Salimos de aquí a las 9 y cuarto de la mañana. Vamos camino de aquella horcada de la derecha, por la canal que asciende hacia ella, la Canal del Fresnedal. A la izquierda de la imagen, el Cuchallón de Villasobrada. Peña Castil se encontrará detrás del pico más alto que se ve al centro de la imagen.
La ascensión por dicha canal se hace bastante dura, pero al final de esta parte llegamos al Horcado Fresnedal. Desde aquí ya vemos Peña Castil, a la izquierda; y La Horcada de Camburero, a la derecha, que es hacia donde debemos dirigirnos.
Pero aún nos queda el tramo final de la canal hasta alcanzarla.
Una vez allí, giramos a la izquierda y seguimos ascendiendo la última rampa hasta la cumbre. El tramo final discurre entre piedra suelta.
Un poco más arriba de la roca del centro, el camino hace un recodo antes de la cima y...
ya nos ofrece un aperitivo de lo que nos espera: Peña Vieja, algunos de los jous y canales del central, y el Espigüete al fondo, en la Cordillera, entre otras vistas.
El paisaje, impresionante. Pero de todo el entorno destaca algo en primera línea hacia lo que la vista se va sola: EL REY.
El de España, no; el de Los Picos: EL URRIELLU.
Seguramente, lo más cerca que estaré nunca de ver esa cumbre. Las montañas del fondo difuminan en parte su vista. Pero desde aquí somos espectadores privilegiados durante unos minutos de toda actividad que acontece en esta montaña y en todo su alrededor.
Descendemos hacia la Horcada de Camburero, al centro de la imagen. Por detrás vemos Pandébano y Maín.
Una vez en ella, bajaremos hacia la derecha para retomar la Canal del Fresnedal. Abajo, la pista que va a Áliva y las Vegas de Sotres; y frente a nosotros el macizo de Ándara.
Ya en la parte final de la canal, volvemos a pasar por la Mayada Fresnedal, con el Escamelláu al fondo.
Así, llegamos a nuestro punto de partida, las Vegas de Sotres; donde un cómic futurista, quién sabe si visionario, publicaba que se construiría una pista de aterrizaje aquí.
Todo ello, en un futuro, cuando esta tierra sea un megaparque temático de la naturaleza y la montaña. Esperemos que nuestros nietos sean inteligentes, o mejor no, sean sólo sensatos.
Hasta la próxima.
Saludos.
