Al llegar al casetón de Ándara el sol empieza a pegar fuerte, las vacas en busca de sombra dan prueba de ello.
El casetón está abierto pero no hay nadie en él. Al recorrerlo para conocerlo encontramos en una hoja colgando de una pared la historia del fantasma de la mina
Pasamos la Collada Tresmancodiu y descubrimos el famoso circo de Ándara.
Tras abrevar con urgencia en la fuente de la Escalera seguimos en una cómoda ascensión en zig-zag hasta el Collado de San Carlos. Llegados a este punto vamos a decidir...
Derecha: pico del Sagrado Corazón.
Izquierda: Samelar.
Apuntaremos en la agenda el Sagrado Corazón para otra ocasión y convenzo a Javier para subir al Samelar por varios motivos: más asequible, mayor altitud; pero sobretodo, la tormenta que se vislumbra descargando sobre lo que parece San Glorio nos da muy mala pinta.
Llegamos a ver algún rayo cayendo a lo lejos. Así que... preparados, listos, ¡YA!.
En poco más de media hora llegamos arriba. Teníamos intención de descansar algo pero...
La tormenta que descargaba sobre San Glorio parece que ya llegó sobre Potes y la oímos retumbar cada vez más cerca. Nada, nada; dos tragos de agua, las fotos de rigor y como tiros p’abajo.
Un grupo de gente aún sube desde el Collado de San Carlos. Ven la tormenta acercándose y también se apuran.
Hacia el norte, Tresviso con el Cuera al fondo.
Al oeste, las nubes que preceden la tormenta van entrando en el interior de los macizos y tapando el sol.
Lo dicho, que aguantándonos la fame y el cansancio decidimos salir por pies, nunca mejor dicho.
Por fin llegamos de vuelta al casetón. Desde aquí vemos al fondo como la pista desciende hasta el Jitu de Escarandi, desde donde partimos, y continúa la carretera hasta Tresviso. En último término, la Sierra del Cuera.
El guarda, que ahora ya llegó, nos vende unas bebidas que acompañan los bocatas y recuperamos fuelle. La tormenta no llegó a descargar del todo, sólo algunas gotas de refilón. Al final fue más el ruido, o sea los truenos, que las nueces.
La tarde acabó cubierta, todo lo contrario a como empezó la mañana.
Pero mereció bien la pena internarse a conocer Ándara por primera vez. Un macizo distinto a los otros dos, con su encanto particular. Esperamos volver en otra ocasión para aprovechar alguna de las múltiples rutas que ofrece.
Hasta otra.
Saludos.
