Canal de Tres de La Envernosa.”
Me hallo en el lugar indicado por Mañana y señalado en sus fotografías descripitivas pero algo no encaja. Antonio me había dicho que la Pasada era utilizada para pasar las ovejas al Hoyo Tras El Horcado (no a la Canal de Tras La Envernosa) y que en sentido contrario se iba a la Mesa El Pino. Además, desde la Llera Leños había que subir “un pedazo”. No recordaba ninguna aguja característica.
Me asomo a la horcada de la aguja. Una canal desemboca en un cortado infranqueable, impensable para el paso de ovejas. Conclusión: el paso descrito por Mañana no es la Pasada La Parda.
La aguja vista desde Tras La Envernosa
Siguiendo rastro de rebecos, trepo hacia arriba, dejando a la izquierda la Canal del Osil. A los 1800 metros ¡sorpresa! Me doy de bruces con un sendero horizontal claramente marcado. ¡Estoy en el buen camino! Excitado por el descubrimiento, decido explorar hacia la izquierda, aunque la Pasada La Parda quedaría a la derecha. El sendero cruza la Canal del Osil y se encarama a una horcada cercana. Al otro lado, tras un breve trayecto sobre Canales, una llambria corta el camino: ¡este debe de ser el Sedo El Mostajo!. El paso es corto pero muy aéreo, una caída sería muy larga. Al otro lado, me encuentro en la colgada ladera llamada Mesa del Pino, a unos 1800 m. Hasta aquí venían las ovejas a pastar en aquellos tiempos de esplendor ganadero, hoy sólo hacen acto de presencia los rebecos.
El Pico del Pino (1980 m) se eleva desafiante. No tengo más remedio que subirlo. Para ello, atravieso en diagonal La Mesa y alcanzo la aérea arista que cae sobre el Argayo Arestas. Impresionante. Una fácil trepada lleva a la cima. No parece que haya subido mucha gente, pero las vistas bien merecen la pena:
Regreso por los mismos lugares a la Canal del Osil y prosigo hacia la Pasada La Parda. Resulta que todavía es preciso ascender más (una travesía a la misma altura acaba en cortados espectaculares) por terreno pindio, y una última trepada (quizá no acerté con el rumbo más adecuado en los últimos metros) lleva a una cresta horizontal, adornada por un promontorio rocoso y un ojal, ¡a 1900 m!
Desde la cresta de la Pasada La Parda. En el centro, la cima de Peña Sardón. Por la horcada de la derecha del todo se pasa a la Mesa del Pino.
Lo que veo al otro lado disipa las dudas que pudiera tener. Las fáciles laderas que bajan del Hoyo Tras el Horcado hacia Tras La Envernosa aparecen cercanas y surcadas por sendas de rebecos. Sólo una pared de roca ¡parda, cómo no! rodeada de caliza gris me separa de ellas: la auténtica Pasada La Parda. El descenso se hace en diagonal, aprovechando pequeñas viras y repisas, y es más sencillo de lo que parece aunque hay que andar con ojo. Casi no es necesario usar las manos. En pocos minutos me hallo en suelo “firme”, miro hacia atrás y me maravillo de los lugares que he conocido.
La Pasada La Parda.
Detalle de la zona superior.
Desciendo por la injustamente olvidada Canal de Tras la Envernosa, la cual tiene sus trampas si no se conoce.
Al llegar a la zona cimera del Sedo, una voz se introduce en mis oídos: “Paso de Llambria Jitosaaaa”. Miro el reloj: la bajada puede esperar. Acto seguido, me desvío a la derecha. Pero eso es otra historia...
¡Hasta pronto!




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