Hace poco más de nueve meses un forero llamado Novato entraba en el Foro para contar que quería cumplir un reto y contar con vuestras opiniones. Todos le animasteis y compartisteis vuestras opiniones y consejos. Incluso alguien (gracias, Nandi) tuvo la generosidad de invitarle a una reunión de escaladores del Foro a la que acudió y así pudo conocer a alguno de vosotros. Por entonces apenas sabia nada de escalada (ahora poco más) pero su idea de escalar el Naranjo, y con ello llegar a lo que apenas hace nada consideraba inalcanzable, iba tomando una forma más concreta. Este miércoles, 19 de julio, se ha materializado esa idea y ha cumplido el reto y el sueño de muchos aficionados a la montaña.
Nuestra primera al Naranjo.
El Naranjo está cargado de historia y forma parte del imaginario montañero de los españoles. Subir al Naranjo es para muchos más que una escalada. En realidad, los que no escalamos habitualmente, lo que queremos es subir y por eso aprendemos algo de escalada, lo justo. Y luego nos lanzamos a conseguir aquello que hemos perseguido durante tanto tiempo.
Nosotros hacía poco más de un año que habíamos empezado a hacer escalada deportiva. Lo cierto es que hemos ido poco. No hemos tenido continuidad y por ello nuestro nivel es muy escaso (o también puede que seamos un poco torpes para esto). Siempre que hemos ido varios días seguidos se ha notado la progresión. Luego dejábamos de ir un tiempo y vuelta a empezar. Aún así, decidimos dar el siguiente paso: la escalada clásica. Un día hicimos la Ezequiel, de La Cabrera, y otro una de las agujas Tajahierro, la Ostaicoechea, del macizo Central de Picos. Y con ese bagaje decidimos fijar una fecha para realizar nuestra ascensión al Naranjo: la tercera semana de julio.
Las previsiones no eran muy buenas. Tampoco lo habían sido el resto de veces que hemos hecho montaña este verano. Las tormentas nos han perseguido y siempre nos hemos librado por los pelos, a pesar de algún pequeño remojón. La solución en estos casos es madrugar y aprovechar antes de la aparición de la tormenta. Así que a pesar de las previsiones, una vez más, decidimos dar el paso y emprender el viaje.
Habíamos decidido realizar el recorrido más utilizado actualmente por lo que nuestro destino era Sotres. El día anterior llamamos al refugio para reservar pero nos dijeron que no podían por tener cubierto el cupo de reservas. Así que optamos por meter en el coche el material dormitorio por si acaso y llamar de nuevo antes de subir. Afortunadamente no hizo falta porque no me imagino añadiendo a los mochilones que llevábamos todo ese material.
El viaje fue bien. Calor, mucho calor, demasiado calor. Pasado Panes surge el primer contratiempo del día. Mi hermano se lleva la mano a la frente y le oigo mascullar algo sobre las botas y los zapatos ¿Qué se te han olvidado las botas y los gatos? No, sólo los zapatos de trekking, no pensaba traer botas, los gatos si que los tengo. Pues nada, hasta Urriello subes en sandalias. ¡A ver que hacemos! Le recuerdo que no es la primera vez que le pasa. Ya ha tenido que subir algún pico en deportivas. Al final paramos en Arenas. Yo recordaba que había una tienda de montaña. Efectivamente la hay. Pasan diez minutos de la una y media. Ahora sólo falta que esté cerrada. No, está abierta. Denos lo más barato que tenga en calzado de trekking. Unos Notton con suela Vibram y por 48 euros. No te ha salido caro el olvido.
Sentados en la terraza del San Telmo nos comemos un bocata de calamares y lo refrescamos con un par de cañitas. Ya estamos otra vez como el día de la subida a Jermoso: tres de la tarde, recién comidos, mochilón, un calor de cojones y a subir. Justo lo que más me gusta de la montaña todo reunidito. Que bien.
Empezamos a subir con calma. Hemos llamado al refugio y nos dicen que hay sitio. Al llegar a Pandébano un cartel anuncia tres horas y media a Urriello. Joder, yo juraria haber leído a Ballesteros que él tardó dos horas y veinte hace nada. Me fío más de Ballesteros que del Cartel.
El entorno me encanta. Es un paisaje de lo más bucólico que he visto. Inmensas praderías de un verde que emociona con el fondo rocoso de Los Albos y el Neverón de Urriello. Llegamos a la majada de La Terenosa y nos vamos cruzando con gentes que suponemos bajan del refugio. Adelantamos a un grupo que parecen también escaladores, suponiendo que nosotros lo seamos, y que parecen estar ajustándose mejor las mochilas. Al poco siento a uno echándome el aliento en el cogote. Hago intentos de dejarle pasar pero no me adelanta. El ritmo se aviva. Hoy parece que mi hermano se encuentra mejor después de los problemas que tuvo en Pirineos. Y tanto. En el Collado Vallejo paro a hacer alguna foto y sigo. El canario, luego nos enteramos en el refugio de que los que nos seguían eran canarios, se queda. Empiezo a estar un poco harto de la mochila y todavía queda lo peor. Además empiezan a caer gotas. Las últimas zetas parecen inacabables. Ahora ya llueve. Cuando justo han pasado dos horas llego al refugio de la Vega de Urriello. Mi hermano, que por lo menos me ha sacado diez minutos, ya nos ha registrado.
Fuera sigue lloviendo. Hay mucha gente en el refugio. Los más bulliciosos un grupo de preadolescentes ingleses, alrededor de quince o veinte, custodiados por tres monitores, bueno, por mejor decir, dos monitores y una monitora. Llegan los canarios bastante mojados.Y sigue llegando gente. Y sigue lloviendo.
Tomás, el guarda, empieza a desalojar a los chicos ingleses del comedor para prepararlo para la cena. El tiempo pasa lento y tedioso sin poder salir por la lluvia. Empezamos a sentir cierto cosquilleo en las tripas que parecen querer suministro. No tardan en empezar a colocarnos para la cena. De primero sopa. De segundo macarrones. De tercero ¿Menestra de verduras?¿O eran judias verdes con patatas y algo más? De postre dos rodajas de piña en almíbar. Curioso menú ¿Para vegetarianos?
Sigue llegando gente. Y sigue lloviendo. Poco antes de irnos a dormir llega un grupo numeroso. Parecen ser habituales. Son asturianos por la forma de hablar. No se si estaría bien decir que hablan asturiano. Oigo a uno comentar: “está lleno de gente, y todos de fuera, lo hacen para nosotros y luego se llena de gente de fuera”. Tomás les dice que efectivamente está todo lleno pero que mirará si quedan huecos. Nos vamos a la habitación, hay sueño y hemos decidido levantarnos a las cinco y si vemos buen panorama tirar p’arriba.
Nos levantamos a la hora prevista. Lucen estrellas y se ve despejado. Bajamos al comedor a desayunar algo. Hay un tío durmiendo. Un chiquillo inglés anda en chichorras como alma en pena por el refugio. Supongo que está buscando el retrete o a lo mejor anda sonámbulo. Como no se inglés no le digo nada. Tampoco quiero despertar al dormido.
Como a las cinco y media o así salimos fuera y cargamos agua en la fuente (luego apenas beberíamos). Es noche cerrada todavía cuando iniciamos la Canal de la Celada. Al llegar a su parte superior ya empieza a amanecer. Y en la base de la pared ya es totalmente de día. No hay nadie. Eso es lo mejor. Preparamos los trastos en silencio. No se si iremos un poco justos de seguros. Hemos tenido que compartir material y nos hemos quedado con sólo tres Camalots del 1 al 3 y los números pares de los rocks de Wild Country del 0 al 10. No obstante, vamos bien provistos de cintas y cordinos para aprovechar los puentes de roca.
Estamos listos. O no tan listos. Hace frío. El cielo luce despejado pero todavía da la sombra en esta zona y corre un viento que nos ha dejado helados. Teníamos que habernos puesto las chaquetas mientras nos preparábamos. Aunque no lo aparente, estoy nervioso. Estamos a punto de comenzar algo que llevamos tiempo esperando y la incertidumbre del resultado crea cierta tensión nerviosa. Esperemos que esto no llegue a bloquearnos y de al traste con el éxito de esta aventura (si es que se puede llamar aventura a escalar la sur directa del Naranjo a estas alturas).
Cuando estamos a punto de comenzar empezamos a oir las voces de gente que se aproxima. Ya están ahí, dice Roberto, como si fuese una presencia esperada y temida. Inicia el primer largo. Problemas para encontrar donde meter el primer friend. Un poco de apuro en un paso. Ya estamos, dice como recordando otros momentos parecidos, pero lo pasa bien. Cuando llega a la reunión ha puesto cuatro seguros. Mentalmente calculo la regla de tres: si en quince metros cuatro en cuarenta once. No nos llegan los seguros.
Empiezo yo. Las manos ateridas. Estoy temblando ¿El frio o los nervios? Las dos cosas. No tengo tacto. Noto que los dedos duros no se agarran a la roca. Así no subo. Dudas y miedos. Tienes que subir como sea, así que tú veras, me digo. Y subo. Y llego a la reunión. Estamos los dos helados. El sol todavía no llena la pared. A pie de vía nos saludan los que van llegando. Son un grupo de seis ingleses (o por lo menos hablan la lengua de Shakespeare).
Al poco de salir Roberto para el segundo largo llega el inglés que encabeza la primera cordada. Tiene ya una edad. Me parece que ya no cumple los cuarenta ¿Y los cincuenta? No se, cuanto más mayor me hago peor calculo la edad de los demás. Le tendría conmigo durante casi toda la escalada. El siempre de primero y yo siempre de segundo. Tampoco hicieron cambios. Va más abrigado que yo y me mira diciendo ¡Que frio! Me cae bien este tipo.
En la salida de este segundo largo hay un clavo y me choca ver que también hay una express corta, de las de deportiva, bastante vieja. Noto que voy tenso, no estoy suelto más bien agarrotado. En algún momento no veo por donde progresar. Pero enseguida aparece la solución en forma de pequeña presa. Este largo tiene una dificultad bastante mantenida. Creo recordar que había algún clavo más pero no recuerdo cuantos seguros quitè. Ahora estamos ya en la gran terraza que hay junto al comienzo de la laja. Va llegando más gente. Ahora es un grupo también numeroso. Algunos se van hacía el comienzo de la Victor. Son los asturianos que llegaron los últimos al refugio. Luego pudimos deducir que eran dos guías que iban con cuatro clientes, o al menos eso creo. Dicen que empiezan en la Victor para desatascar.
El viento sigue soplando y han ido entrando nubes que tapan el sol cuando ya debería darnos de pleno. El tercer largo sale fácil aunque no tanto como pudiera parecer. Voy cogiendo confianza. Al comenzar el cuarto largo surgen las dudas. Por la reseña hay que salir en diagonal o tirar recto y hacer la travesía arriba, pero sale un poco más difícil. Roberto decide tirar recto porque le parece más fácil. Yo hago lo mismo. Sin duda es el largo en el que mejor me he encontrado y más he disfrutado. Si que es verdad que al salir recto las complicaciones se encuentran arriba poco antes de llegar a la reunión pero se pasan bien. Lo más difícil ya está hecho. Empiezo a notar un cosquilleo de emoción en el estómago. Estoy en la cuarta reunión de la Directa al Naranjo. Sólo queda no descuidarse y llegar arriba. Bueno, y los rápeles.
Nos ponemos las chaquetas y recogemos las cuerdas. Ahora, el cielo está amenazador con las nubes negras que han ido entrando. Hoy la tormenta no va a esperar a la tarde. Al parecer, el resto de ingleses se han dado la vuelta y no han comenzado la escalada. Parece ser que la evolución del panorama atmosférico les ha desanimado. Ya he tenido ocasión de ver al compañero del inglés (que es otro inglés, naturalmente) que es mucho más joven ¿Podrían ser padre e hijo? Podrían.
En este largo, que ya es más trepada que escalada, nos vamos muy a la izquierda y el inglés nos llama para decirnos que vayamos más a la derecha. Aún así no pasamos por la quinta reunión y el comienzo de los rápeles. No obstante, sin demasiados problemas, vamos trepando por el anfiteatro hasta la cresta. Sopla un viento del carajo. La cumbre está a un paso que con los gatos puestos se hace algo más incómodo. Roberto llega primero, como casi siempre, y alza varias veces los brazos en señal de júbilo. Que emoción y que panorama. No se cansa uno de mirar en derredor. A pesar de las nubes se puede apreciar muy bien todo lo que nos rodea e identificar, dentro de nuestras posibilidades, algunos de los picos que alcanza nuestra vista. Peña Santa, Llambrión, Horcados Rojos, Cerredo ¿Cerredo? ¿Se ve Cerrado desde el Picu? Un poquito. Intentamos hacer foto de cumbre con el automático de la cámara de Roberto pero el viento casi la despeña. Falto un pelo. Pongo la mía en lugar más seguro pero cuando no la mueve el viento nos colocamos mal. A ver si llegan los ingleses y mientras tanto seguimos mirando y tirando fotos. A pesar del frio y el viento uno se estaría horas mirando y volviendo a mirar para un lado y para el otro. Estamos en la cumbre del Naranjo: estamos en la gloria. Pero si no queremos estar dentro de un rato en el Infierno, casi es mejor que nos vayamos dando prisa en bajar. Y estos ingleses sin llegar. Cuando iniciamos la bajada nos les cruzamos en la cresta. Les pregunto si les ha gustado. Me dice que sí pero que esto parece Inglaterra.
Empezamos a bajar por donde hemos subido. Luego nos tenemos que ir yendo hacía la izquierda para buscar la quinta reunión y los rápeles. Cuando la encontramos están llegando a ella el grupo de los guías. Uno de ellos va en sandalias. Son gente maja y agradable. Mientras Roberto baja les pregunto que pico es el de enfrente en el que veo a dos personas. El Carnizoso, dice uno, la Torre del Oso, corrige el otro. Luego me enteraré de que son un padre y su hijo, que estuvieron cenando a nuestro lado, y que visto el panorama desistieron de subir al Naranjo.
Cuando comienzo el segundo rapel veo a uno que parece haber montado reunión antes de llegar a la cuarta ¿Estarán haciendo otra vía o qué? Luego me dice mi hermano que le preguntó si había reunión más arriba. Al decirle que si le dijo que bueno que ya que la tenía montada. Era del grupo de los canarios que adelantamos en la subida al refugio. Al parecer iban a estar bastantes días haciendo recorridos por Picos con la mochila a la espalda. En la cena uno estuvo sentado a nuestro lado y le oí algo de que algunos de sus compañeros tenían pensado hacer la Rabada-Navarro. Luego en la bajada hacía el coche nos cruzamos con tres de sus compañeros que habían bajado a hacer la compra ¿A Sotres? Tela.
Terminamos los rapeles sin mayor contratiempo. Ahora si. Ya está. Lo hemos hecho. Ya pueden caer chuzos de punta. Y como no nos demos prisa caerán y nos va a dar la risa. Pues que caigan. Vamos recogiendo sin prisas. Hay que saborear el momento. No todos los días se sube y baja del Naranjo. Y sobre todo, nunca más será la primera vez.
Vemos que los ingleses están en el último rapel cuando ya hemos recogido y bajado la pendiente rocosa que lleva a la base de la pared. Les saludamos y nos despedimos. Vamos bajando cuando empiezan a sonar los primeros truenos y a centellear los primeros relámpagos. A mitad de canal caen las primeras gotas. Nos pasa corriendo el padre de la Torre del Oso y poco después su hijo. El cielo está negro y suenan unos petardazos tremendos. Ahora nos tenemos que parar a ponernos las chaquetas que nos habíamos quitado al poco de iniciar el descenso de la canal. Estamos casi llegando pero ahora diluvia y truena y relampaguea. Todo se ha oscurecido. Me acuerdo de los que aún están arriba, los canarios y los asturianos. No tiene que ser agradable estar en la cumbre del Naranjo en esta situación.
El diluvio ha parado. Llegamos al refugio recogemos y pagamos. Salimos a comer algo sentados en el pretil de la entrada. Ahora luce el sol hacía el sur y las nubes negras inundan el Cuera. A ratos para el viento y gusta dejarse acariciar por el sol ¡Después del frío que hemos pasado! Los chicos ingleses siguen en el refugio aunque algunos han ido a practicar escalada en una peña que hay un poco más abajo del refugio. Nosotros cargamos y enfilamos la bajada. Ahora llegan los ingleses con los que nos cruzamos a lo lejos. Nuevos saludos. Nos cruzamos con bastante gente atascada en las zetas de subida. Alguno nos pregunta que si falta mucho mientras su chica se está comiendo un bocata con cara de no querer nada de subir más ¿Media hora? Más o menos.
El sol pica ahora subiendo hacía el Collado Vallejo ¿Ahora? Que oportuno está hoy el sol. Bajando hacía la Terenosa es cuando nos cruzamos con los canarios de la compra. Me vuelven a admirar estos parajes. Me ha gustado este recorrido hasta el refugio con la misma carga que al subir pero con mucho menos peso. Parece que un peso si que nos hemos quitado de encima. Creo que hasta podría flotar.
Un saludo para todos y en especial para Ceci, que ha contribuido mucho para que hayamos podido llevar a cabo este proyecto. Gracias, amigo. Y a todos vosotros gracias también.
¿No hay fotos? Tranquilos, a ver si pillo otro ratito y os pongo alguna (de la escalada no muchas que cuando escalo estoy a lo que estoy y ya tengo bastante).


















