La “ Integral de José ”: Lago Enol - Espinama
Dos mil seis es año Santo Lebaniego. Mi primer trabajo fue en Liébana allá por 1989, también año Santo. Mi idea era cruzar en solitario los Picos, desde Covadonga a Santo Toribio. Mi hijo, José, se apuntó a la expedición. Hicimos alguna variación sobre la ruta y la acortamos al inicio y al final, suprimiendo el tramo Covadonga – Enol y el tramo final desde Áliva a Santo Toribio. Diseñamos una ruta A, consistente en el recorrido de la integral de Picos desde la Vega de Enol hasta el Hoyacón de Villasobrada y desde allí a Áliva por la Canal del Vidrio. Teníamos previstas varias alternativas y escapatorias según las condiciones físicas y meteorológicas.
José es un “montañero” de once años, que lleva pateando los Picos desde los siete. Está acostumbrado a llevar su pequeña mochila con víveres, agua y ropa de recambio, pero nunca había cargado con saco y esterilla.
Partimos, con gran ilusión, padre e hijo, el miércoles 19 de Julio a las ocho de la mañana desde el Collau Les Veleres, sobre el Lago Enol. Las previsiones meteorológicas anunciaban la posibilidad de tormentas, pero el día había amanecido espléndido en Villaviciosa y en los lagos se mantenía magnífico, así que iniciamos nuestra andadura. La pala y los volquetes rompen el encanto del inicio del trayecto, pero una vez pasada la Vega de Enol, todo vuelve a ser tranquilo como siempre, los cencerros y “ les vaques casines” nos acompañan en nuestro recorrido. Cuando alcanzamos “ La Rondiella ” comienzan a aparecer sobre Torre de Santa María unos negros nubarrones que no presagian nada bueno. Nos detenemos en el Refugio de Vegarredonda a desayunar y a charlar de las previsiones. Ha habido poca gente estos días debido al calor. Nos comentan que es probable que la tormenta no llegue hasta la tarde. El cielo vuelve a clarear, nos despedimos y tomamos rumbo al collao La Fragua. El sol luce, hace calor, pero se camina muy bien. Vamos charlando todo el tiempo sobre el recorrido de hoy, comentamos cuales son los accidentes más relevantes, donde hice vivac este mes, cual es el Requexón, le explico qué es la Cemba Vieya y el corredor del Marqués.
Cuando alcanzamos el Jou de los Asturianos, vemos que sobre La Peña se está organizando la mundial. Le prevengo, no se ve un solo gorrión alpino, ni bisbitas, ni chovas, ni buitres, ni rebecos, ni un solo sonido animal. La tormenta está cociéndose. Ponemos todos los artilugios electromagnéticos y metálicos en mi mochila y vamos buscando un buen “vivac” para refugiarnos. Cuando el fulgor del primer relámpago da inicio a la tormenta, dejamos la mochila bajo unas piedras y volamos hacia los contrafuertes de la Torre de la Canal Parda que nos ofrecen un magnífico refugio. Nos ponemos los cortavientos y las esterillas nos sirven de protección, colocamos una contra la piedra y la otra envolviéndonos por delante. La tormenta viene del Sur, encima de la Peña Santa. Comienza el espectáculo, aguaceros, vendaval, granizo, rayos, relámpagos y unos truenos impresionantes. Para los ojos de un observador de la naturaleza, una tormenta de verano en los picos es fascinante, y aunque estábamos bien protegidos, mantenía cierta preocupación, especialmente por José. Éste, estaba feliz, se divirtió de lo lindo, comiendo chocolatinas y observando el espectáculo sin preocuparse del peligro. Ha tenido una magnífica lección práctica de cómo protegerse de una tormenta en el monte. Todos los que salimos a Picos durante todo el año estamos expuestos a estas vicisitudes. Siempre hay que estar alerta. Quince minutos después del último rayo, decidimos, ya con cielo casi despejado, abandonar el vivac y recuperar la mochila y los bastones. Volvemos a caminar hacia El Jou Santu, no sin antes encontrarnos con dos montañeros que estaban a punto de coronar la canal estrecha cuando un rayo percutió contra la cima de Peña Santa. Las pasaron canutas descendiendo la canal estrecha. Decían que los rápeles los “volaban” literalmente. Menudo susto.
Continuamos hacia El Boquete, en un tramo que a José no le gustó nada. En El Boquete, dando vista al central, hicimos una parada para observar la magnífica perspectiva y para comentar los resaltes y accidentes más importantes. Por fin, José veía la Canal de Dobresengros en casi toda su
Longitud, casi paralela a las Canales de Arzón y Moeño. El Picu de los Cabrones y Torrecerredo se reconocen perfectamente desde nuestra posición. Comenzamos el largo descenso por la Canal de Mesones hasta Caín. En la entrada del Jou de la Robliza observamos la pared de ésta, que había coronado con nuestro grupo Llama Ello apenas diez días atrás. Me comenta que no le impresiona mucho. Le digo que el problema de la Robliza no es la pendiente, sino la mala calidad de la piedra y que nunca te puedes fiar de los agarres, lo que, al menos a mí, me provocan una desazón continua.
En la Majada de Mesones hacemos un alto. Es un dolor ver el abandono en que se encuentra. Sólo una de las cabañas mantiene su techo. La fuente, situada un poco más abajo, mantiene un ralo goteo, insuficiente para proveernos de agua. Qué pena. Desde aquí ya se vislumbra Caín, y las vista sobre El Cuetu Los Cabritos y El Cuetu Agudos son muy bonitas. Durante el descenso, José se resiente de una lesión que se produjo jugando al fútbol descalzo en la playa; su meñique del pie derecho recibió un golpe y tuvo distensión de los ligamentos flexores. El largo descenso y algún apoyo mal realizado, le provocan dolor en este área. Quitamos la bota y el calcetín y le hago un pequeño vendaje con esparadrapo y gasa. Descendemos por el Sedo Mesones y luego por el Sedo Armado. Le voy contando historias de los cainejos, estirpe de pastores y guías de montaña, pioneros del Picu, gente recia y valiente, le comento qué son los sedos y que algunos de ellos han sido tallados a mano.
Decidimos pasar la noche en Caín. Encontramos acomodo en el Hostal Cuevas, tenemos la fortuna de que la carretera todavía está cortada y podemos dormir en cama tras una buena ducha y una suculenta cena que Luisa nos sirvió. José , se lo merece, ha hecho 1560 m de ascenso y 2100 m de descenso. Decidimos madrugar para afrontar Dobresengros antes de que el sol de mediodía nos calcine.
Tras un buen desayuno, a las ocho de la mañana nos ponemos en marcha hacia el Sedo Mabro. José va marcando su ritmo. Vamos sin prisa. Para subir el sedo, su voluminosa mochila le molesta bastante y le dificulta la progresión. Le conmino que se la quite en los pasos más estrechos y trepa como una lagartija sin ella. Para mí progresar con las dos mochilas es un poco más complejo, pero no hay problema. En la fuente La Pipera nos refrescamos y hacemos buen acopio de agua. Desde aquí hasta Urriellu, Cabrones o Jermoso no conozco ninguna fuente, por lo que el peso de la mochila se incrementa notablemente. Continuamos el ascenso en este tramo hasta el Canalón, que a mi personalmente me resulta muy grato. José, tras la dificultad inicial en el Sedo, marcha muy bien. El ascenso le resulta más sencillo y menos doloroso que los descensos. Va marcando su ritmo. Le comento que la próxima parada la haremos después del Canalón, donde, seguramente, el sol nos dará de pleno. La senda se ve muy marcada este año, sin duda los “artistas” de la integral de picos han contribuido a ello, incluso el Canalón, que el año pasado estaba muy roto, se asciende fácilmente, con José esguilando por las llambrias de los laterales o por las pedrizas centrales. En el hayedo superior, nos tomamos un respiro. Hace un día espléndido, la temperatura es magnífica y estoy disfrutando con mi hijo de unas jornadas inolvidables en el corazón de los picos. No puedo pedir nada más, paladeo cada instante, aprovecho cada segundo, la conversación no cesa: la vida de los pastores, los canalones de Dobresengros, subir Torrecerredo o Los Cabrones, cuál es el tramo más duro, dónde vamos a vivaquear, ...
Retomamos la ascensión, ahora bajo un sol de justicia. Le repito por enésima vez la misma canción: pasos cortos, apoyos firmes, sucesión de pasos constante, sin pausas, usa los bastones como ayuda. Remontamos sin problemas hasta la Gargantada del Hoyo Grande. Ni rastro de personas. Cruzamos los Hoyos Grandes y bajo una gran piedra desprendida de la Torre Bermeja, habilitada para vivac, preparamos la comida, tras la cual sigue una buena siesta de dos horas !!!! por parte de José, con saco y todo.
El Hoyo Grande Cimero es un lugar que me fascina. Lejos de todo atisbo de civilización, entre alguna de las cumbres más guapas de los picos, con los rebecos siempre presentes. Sé que hay un acceso desde aquí a la Horcada Bermeja, me encantaría conocerla, pero no es el momento ni la compañía para intentarlo. A media tarde la previsión es continuar hasta la Horcada de Caín para pernoctar al raso y si mañana hay fuerzas y ánimo intentar Torrecerredo. José marca el ritmo por las pedrizas que bajan de la Torre de Coello y vamos intuyendo los pasos de las rutas que nos llevarían hacia el Tesorero y hacia el Llambrión, que no parecen muy sencillas, al menos desde aquí. Este invierno, Dios mediante, haremos la travesía con esquís en sentido inverso, debe de ser una auténtica maravilla.
Remontamos hasta la Horcada de Caín, pero sopla mucho viento del sur, subimos entonces a la Horcada de Don Carlos, pero no nos gustan los vivac, y descendemos nuevamente a la Horcada Arenizas Baja. Nos cruzamos con un rebaño de unas sesenta cabras que merodean por el cresterío y Jou del Pico Boada. Nos preparamos para vivaquear al raso, será la primera noche de José bajo las estrellas. El sitio para ello no puede ser mejor, con la cara Oeste del Picu reflejando la luz del ocaso. Damos cuenta de los cada vez más escasos víveres y preparamos las esterillas y los sacos. Lo único que nos molesta es el viento racheado. Le digo que seguramente al anochecer el viento cederá. Craso error, las rachas van incrementando su intensidad y arrecian durante toda la noche. No llega a hacer frío, pero dentro del saco se está muy bien. Noche estrellada, ni una sola nube, cuento al menos diez estrellas fugaces, pasan muchos aviones, y el viento que no cesa. Al amanecer nos quedamos dormidos en el mejor sueño de toda la noche, siempre me pasa lo mismo, cuando se hay que incorporar es cuando más apetece quedarse en el saco. A las 8 levantamos el campamento y desistimos de intentar Torrecerredo. Vamos a desayunar al refugio de Urriellu (ilusos). José se resiente de su pie al iniciar el descenso. Le tengo que volver a vendar su pie diestro. Hay una cordada de dos ascendiendo la Llambria Bermeja. Alcanzamos el refugio de Urriellu a las 9.55 h. Entro para pedir un par de Colacaos. Sorpresa !!! El “ refugio ” (?) permanece cerrado al público (?) de 9.30 a 12.00 horas. Me niegan la entrada. Insisto en que no quiero nada para mí, pero que le preparen un Colacao al crío de once años. Sólo es poner 3 cucharadas de cacao en un vaso y añadir un poco de leche les digo, el vaso lo lavo yo en la fuente. Inútil, me lo niegan por tres veces, están de limpieza y no pueden hacer excepciones. Sólo tres montañeros británicos que acaban de llegar están en la vega de Urriellu. No comprenden nada; yo tampoco. Nos vamos hacia la fuente indignados, es inaudito, para qué sirve un refugio ? Al cabo de un rato llega el chaval con un vaso de cacao frío y un paquete de galletas Príncipe de Beukelar, caducadas de abril 05. José se toma el Colacao y cuatro galletas, no le gustan, están revenidas. Le mando a pagar y a darles las gracias, yo no tengo ningún ánimo para ello. Son casi las once y decidimos seguir hacia Sotres por Pandébano, ya que el pie de José no va muy bien, y parece que está cansado, el viento no le ha dejado dormir suficiente. En la entrada de la Canal de la Celada, le digo que me espere un momento que me quiero asomar. Me pregunta qué es lo que hay. Le digo que nuestra opción A era ascender por aquí, circunvalando el Urriellu hasta la Collada Bonita. Dice que lo quiere intentar, que si tenemos recorrido alternativo. Le comento que podemos salir a la Canal del Fresnedal, bajo la Peñe Castil que ascendimos en Junio, o por el Valle de Las Moñetas que descendieron en la Integral de Picos. Se pone a ascender la Canal de la Celada. Hay otra cordada de tres en la cara Este. La Canal de la Celada es muy agradable , va recobrando las fuerzas y el ánimo, mi indignación se va calmando, el percance del refugio y el tener que dejar prematuramente la ruta que había imaginado no habían contribuido a mejorar la situación. Ahora, remontando la Celada, rememorando viejas historias del Urriellu, el ataque de los pioneros, la historia del Cainejo y el Marqués, los dos ascendemos felices. Devolando la collada de la Celada, vemos una cordada de cuatro en la cara sur. Me interroga ¿cuál es la cara y la vía más fácil? ¿porqué no lo he subido todavía? ¿cuándo lo voy a intentar?, ... Realmente no sé si estoy preparado para subirlo. No soy un escalador, soy un simple pisapraos, pero la tentación es muy grande. Mis compañeros dicen que siendo segundo de cordada se sube bien. La verdad es que tengo medio pensado intentarlo en Septiembre-Octubre con un guía. Tendré que investigar en el foro. Los rebecos nos acompañan muy cerca y decidimos subir hasta la Collada Bonita. El ascenso se hace duro, hay mucha rampa y la pedriza está muy suelta. Trepamos por los contrafuertes del este todo lo que podemos. Hay un momento en que va trepando por unas llambrias bastante aéreas y verticales y paso un momento de zozobra. Al fin alcanzamos la collada. La verdad es que la vista de la sur de Urriellu es majestuosa. Nos paramos a “picar algo” en el vivac que hay acondicionado en la collada. Comentamos que debe ser mucho más divertido descender la pedriza que ascenderla. Le digo que en la integral habían habilitado unas cuerdas fijas para ayudar a los superhombres, y repite otra vez que es imposible hacer ese recorrido en nueve horas. No lo puede entender. A fé que yo tampoco. Quedamos en venir a verlos el año próximo y a hacer de aguadores para nuestro amigo Pina que fue capaz de llegar dentro del control.
Me confiesa que ha pasado un poco de miedo en un tramo, pero afortunadamente no se ha agarrotado ni ha perdido el control. Pienso que quizá he sido un poco inconsciente por subir por aquí, pero realmente ahora creo que ha merecido la pena. Insiste en que quiere subir Urriellu en Septiembre, que irá a entrenar al rocódromo del polideportivo. Ya veremos, de momento, se está comportando como un campeón. Descendemos dejando atrás la Aguja de los Martínez hacia el Hoyacón de Villasobrada. Comenzamos a ver la Peña Vieja, cerca de la cual está nuestro objetivo. Comenta que se alegra de no haber descendido hacia Sotres, me pregunta que si me habría molestado su retirada. Le digo que aunque hubiésemos bajado hoy a Sotres estaría muy feliz y muy orgulloso y que nunca se me olvidará esta experiencia en su compañía, ni su interés por todo, los nombres de los picos, de las canales, de las colladas, de las historias de la montaña. Le doy un abrazo y un beso y continuamos hacia los contrafuertes de los Tiros Santiago. El ascenso hasta la Collada de la Canalona se le hace muy duro y en los tramos finales, contra su voluntad, cargo también con su mochila. No quiere que se la lleve, tiene grabado en su mente la frase de Juan, nuestro presi : “ José, en el monte, hay que ser autosuficiente”, pero le persuado finalmente ofreciéndole una buena cena en Fuentedé o en Espinama. En la Collada de la Canalona apuramos nuestros últimos víveres y quedamos en volver otro día para subir Peña Vieja, hoy está demasiado cansado para intentarlo. Me pregunta por la Canal del Vidrio y por el recorrido de mañana. Desde aquí a Fuentedé es un paseo, ha recuperado fuerzas y baja las pedrizas corriendo, como siempre. Dice que le encantaría bajar desde la Collada Bonita así. Comenzamos a ver gente, excursionistas de todo tipo. Llegamos al Cable a las 16.30, esperamos media hora para bajar por el teleférico y conseguimos alojamiento en El Rebecu. Ducha, cena suculenta, un chuletón de 1,3 kg que compartimos y noche de descanso reparador.
El sábado subimos en el primer viaje del teleférico, que no arranca hasta las nueve de la mañana (?). Está encantado porque toda la gente que sube son montañeros, con cuerdas, pies de gato, mochilas de ataque, mosquetones. Me pregunta si son muy incómodos los arneses. Le comento que cuando llevas un rato con ellos no te das cuenta que los cargas, salvo si te quedas colgado de ellos. Me pregunta si irán todos a Urriellu. Le comento que estamos en medio del macizo central, y que hay muchos picos y muchas vías que se pueden hacer desde aquí. Nos encaminamos hacia Áliva con idea de subir al collau Cámara y descender hasta Tanarrio, Brez o Lon, pero la niebla no se quiere disipara arriba y decido que vamos a bajar de paseo hasta Espinama para que su madre y su hermana nos vengan a buscar a Casa Máximo. Telefoneamos desde los invernales de Igüedri y terminamos nuestra excursión en Espinama.
Desde aquí hasta Sto. Toribio fuimos porteados en coche. Las fotos las enviaré al foro si soy capaz de disminuirlas de tamaño y colgarlas de un servidor.



